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Full text of "Historia de una serie de atentados"

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UNA SERIE DE ATENTADOS 



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PROFESSORSHIP FUIfO. 



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dedico estas pd^inas^ fruto modesto de unas 
\ cuantas fjoras de mediiacion, d la valiente 

Redacción de "EL PROaRESO " (1) 

' y d los ciudadanos que nos ¡jan acompañado en 

la jornada d favor de la "Conslducion y de la 
MeVf representados en la comisión de vecinos^ com^ 
puesta de las personas siguientes: 



Jorge JllcJ^ébéí^hr. 
Manuel l{epetío. 
redro Jl. Mopresli. 



Mduardo Jnoreno- 
Teófilo M. Iglesias, 
Xeon Zwillaga, 



Colonia Diciembre IS de 1880- 

ALBERTO PALOMEQUE, 



3L 



(1) Ptíiiódícn que sp publica en la Colonia, 



f 



^ 



^^ 



— 5 — 



Coloeiia, IHciembre 15 de 1880. 
Al señor doctor don Alberto Palomeque. 

La Comisión que suscribe tiene el alto honor 
de ofrecer á usted una tertulia, para esta noche, 
como un débil homenaje al digno ciudadano que, 
encargado de administrar justicia á nuestro De^ 
parlamento^ prefirió arrojar de sí la toga del ma- 
gistrado, antes que consentir fuera una burla 
grosera la Constitución y las Leyes de nuestra 
Patria, 

Al permitirnos ofreceros esta tertulia, no tre- 
pidamos en aseguraros, que los habitantes de 
este Departamento tan rico como desgraciado, 
lamentan una y mil veces que el Superior Tribu- 
nal de Justicia no haya procedido con la ener- 
gía que corresponde al Alto Poder que repre- 
senta y que, al aceptaros la renuncia que con 
dignidad elevasteis^ á la vez que nos privaba del 
recto y justiciero magisíradoj apartaba de sí un 
ayo luminoso que le hacia brillar para honra 
e nuestra Patria- 
Confiada, pues, en que aceptareis de nuestra 



— « — 

población Nacional y Estrangeraj esta débil 
prueba de aprecio^ solo nos resta deciros: 

El recuerdo del doctor don Alberto Palome- 
que, gravado en el corazón de los habitantes 
honrados del Departamento por el buril de su 
justicia^ no se borraM jamás. 

Os saludan afectuosamente 

Jorge Etchéhébéré — Manuel Repetto — 
Eduardo Aforeno — Pedro E. Lopres- 
ti — Teófilo AI. Iglesias — León Zuvi- 
llaga. 



n 



~1 — 



ADVERTENCIA 



Lo5 incidentes oeurridoe eatre la Jefatura Política y el 
Juzgado Letrado del Departamento de la Colonia, no son 
conocidos en todos sus detallesj y conviene que ©í pueblo 
sepa que nuestra renuncia (véase en el apéndice la letraA) 
era la consecuencia lógica de los atentados cometidos por 
el Delegado del Poder EjecutivOj y que revestian un «a- 
rácíer de gravedad ^ desconocido aolaniente por el Superior 
Tribunal de Justicia, 

Por eso, pueSj nos hemos tonaado la tarea de redactar, 
al correr de la pluma, ^tes de ausentarnos de esta loca- 
lidad^ los sucesos acaecidas, porque es justo que el pueblo 
conozca las causas que motivan los actos de los funciona- 
rios públicos. 

Ahora bien: áñn de que este libro se^ de alguna utilidad 
para el Departamento, hemos creido conveniente destinar 
el producto de su venta á lo que en seguida indicamos. 

Se entregará su importe á la nina ó al niño que sobre- 
salga en los exámenes escolares que sq realicen en las es- 
cuelas Públicas del Departamento ci el año 81. 

Ese dinero será entregado al señor Inspector de Escue- 
las para que se deposite en un Banco, á fin de que gane 
interés^yuna vez adjudicado se colocará á nombre del 
educando premiado. 

Loe padres podrán gozar del interés del dinero, siempre 
que carezcan de bienes de fortuna y observen una vida 
moral < Si fuesen personas de fortuna no gozarán de di- 



r 



— 8 - 

cho interés» el cual se capitalizará cada trimestre, se- 
mestre ó añoj según las exigencias de los Estatutos del 
Banco. 

El dinero b& entregará al premiado cuando llegue á la 
mayoría de edad, y si fuese nina^ antes de esa edad, si 
contrajese matrimonio durante su minoridad. 

Calculamos que la venta del pequeño libro^ después de 
pagarse los gastos de impresión^ dará un producto liquido 
á favor de la Instrucción Pública de mil pesos fueries- 

Ojalá que nuestros cálculos no resulten fallidos t 

Una última advertencia; los que crean encontrar en es- 
tas páginas esa belleza de estilo que caracteriza al literato^ 
pueden renunciar á su lectura. 

Ni poseemos esa cualidad ni nos hemos esforzado por 
parecer lo que no somos. 

Lo que hemos escrito es simplemente narrativo, con un 
ñn nada artístico^ aunque sf, prácticamente patriótico. 

Entremos^ pues, á leer esta Pequeña sétiedé atentados. 

Colonia, Diciembre 1S de 1880. 



^ 



HISTORIA 



) 

I UNA SERIE DE ATENTADOS 



CAPÍTULO I 

CONFERENCIAS Y NOTAS 

Cuando aceptamos el cargo de Juez, lo hicimos creyendo 
que en nuestra patria ya no imperaba la ley de la fuerza, 
sino que eran un hecho las promesas y declaraciones que 
por órgano del señor Ministro de Gobierno habiau sido 
trasmitidas á los habitantes de la República. 

Creíamos que los atentadas y arbitrariedades de otra 
época babian pasado al not ío be, porque asi lo exigia las 
circunstancias especiales en que venia á colocarse el nue- 
vo gobernante, en quien todos cifraban las esperanzas mas 
risueñas y al bagad o ras. 

Y, creíamos también que las personas colocadas al fren* 
te de la administración pública en cada Departamento, 
serian dignas del respeto y simpatía de los vecinos. 




— 10 — 

Por eso, pu6Sj creyendo prestar un servicio á nuestro 
paiSj resolvimos hacer un sacrificio y aceptar el cargo que 
hemos desempeñado hasla há muy pocos días. 

Veníamos al país en busca de los goces que proporciona 
el amor de la familia y fruición de la amistad^de cuyos vín- 
culos nos encontrábamos separados desde hacia mucho 
tiempo. Renunciamos á ellos^ apenas llegados á Montevi- 
deo, porque fuimos objeto de una distinción por parte del 
Superior Tribunal de Justiciadla queagradeeioaos como se 
debía, y, por lo cual se nos proporcionaba lo que tanto an- 
helábamos: servirá la patria dentro de la órbita de nues- 
tras humildes facultades. 

En el desempeño de nuestras funciones, nos propusimos 
dar ejemplos de moderación y conciliación, sin abdicar de 
nuestras facultades y sin deprimir la dignidad de la justi- 
cia que entonces representábamos, y por eso se notará que 
en los incidentes ocurridos con la Jefatura procedimos al 
principio arreglándolos todos por medio de conferencias 
verbales, abandonando este sistema cuando se produjo el 
incidente que vamos á relatar^ y con e! que comenzamos el 
proceso déla Administración Cara m bu la durante los tres 
meses que hemos desempeñado el Juzgado Letrado del 
Departamento. 

En las puertas del Juzgado conversábamos un dia con 
el dicho Jefe Político y varios vecinos de la localidad. 

La conversación recayó sobre la Administración de Jus- 
ticia, emitiéndose por el señor Carámbula, con este moti- 
vOj algunas opiniones sobre los Jueces Letrados y señores 
miembros del Tribunal Superior de Justicia, mientras 
desempeñaron sus funciones durante la época de la Dicta- 
dura. 

Hé aquí lo que entonces dijo: 



/\ 



— 11 — 

tu Respecto del Tribunal — que no tenia mas voluntad 
» que la del TiranOj y que el doctor don Hipólito Gallinal 
» era el instrumento del que se valia para conseguir de ese 
• cuerpo colegiado lo que deseaba^ por lo que el dicho 
» funcionario se presentaba todas las mañanas en casa de 
jí aquel á recibir sus íSrdcnes, » 

Agregó que en un pleito que él sostuvo con el Banco 
Maná, ganado en primera Instancia; sentenciado por el 
doctor don Martin BerinduaguCj fué revocada la sentencia 
en el Tribunalj por cuyo motivo, habiéndoselo comunicado 
al Tirano, éste le contestó: 

« No sabes, zonzo, que el TribiM^nl no sentencia ningún 
i* asunto en contra del Banco Maua, escediendo de qui- 
» nientos pesos? Me hubieras dicho ántes^ y se hubiera 
» arreglado ! » 

En seguida emitió algunas apreciaciones deprimentes 
de la dignidad de los seiíores Jueces Letrados doctores don 
Antonio Roraeu y don Carlos Berro, personas que nos ha- 
bian precedido en el desempeño de tas funciones Judicia- 
les, particularizándose con éste último, ciudadanos honra- 
dos é iniachables, según todos me lo han comunicado, que 
han dejado recuerdos indelebles de su integridad. 

Al doctor Berro, dijo^ se le ha obligado á firmar una sen- 
tencia que le fué impuesta y hasta dictada por un militar, 
cuyo nombre no recordamos. 

Impugnamos estas apreciaciones todos los que allí está- 
bamos presentes, como lo prueba el documento que vá en 
el apéndice señalado con la letra D, y desde ese momenioi 
al oir las apreciaciones que se hacían de funcionarios au- 
senteSj tau dignos y honorables según el rumor de esta 
población, resolvimos ponernos en guardia para el futuro, 
cambiando el sistema confidencial — las conferencias, á 
donde no asistian testigos — y emplear el único convenien- 



~ 12 - 

te y útil tratándose de una persona de semejantes condicio- 
nes morales — las notas. 

Desde esa fecha guardamos una reserva estudiada, y 
cuanto incidente se produjo quedó constatado en las notas 
que se dirigieron, con escepcion de uno, que se terminó 
pornna conferencia — el de Juan Etcheverry — y del que 
pronto hablaremos. 

Esta resolución era para salvar nuestra reputación de las 
apreciaciones masó menos ligeras que nriañana^al retiri.tr- 
nos de la Colonia, quisiera hacer de nosotros el funciona - 
rio aludido. 

Le temíamos desde ese momento. 

Nuestras previsiones eran fundadas, y en prueba de ello 
léase el documento letra G, al final, en el que dice que he- 
mos admitido imposiciones de la Jefatura. 

Si esto se decia cuando no habíamos hecho otra cosa 
que luchar para que las garantías individuales fueran una 
verdad ¿qué se diría si no hubiéramos dejado constancia 
de todo lo sucedido? 

Seriamos objeto de apreciaciones idénticas á las que se 
hicieron del Tribunal y de los doctores Berro y Romeul 

Espuestos estos hechos, pasemos á ocuparnos de la Je- 
fatura Política y la casa de Justicia. 



n 



^ 13 — 



CAPÍTULO í) 

LA JEFATURA POLÍTICA Y LA CASA DE LA JUSTICIA 

Cuentan las cn^nicas de esta hislópica Ciudad, que en 
lo qua llaman antiguo edifíciodfi la Comandancia existía 
un subterránao, al que se daba el nombre de Cárcel. 

Efectivamente: si por Cárcel se entiende el Jocal donde 
se encierran los condenados y no condenados^ aquello me- 
recía ese nombre. 

Esa Cárcel tenia una ventana que daba al rioj y corao 
el subterráneo estaba situado mas bajo que el nivel del 
agua en sus mas altas crecientes^ no era estrano ni sor- 
prendente^ oír, cuando el rio crecia, los precipitados y des_ 
compasfidos golpes que los infelices detenidos daban en la 
vetusta puerta. 

Qué sucediaT 

El agua se introducía en la titulada Cárcel^ y los deteni- 
dos estaban espuestosá una muerte segura. 

Pero, los progresos de la ciencia ban ido, paulatiuamen- 
te, invadiendo las sociedades de nuestra campaña, contra 
el torrente de Ioh gobiernos arbitrarios^ porque apesar de 
todos los trastornos^ de todos los males, el mundo marcha. 

A esa Comandancia le sucedió lo que á todas las casas 
viejas que ban servido para aherrojar la libertad del hom- 
bre. Hoy se la mira con desprecio, porque es asi como se 
f% tratado todo aquello que se ha convertido en instrumen- 
to del mal* 

Se ha construido una Jefatura Política, inmenso ediñcio- 



■^ 



— 14 — 

que ocupa mas de media manzana de tierra, el cual está 
mal repartido y adolece de vicios, quo han sido, quizá, la 
base del negocio del construcíor. 

En ese ediñcio está al Juzgado de Paz, la Receptoriade 
Aduana, la Cárcel, el Juzgado Letrado y la Jefatura Po- 
lítica. 

El edificio consta de dos cuerpos: el uno en la parte ba- 
ja, y el otro en la alta. 

En la parte superior, la derecha está destinada á la Ad- 
ministración déla Justicia. 

Consta de un pequeño salon^ donde está soberanamente 
instalado el seílor Escribano actnariOj— un chiribitil, en el 
que se ahoga elJuez en verano y se muere de frioeti in- 
vierno, y á continuación otro en el que se encuentran los 
trastes que acompañan ala Justicia, como ser las armas 
que sirvieron á los procesados para la comisión de los de- 
litos. 

En seguida, hay dos letrinas que infestan el Juzgado, 
haciendo imposible la apertura de la puerta contigua al 
chiribitil del JueZj porque por ella se introducen loa gaces 
meill icos que se desprenden de las dichas piezas. — El 
Juez, pues, está respirando una atmósfera tanviciadn, 
físicamente^ como la moral que viene d.l otro costado d^l 
ediñcio. En este se encuentra la Jefatura Política. 

La Receptoría de Aduana, situada en el mismo costado, 
frente al chiribitil del Juez, ocupa un espacioso salón. 

A la izquierda se encuentra ia Jefatura Pjlíiica, donde 
se va un hermosísimo salón, que toma mas de la mitad del 
frente del edificio, perfectamente amueblado, con su^ pa- 
redes pintadas al fresco, y luciendo el retrato, no de nuu 
de nuestros amantes de la educación, sino de uno de nues- 
tros caudilloip -el general don Venancio Flores. 



— 15 — 

Siempre á la vista la semilla del caudillaje^ para que 

produzca sus frutos! 

Enseguida dos habitaciones para los empleados^ y otra 

para el portero^ además de la contigua al salón que sirve 
deantesfila. 

Se nos ocurrió cuando vimos este hermoso salón, tan 

lujosamente adornado, relativamente, decirnos: 

[Cómo se conoce que en esta tierra la Justicia no tiene 

ni la apariencia de una señora recalada, aunque pobre, 

mientras que la fuerza se muestra lujosa y audaz con los 

aíavios del gobierno de la plutocracial 
Con razón, en vez de llamarse á ese ediñcio: la casa ds 

Justicia, se le llama: la Jefutura Política. 
Ee que allí se tiene presa á la Justicia 1 



Esta es la planta f^uperior del ediñcio. 

En la planta baja está situado el Juzgado de Paz, la Al- 
caidia, parte de la Receptoria de Aduana, las Cuadras y la 
Cárcel. 

En las Cuadras se encuentran los piquetes de línea y los 
ciudadanos que como Félix Caseras, Nícasio Tolosa, Mar- 
tin Pereyra y quién sabe cuantos otros, han sido viólenla- 
mente arrancados desús domicilios y arrojados allí para 
que sirvieran de ignominiaa los que le degradaban! 

La Cuadra es el paraje que elige la Jefatura Política pa- 
ra jugar al escondite con esa matrona llamada Justicia, 

La Cárcel está situada al extremo del costado izquierdo 
del edificio. 

Es una sala de catorce á, diez y seis metros de largo por 
cuatro y medio á cinco de ancho, con una sola puerta de 
entrada. 



_ 16-^ 

A la derecha eBtá la Cárcel del Crimen y á la izquierda 
la de la Policía, divididas por fuertes barroteía de fierro, y 
separadas por una estension de raetro y medio ó dos me- 
tros. 

Las dichas Cárceles no tienen mas lujo que una tarima, 
en la que duermen los presoB^ sin que se le$ permita el 
uso de un colchón ni ningún abrigo, apesar délas órdenes 
dadas verbal mente al Alcaide. 

Frente á la puerta de entrada^ y en la pared del fondo, 
An la separación que deja una Cárcel de la otra, se encuen- 
tra un enverjado de hierro, cerrado por todos sus costadoSj 
formando loque vulgarmente se conoce con el nombre de 
Jaala. 

Para quésirvel á qué substituyó^ quién la inventól 

Estas preguntas quedarán contestadas en el Capítulo 
siguiente. 

Antes de terminar, bueno es que dejemos consignadu 
que no se ¡^abe aún lo que cuesta ni lo que costará este edi- 
ficio, y que los residuos humanos, en vez de tener su re- 
ceptáculo en la misma tierra, van ádar al pié de la Cárcel, 
en el costado esterior, cayendo al rio, donde se pierden con 
las crecientes del agua, en cuyas orillas boy, en la época 
de verano, van á bañarse los habitantes. (1) 



(1) E? de suma importancia tener presente que la Cárcel 
de Policía esló í^f parada de la del Crimen, para que se 
noU ^\ error en que ha incurrido el Tribunal, en este peque- 
fio detalle, al rt'solver el coaflieto que di6 origen é nuestra 
renuDcie, y cuya resolución [mes adelante eríUcamos, en tu 
que Doe parece digna de censura. 



ñ» 



- 17 



CAPÍTULO MI 

LA JAULA 

Si aosülms no lo hubiéramos visti, quizá no cre^íriimos 
lo que vamos á narrar. 

Mién tras regenteaba el Juzgado Lüití'ado en el Depirta- 
nienio de la Coloní¿t el iloctor don Antonio Rorneu Cabrera, 
se produjo uno de esos tantos inciii entes sm carttvte.r de 
gravedad^ como dice el Superior Tribunal de Justicia en la 
resolución pronunciada con motivo de la renuncia que hi- 
cimos del cargo que desempenábaíaos. (Vírase letra E. en 
el apéndice.) 

Consistía en que se habia permitido la autoridad que 
impone castigos á los ciudadanos, sin previo juicio, por ¿a 
moral de ¿a sociedad, colocar en el cepo á un prevenido 
sometido á la disposición del Juez Letrado. 

Esté hecho llegó á conocimiento del funcionario judi- 
cial, y después de las averiguaciones consiguientes, se hizo 
un auto de fé Qon el cepO;» procedí miento^ por cierto, muy 
en relación con la época inquisitorial que atravesábamos y 
se atraviesa^ en la que, como en el Tiibnnal de la Inquisi- 
ción, se emplearon y se emplean lo^ medios ilegales y vio- 
lentos para satisfacer caprichos y veleidades humanas. 

Ese instrumento de una época hereje y fue quemado pú- 

icamente, como una satisfacción dada a la ley. 

Se hizo ostentación del acto, y al actual Jefe Político, se- 
or don Benigno P. Carámbula, cabia el honor de tan he- 

ica resolución. 



— 18 ^ 

El vt^p rukrioj aunque no aplaudía e¿ auto de féy estaba 
satisfechrt ron el resultado obtenido. 

Se creía que este acta era una prenda segura para el 
porveiiii-j eji lo referente al cumplimiento á la ley. 

Pero, eí^t;i)>ule reservado al mismo que hizo elaato de/é 
con el ce o, presüeutíir un nuevo instrumento tie aprisiona- 
miento, (O cual, decia élj erad satisfacción del vecindario. 

Para sufí-liiüir al cepo^ mandó construir la jaula a que 
ya hemos hecho referencia. 

En eUa encerraba á los ciudadanos, y la justicia preto- 
rianrt quedaba satisfecha. 

Al supuesto autor de un delito^ que el señor Jefe Políti- 
co quería castigar, aún cuando no correspondiera á él el 
coaoci miento del asunto, le imponia como pena : el enjaa- 
lamienío. 

Era una invención digna de la época, y que nos hace re- 
cordar las tendencias de L atorre, á estar á lo que don Os- 
valdo Cervetti nos ha relatado. 

De este ¿nsiramenío odioso para deprimir la dignidad 
del ciudadano, tuvimos conocimiento por la carta que va 
agregada al apéndicej señalada con la letra F,que nos fué 
remitida por un preso, llamado Jaime Mirambel, quien no 
había sido puesto á disposición del Jucíí Letrado^ á pesar 
de ser el úuioo competente para conocer del delito porque 
se le hííbía reducido á prisión — ^desacato á la autoridad- 

Con este motivo, nos constituimos en la Cárcel, y efocti— 
vamente nos con\%ncimos de la existencia <ic la jaula y 
del enjaulamtento del Mirambel. ' 

Siguiendo entonces el procedimiento verbal que nos ha- 
biatnos impueísto desde un principio, nos tra-^lad amos á 1 
casa del señor Jefe Político, á quien comunicamos el hr 
cho, haciendo las ob-servaciiíues del caso* 



-^ 19 — 



Conseguímos que en el dia se sacara á Mirambel de U 

jaula y se sometiera á nuestra jurisdicción. 

En ese mismo acto se convino con el eenor Jefe Poli tico 
en que el Alcaide de la Cárcel quedara á nuestra disposi- 
ción en todo lo relativo á la Cárcel del Crimen ^ circunstan- 
ciíi que debe tenerse presente por lo que relatamos en el 
Capitulo siguiente. 

Escusamos exponer las consideraciones lógicas que 
fluyen del hecho narrado. 

Una Jaula de fierro para encerrar á los ciudadanoSj lu- 
flingióudolesuna pena infamante^ sin previo juicio^ y sien- 
do autoridad incompetente I 

La jaula existe todavía para mengua de la administra- 
ción de justicia, y constatación de uno de los tantos aten- 
tados cometidos. 



— 20 — 

CAPÍTULO IV 

LA PALABRA EMPEÑADA 

A los pocos dias de e^te suceso^ y en ausencia del genor 
Jefe Político don Benigno P. Cara m bula, recibimos un te- 
legrama del doctor don Luis M. VÍ laza. Juez del Crimen 
en laCapiíalj comunicándanos se pusiera inmediatamente 
en libertad al preso Máximo Japf[ue. 

Consiecueníes con lo convr^nido con el seilor Jefe Políti- 
tico, y dispuesto por la leyj mandamos se notiflcára al 
Alcaide pusiera en libertad ai dicho preso. 

Se constituye el actuario en la Cárcel, y el Alcaide con- 
testa que no cumple porque el seFior Jefe Politice ¿e ha or- 
denado no ponga en líberiad á ningan preno sui su co^ 
nocímíentú y por mandato di^ ¿a Jefatura, 

Con este motivo, nos con^itittiimoí^ en la Alcaidia, y des- 
pués de apercibir al Alcaide y haber obtenido de este la 
misma contestación d da al actuario, acompaiíada de mil 
protestas de respeto, hicimos llamar al oficial de guardia, 
á quien comunicando el hecho, le ordenamos que como 
Jefe do la Guardia de la Caree !j carácter que re vestia el 
piquete de línea^ pusiera en libertad al dicho preso hacien- 
do uso do la fuerza á su comando. 

Nos contestó que consultaría con el Sargento Mayor, 
don Andrés Polvarini, dequieu dependia. 

Así se hizOj y el Teniente Rui dan nos trnjo la contesta- 
ción siguiente : « Que no podía cumplir con lo ordenado 
« por el Juzgado, sin ordenárselo el señor Jefe Político. » 

Nos retiramos avergonzados por dos motivos: 

Primero — Porque nos convencimos de que el Juez era 
un cero á la izquierda (sistema antiguo) en la República. 



— n — 

Segundo — Porque no solo se faltaba á la ley, sino á lo 
convenido personalmente, como ya lo hemos hecho pre- 
sente en el capílnlo anterior. 

[nmediatamente pasamos á la Jefatura PoLitíca la nota 
seüalada con la letra G. en el Apéndice^ en la que recor* 
dábamos lo convenido verbalmente, con arreglo a la ley. 

Felizmente desempeñaba las funciones de Jefe PoUticOj 
durante la ausencia del seüor Carámbula, el señor don 
Manuel Villar^ oficial 2/ de la Jefaturaj que apenas tuvo 
conocimiento del hecho, y antes que llegara á su poder la 
dicha nota, vino á vernos. y á comunicarnos que Máximo 
Jarques había sido puesto en libertad, pero que no obstan- 
ifty nos rogaba que en esa misma noche le dirijiéraraos la 
nota ya redactada, para que quedara constancia de lo su- 
cedido. 

Esa nota fué entregada al dicho empleado y contesta* 

da en los términos sensatos y atentos que se se leen en 
el apéndice, letra H, tnaní Testándose conforme con las 
opiniones del Juzgado respecto á la dependencia del Al- 
caide- 
Reconocida asi ta facultad del Juzgado Letrado del De- 
partamento de la Colonia, desde que nunca el Jefe Político 
en propiedad manifestó disconformidad con lo hecho por 
su representantejCreimos que ya no se reproduciría el caso 
de desconocerse una resolución oficial, como habia suce- 
dido con la palabra empeñada, echándose por tierra lo que 
dispone el Código de Instrucción Criminal en sus artícu- 
los 418y 419 (1), lo aconseja la sana razón y lo exige eí 
buen régimen de la Cárcel. 

(\) * Las referidas cárcel es estai'én á cargo de un Alcaide, 
1 quiun entenderá en todo lo relativo á su órdeu interno, de 
1 ticuerdo con laa instrucciones y órdenes que reciba de los 
» jueüea respectivos de quienes dependerá única y exclusiva- 
» mente, » 



— 22 -^ 



Pero y estaba escriio que el Benor Jefe Político negarla 

«na vez mas lo convenido y lo resuelto^ desconociéndola 
mutoridad de la ley. 

Iba á continuarse la política maquiavélicaj como seve- 
ra en seguida I 



-^ 23 



CAPÍTULO V 

ATENTADO A LA LIBERTAD 

Ante el Juzgado Letrado del Departamento de la Colo- 
nia se presentó al cornBrciante de Nueva Palmira, sefíor 
don Juan Eicheverry, haciendo cesión de bienes, y fundados 
en la ley comercial y antecedentes que arrojaba la hemo--' 
Ha del solicitante declaramos Qn quiebra al dicho seíior 
Etcheverry. 

Como es natural, libramos orden de prisión contra el fa- 
llidoj comunicándola á la Jefatura Política. 

Dicha orden fué inmediatamente cumplida, y en su con- 
í^^euencla el seuor Jefe Político puso á disposición del 
Juzgado al prevenido. 

El fallido solicitó la escarcelacion bajo fianza, y^ pre- 
vios los transites consiguientes se decretó su libertad^ 
mandándose se notiñcára al Alcaide á fin de que cumplie- 
ra con lo ordenado por el Juzgado. 

El dicho Alcaide ^e negó á notificar ^^^b^ esponiendo que 
nopodia recibir órdenes del Ju:^gado^ por habérselo asi 
comunicado el señor Jefe Político, 

En vista de este hecho, pasamos d señor Jefe Político 
ia nota qne en el apéndice está señalada con la letra Y^ en 
la que creemos, prescindiendo de la disposición del articu- 
lo 419 del Código de Instrucción Criminal, haber demos- 
trado las razones en que apoyábamos nuestra doctrina. 

A dicha nota no se nos contesto, y el señor Etcheverry, 
(á pesar de haber tenido conocimiento el Jefe Político ds 



- 24- 

la orden de Hbfsríad emanada del Juzgado, poi* la dicha no- 
nota), permaneció en la prisión hasta el dia siguiente^ á 
las dooBj hora on que üg cumplií) lo mandado por ei Juz^ 
gado, mas sin cotuunicarse á este y ain haberse contes- 
tado Ja mencionada nota. 

Con este motivo dirigimos laque en copia va agregada 
al Apéndice, señalada con la lolraJjen la que pedíamos una 
pronta con ttista ció n para en seguida, aun cuando acatára- 
mos la imposición de In Jefatura Pul ¡tica, (á fin de librar 
á un ciudadano de la prisión indebida) tomar la determi- 
nación personal quec^írrespondía.que era elevar la renun- 
cia del car^o judicialj como constade la copia de la nota 
que corre en el Apéndice con la letra Kj de cuya renuncia 
tuvo conocimiento el dicho Jefe Político, como vamos á nar- 
rarlo, y demostrar al mismo tiempo la injuria que ese fun- 
cionario nos infería agraviándose a si mismo, pues recono- 
cía que en el ejercicio de sus funciones se dejaba guiar de 
sus pasiones humanas, comprometiendo asi la armonía 
que debe reinar entre los poderes encargados de aplicar 
la ley y ejecutarla, 

A poco de haber dirigido la nota antedicha (letra (K.) se 
presento en la oficina del Juzgado el seiior don Eulogio 
Ruy Diaz, persona de confíanza y la amistad del seíIor 
Jefe Político, esponiéndonos que ei motivo que tenia el 
dicho funcionario para proceder de esta manera, haciendo 
valer menos su propia palabra empeñada y la ley, era por^ 
que estaba resentido con nosotros por haber denunciado 
el hecho de la libertad indebida de Juan Medina (á que 
que pronto nos referiremos) y no habernos constituido eii 
sn despacho á arreglar este asunto, como él Ío hacia 
cuando lo creía de su deber. 

^¿Es ese el único inconveniente para que el señor Cí*- 



^ 



^ 2:. — 

rámbula no ponga á nuestra dispo?=íicion al seilor Alcaide 
de la Cárcel y Etcheverry permanezca preso? 

— Ese es el único. 

— Vaya usted tranquilo^ pues pronto se arreglará el con- 
flicto, y demostparernos al señor Caráinbula que en et 
ejercicio de nuestras funciones no nos dejamos guiar por 
nuestras pasiones mas ó menos fuertes. 

En efecto: inmediatamente escribimos la carta señalada 
con la letra L, en laque pedíamos una conferencia^ para 
launa de la tarde de ese dia, en el despacho del señor 
Jefe Político, en la que bacianaos presente que nosotros no 
dudábamos de la sinceridad de los actos del funcionario 
hasta que no nos diera pruebas en contrario. 

No se nos contestó, pero, ala una de la tarde estába- 
mos en el despacho del señor Jefe Político, y no habién- 
dolo encontradOf le eísperamos media korüy pues uvnu st* 

CEBtDAD de; irle Á BUSCAR A SU GASA. 

De eilo pueden dar fé los señores Baycé^ oficial 1*,, y 
José María Ramón, ayudante de la Jefatura. 

Juzgúese de \sl política del señor Jefe Político. 

En esa conferencia reiteró el funcionario sus palabras 
de resentimiento personal, y después de algunas esplica- 
ciones se convino en lo siguíentti : 

Poner á nuestra disposición, sin limitación alguna, al 
Alcaide en lo que respecta á la Cárcel del Crimen. 

Así consta de la carta del señor Ruy Diaz — letra LL — 
y de la providencia que corre á f. 35 de los autos del con- 
curso de don Juan Etcheverry, la que se transcribe en el 
. >éndíce, bajo la letra M. 

?or nuestra parte, aunque quebrantando el propósito que 
j ?s impusimos de no hacer uso de las conferencias, pro- 
i limos con toda la prudencia, circunspección y altura ne- 
^ carias para demostrar al señor Jefe Poli tico que no pro- 



i 



— 26 — 

cedíamos con pasión en el ejercicio de las funcionéis que 
desempeíiábamoí? como Juez, á no ser Ja pasión de lá 
justicia innata al corazón humano- 

Pues bien: con nuestra prudencia y actitud üolmmos á 
conseguir del mismo Jefe Político la declaración de que e^ 
Alcaide estaba á nuestras órdenes en todo lojque respec- 
taba á la Cárcel del Crimen, que es lo único que hemos 
sostenido. 

Sin embargo, esiaba escrito que una vez mas se negaría 
la palabra empeñada, se desconocería la ley y se desmen- 
tiría al amigo de confianza — don Eulogio Ruy Diaz— per- 
sona que, debemos declararlo, ha demostrado en todos 
estos conflictos un interés marcadísimo porque no aban- 
donáramos el puesto, por cuyo hecho le quedamos eterna- 
mente reconocidos. 

Resulta que la orden del Juez no fué cumplida por el Al- 
caide, porque el Jefe Político así se lo ordenó^ por tener 
un resenümienio personal con nosotros, y que don Juan 
Etcheverry fué la víctima de ese resentimientOj permane- 
ciendo en la Cárcel hasta un diá después de decretada su 
libertad. 

Era ó no un atentado á la libertad individual el que se 
cometía .' 

Contéstelo el lector! 




— 27 — 



CAPITULO VI 

UN DELITO A SABIENDAS 

Tramitaba ante nosotros una causa crimiimlj por heri- 
das, seguida contra el individuo Juan Medina. 
I - Sentenciamos la causa^ y condenamos at Medina á seis 
' TDfisesde prisión. 

Constaba de autos que el preso t^^^Laba en la cárcel k dis- 
posición del Juez Letrado. 

El actuario se constituye en ella á notificar la sentencia 
al reo, y resulta jasómbrese el lectorl que Juan Medina 
había desaparecidOj por arte de birlibirloque. 
L ¿Quién pudo dar libertad al preso? 

■ No podía ser el Jefe Político, porque por una coinciden- 
cia fatal todos los Delegados del Poder Ejecutivo son mas 
propensos á coartar la libertad que dejarla marchar, altiva 
y orgutlosa de sus triunfos. 

Y sinól ahí están las quejas que diariamente se leen en 
los diarios de la Capital y de la campaña. 

Sin embargo, aquí por una rara coincidencia, el seííor 
Jefe Político habia demostrado que era verdaderamente 
benigno y celoso para castigar a los bandidos que aterran 
al üecindario^ como dice en su nota impropia y nada cír- 
cunspecia (calificación del Superior Tribunal de Justicia) 
señalada con la letra S, y que hemos acusado por calum- 
niosa. 
No se desmintió aquí aquello de: la escepcion confirma 
I la regla. 



- 28 - 

Juan Medina fué la escepcion. — Era necesaria una übet*- 
tad judebída para justificarse las prisiones indebidas» 

Lo mas grave era que, á causa de una nota en que t;í 
acLualJefe Poliiico denunciaba el hecho de haber puesto 
en libertad el ex- Jefe don Máximo Blanco á un reo some- 
tido a la jurisdicción del Jue^e Letrado^ de cuya libertad in- 
debida vino á tenerse conocimiento en los momentos en 
en que fué á notificársele la sentencia pronunciada por 
el doctor don Antonio Romeu y Cabrera, — habíamos iií- 
ciado un sumario contra el dicho ex-Jefe Político y ha.:- 
ta solicitádose medidas severas y enérgicas por el sefior 
Procurador Fiscal, cuyo celo en este caso es digno de 
encomio. 

El señor Jefe Político tenia conocimiento de ello y repro- 
baba el proceder abusivo observado (1). 

Sin embargo, él cometía la misma falta que condenaba. 

A causa de su nota se inició el sumario contra el ex-Jefe 
Político Blanco. 

Y, consecuentes nosotros con la ley, ya que no podíamos 
iniciarle un sumario en toda regla, y dictar orden de prisión 
contra el funcionario que ponía en libertad á los presos so- 
metidos ala jurisdicción y disposición del Juzgado, cons- 
tatamos el hecho en los autos, después de algunas dificul- 
tades opuestas, como ser la de haberse negado el Alcaide á 
presentar los libros de la Alcaidía para tomar constancia de 
la techa en que fué puesto en libertad, por orden del Jefe, 
el dicho Juan Medina, — y, con nuestra protesta remitinaos 
el espediente al Superior Tribunal de Justicia para que re- 
gotviera ¿o que corresponda respecto á la falta cometida 



(i) Dicho sumario f?e encuentra en poder del doctor D. L is 
M. Vilaza á quien há tiempo se remirió para que el señor >. 
Máximo Blanco prestara una declaración. 



— 29 — 

por elfíeñorJeJe Políilcú^ corno puede verse en el apéndice 
en la letra N. 

Es obvio j y por lo tanto ¡nutil, entrar á desnosírar que ao 
cometió una falta ó un delito por parte del Sr. Jefe Político 
y que la résoluciún del Tribunal Superior de Justicia no sa- 
tisface en eí>te incidente Jas mas severas exijenciaa dal de- 
recho y de la justicia. 

Nuestro ánimo es dar tina lijera tdea del derecho que nos 
asiste, y varaos á observa r algo respecto á esta parte de la 
resolución del Superior. 

Los sefiores miembros del Superior Tribunal de Justicia 
Dü puedan demostrar, por mas que lo quíeranj que en el 
presente caso no se ha cometido una falta grave y hasta 
quizá un delito. 

Todos los Códigos, desde las Partidas hasta el Código 
de Baviera, uno de ios inas adelantados de Europa, y el de 
Chile, Brazil y República Argentina, los mas modernos en 
América, casiigan severamente á los que abusando ún sus 
cargos ó empleos ponen en libertad á los presos. 

Pues bien: quó dice el Tribunal en ese caso? 

Doloroso es decirlo, el Tribunal iio ha querido colocarse 
á la altura de las exij encías de la justicia. 

Ha considerado que este incidente era de carácter sin 
f/ravedad; que no se ultrajaba la dignidad de la justicia ni 
la del rn magistrado que la representaba en ese momento. 

Medina era un reo por heridas, en este caso, pero bien 
pudo ser uno de esos tantos bandidos conocidos por el Jefe 
Político (los que no somete á la autoridad judicial, sin du- 
d porque él se considera mas compet-nte para imponer 
p las que estén en relación con nuestra épocal) Es induda- 
b e que la sociedad viviría intranquila, porque entonces, sí, 
q 1 se palparia la acción enervadora de la justicia, á causa 



— 30 — 

de lafacultííd reconocida al Jefe Político de reunir los p<>^ 
deres Ejecutiva y Judicial en su persona. 

Pero el Tribunal rindiendo, aparentemente, tributo á li 
justicia, nos hace recordar aquel dicho : la hipocresía es 
'el tributo qutí rinde el vicio a la virtud. 

Ha dicho en su resolución tan estensa como desnuda de 
energía y valor cívico, que después de ia nota pasada por 
eí Juzgado ai Jefe Político en la que le recomendaba proce- 
diese rtí¿e/?fi/>tí?/i^e á la priííion del procesado, el incidetJie 
no debió ütner ulterior idad alguna^ sino es en el sentido de 
que no serepiííej^en las Jaitas subsanadas ya! f 

Cómo! Exisiia un atentado contra la jurisdicción del Juz- 
gadOj cometido á sabiendas por el encargado de ejecutar 
la ley, y ella quedaba subsanada con la simple observación 
hecha por el Juzgado de queso constituyera nuevamente 
en prisión al reoV 

Qué híibria dicho el Tribunal Superior de Justicia si, en 
vez del Jefe Político, hubiera sido el Alcaide quien pusiera 
en libertad al reuV 

Ahí estamos seguros que entonces habria dicho : ' 

Sumaríese á ése empleado ! castigúesele! á la cárcel 
con él ! 

Al espresaruos de esta raanera nos fundamos en la ac- 
titud enérgica que ha asumido tratándose del Alcaide per- 
juro, del que más adelante nos ocupamos, olviílándoseg 
delverdadero culpable^ — del verdadero autor de todos esíoa 
hechos escandalosos — el Jefe Político. 

Nol el Tribunal como superior, como representante deíl 
Poder Judicial, era el único llamado en este caso á cot-^^- 
nar el hecho y pedir de quien correspondiera el correci ^ 
inmediato, tanto más cuanto que á él le consta por las - 
nuncias que diariamente bucen los señores Jueces Leí 



.^ 



— 31 — 

doSj que los Jefes Políticos^ salvo honrosas acepciones, co- 
meten ateiUados de toda clase conlra la dignidad de ía^ 
Magislraura, 

El Juez Letrado hizo lo que debió: soHcitar la prisión del 
reo. 

Al Tribunal correspondía pedir &\ castigo del Jefe Polí- 
tico. 

El delito no ha dejado de ser delito poi ine el señor Jefe 
Político constituyera nuevamente en prisión ai reo. 

El atentado existia: todos los caracteres del delito se en- 
contraban en el hecho realizado. 

Era necesario una resolución que pusiera coto á todos 
los atentados porvenir, porque la impunidad alienta. 

El Tribunal ha inoculado un veneno en este desgraciado 
Departamento. 

Pronto conocerá sus efectos perniciosos: ya los hemos 
notado, pues desde entonces las arbitrariedades continúan 
ejerciéndose con mejor düscaro* 

Podríamos entrar á demostrar otros errores de hecho y 
de derecho que se observan en esta parte de la resolución, 
como lo de considerar justo y equitativo (Resultando?'.) 
que el Alcaide se negara á exíbir los libros, desde que esta 
resistencia «obedece, dice, al Reglamento interno de la 
Jefatnraií, pero no queremos ocuparnos de io accesorio, 
para no iíiciirrir en el error que se ha padecido, olvidando 
lo principal, como tan acertadamente lo hace presente el 
diario La España en el articulo que se encuentra en el 
apéndice señalado con la letra N* 



/^ 



CAPÍTULO Vil 

PRISIÓN EN LAS CUADRAS 

Kn uno de nuestros anteriores Capítulos dijimos que la 
Cuadra era el paraje elegido por el Delegado del Poder 
Ejecutivo para jugar al escondite con esa matrona llamada 
la Justicia. 

Recordábamos entonces el nombre de Martin Pereyraj 
y es llegado L^hora e! caso de nrtirar con todos sus detalles 
la causa de la prisión de este desgraciado paisano, victi- 
mas que eligen nuestros Gobiernos, y víctimas porque los 
roe el gusano de la ignorancia. 

El periódico El Progreí^o de la Colonia denunció el he- 
cho <le que el individuo Martin Pereyrahabia sido victima 
de las arbitrariedíides de un encargado de velar por el or- 
den público, cuya denuncia va en el apéndice, señalada 
con la letra O. 

Con este motivo nos consiituimos en la Cárcel, y enton- 
ces encontramos en ella al individuo Pereyra, quien ratifi- 
có lo espuesln en la denuncia. 

Era un dia DoiiingOj pero habilitado, ordenamos al 
Alcaide trajera al local del Juzgado al detenido. 

Así se hizo, y entonces el reo declaró ser exacto íjue la 
Policía, ó sea un representante de ella, lo habia apaleado 
y conducido lupgo hasta el Carmelo de donde lo trajeran 
á la Colonia, encerrándolo en las Cuadras, confundido c< a 
los soldados del piquete de línea á las órdenes del May r 
don Andrés Polvarini, donde estuvo hasta el dia Sábac », 



— 33 — 



á la tarde, á cuya hora recién lo pasaron a la Cár- 
cel. (1) 

Este individuo habia permanecido más de quince ditít» 
preso, sin ser sometido á la ji:i!=5diccion del Juez compe- 
tente. 

Decrotninos su libertad, y etiiunces la Jefatura Política 
se opone á dar cumplimiento á la orden, por intermedio 
def Alcíiídtíj porque decía no hallarse á nuestra disposi- 
ción sino á la del Juez de Paz, á qtiien ya f^e habla ¡come- 
tido el cofiocíruiertto jfe la causa. — Además se [lasú una 
nota por la Jefatura Política entablando una esperi,^ de 
contienda dfi conipetenria, Á nomefíe del Juzgado de Paz!!! 

En cuanto á lo primero mandarnos que informara el 
Juez de Paz con remisión de los autos, y en cnanto alo 
segundo contentamos que la iniciación dfí \a. canitenda de 
eompctpneia no correspondia á la Jefatura Política, sino 
al señor Juez de Paz. 

Remitidos los autos por el señor Juez de Paz, resultó 
que el delito porque se procesaba á Marlin Pereyra era 
j)or escándalo, y que el dia antes de decretar nosotros su 
libertad se habi a iniciado el suraarioj y concluidose al dia 
siguiente de la misma orden de libertad, bastando la ¡^oía 
declaración del supuesto reo, en í« que negaba el hecho, 
para condenarlo al tiempo de prisión sufrida, y decretfirse 
-libertad inmediata. 

Pereyra habia sido conducido de^dü los limites del De- 
parlamento de la Colonia con el de Soriano, hasta el Car- 
melo, y desde aquí á las Cuadras de la Jefatura Política de 
la Colonia, confundiéndolo en el piqu te de Linea, y 
puesto recien entre rejas cuando se denunció el hecho en 



(1) Conviene hacer confiar que d periódico salió ese dia tía- 
badi», á la tard^'- 

3 



» 



í .^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 

el perí('j^ico «EÍ Progreso», y todo este viaje extraordína- 
rio de una ^^eccion judicial a otra, tratándose de utj simple 
delito de e^^cándalo ! 

Si Martin Pereyra había cometido escándala no hubo 
necesidad de que le hicieran viajar tanto ^ y lo arreglasen 
tan cómodamente, fj lo traí^Juen con tantas consideraciones 
en las Cuadras de la Jefatura. 

ES Juez de Paz de la Sección Judicial donde se cometió 
el escándalo era el jiie^ cocupeiente. 

¿Porqué, pues, no se entregó á su juez natural y si se 
le redujo á prisión en las Cuadras? 

Pregunta es esta cuya contestación no es difícil en épo- 
cas como la presente, en Ja que los ciudadanos son arran- 
cados violentamente de sus hogares y destinados, sin 
previo juicio, á formar parte de los cuerpos de línea ! 

Martin Pereíra se salvó de una desgracia inevitable de- 
bido á la actitud de ese valiente periódico «El Progreso» 
qne no ha cesado ni cesa de denunciar las arbitrariedades 
y atentados cometidos por la autoridad. 

Con vista de los autos remitidos por el Juzgado de P^ 
resolvimos este incidente, dictando la resolución que 
encuentra en el Apéndice, bajo la letra Q. 

Esa resolución fué comunicada á la Jefatura Politica 
al Juzgado de Paz, sin que se observara nada por dicha: 
reparticiones. 

En ella, como se vé, declaramos que el Martin Pereyn 
nunca estuvo en la Cárcel, sino entre los infantes del Pi 
quete de Línea, — que no fué sometido á ningún Juez sinc 
después de las medidas adoptadas por el Juzgado, y qi 
era inexacto lo afirmado por la Jefatura Política (en 
nota negándose á cumplir la orden de libertad) res pee 
lo al conocimiento oficial que tenia de no haber sido 



!1 




— ;^ — 

to ei preso á nuestra disposición, — por todo locualaper- 
cíbiamos sériameote al sefior Juez de Paz y mandaba- 
moa se comunicara esta resolución á la Jefatura Política 
haciéndole presente que en adelántese sirviera mandar los 
presos á la Cárcel y no á las Cuadras. 

La autoridad ejecutiva^ como se vé, avanzaba un paso 
más en el camino de la arbitrariedad. 

Ya tenia de su parte á miembros déla autoridad ju- 
dicial. 

E) camino del vicio es atrayente y seduce á loscjue no 
tienen nociones exactas del deberl 



1 




^ 



— 36 



•^ 



CAPÍTULO VIH 

OTRO ATAQUE A LA LIBERTAD INDIVIDUAL (1) 

Margarita Montiel, jíWen de diez y nueve años, recien 
casada, mujer virtuosa, en defensa de su esposo habia he- 
rido levemente á un individuo cuyo nombre no recordannos- 

Por esta razón I ibramuíi orden de prisión, la cual fué 
cumplida inmediatamente, poniéndose la dicha señora á 
disposición del Juzgado, por la Jefatura Política. 

Solicítasela escarcelucion bnjo fianza, y habiéndose ac- 
cedido á esta petición se ordenó se notificara ai Alcaide 
cumpliera la orden de libertad. 

Esto sucedía á las cinco de la tarde, más ó menos. 

El señor Alcaide contesta negándose á firmar la notifi- 
cación, y esponiendo que tenia orden del señot^ Jefe Políti- 
co para no poner en libepiad á ningún preso después de las 
cuatro ^/ media de la tarde ^ á ciuja hora cerraba la A Icai- 
dia. 

La señora doña Margarita Montíel permaneció toda la 
noche de ese dia en la Cárcel, y recien fué puesta en liber- 
tad al día síguienlej á las nueve de la mañana, según 
consta del espediente que se remitió al Tribunal Superior 
deJusticia. 

Fundados en este avance ó falla de cumplimiento por 
parte del señor Alcaide resolvimos suspenderle por el tér- 

(l) Díi^be tunersc presecte queel Tribunal Supt;rior de Jus- 
ticia ha preííeítidído de este incidtítite. 



— 3: 



mino de un mes, según consta de la nota que dirigimos al 
Superior Tribunal de Ju&ticía señatada con la letra R^ ^a 
el Apéndice. • 

PuQB bien: la Jefatura Política nos contestó en tér- 
minos secos y faltos de razones dando motivo la resolu- 
cioa dictada por nosotros que se encuentra en el Apéndice 
bajo esa misma letra H- 

La lectura de la nota bastaba para juzgar de las cuali- 
dades conciliadoras que adornan al funcionario que dirige 
los destinos de un Departamento tan rico y tan civilizado 
como el de la Colonia I 

Nos limitamos á pronunciar la dicha resolución y remi- 
tir el espediente al Tribunal. 

t¿Ahora bien: el Tribunal no ha dicho ni una palabra res- 
pecto de este incidente- 
No caliíica como se debe el proceder del Jefe Político ni 
del Alcaide. 

No hace presenta que el Alcaide debe estar á todas lai 
horas del diay de lanoche^ en su puesto- 

Queél QO es un empleado que terminaseis tareas á lai 
üitairo t/ media de la ¿arde* 

Que la libertad de un ciudadano no depende de la vo- 
luntad de un Jefe PoIjííco, 

Que elJefe Pulítico no ha podido ni debido dar seme- 
jante orden atentatoria de la libertad humana. 
Nada hadícho: ha guardado un silencio profundo- 
Ha contribuido áque los hechos queden impunes. 
Resultado de todo esto: 

Kl empleado desobediente continuo en su puesto y e[ 
eeñor J. fe Político desconoció la facultad del Juez para de- 
cretar la suspensión deí dicho empleado. 

Las órdenes de libertad tienen, pues, inarcadas las iio-- 
ras para dictarse. 



L 



Después de las cuatro y media de la tarde, sépase que 
en la Colonia no hay justicia criminal I 

Bien puede reclamarse alJuez de un hecho arbitrario, 
y bien puede el Juez habilitar las horas^ que nada conse- 
gnirá, 

' La justicia tiene, como las cocineras^ señaladas las ho- 
ras de trabajo diario. 

Y estos incidentes, dice el Tribunal Superior de Justi- 
cia, no sonde carácter grave para determinar una renun- 
cia por parte del Juez que se estima. 

Qué ! un Juez es acaso un hombre desprovisto de sen- 
timientos honrados ? 

Qué! un Juez no tiene dignidad, no tiene aprecio por si 
mismo? 

A buen seguro que si alguno de los sefiores Camaristas 
hubiera estado en la Cárcel y pasádole lo que á doña Mar- 
garita Montiel, no diría que el hecho carecía de gravedad, 
que no afectaba la dignidad de la magistralnra^ y que el 
Juez había procedido con prectptiacion al exigirle al Jefe 
PoUticQ que á cualquiera hora de lanache pusiera en li- 
bertad al que se hallaba detenido t 

Nunca hay demasiafda precipitación en estos casos. 

La Justicia debe marchar con pies de piorno cuando se 
trata de coartar la libertad y el derecho de un hombre, 
porque puede acatarlos sin razón; pero, cuando se trata de 
contener los avances de un poder arbitrario, cuando ge 
trata de salvar al ciudadano de la afrenta inferida por una 
pena injusta^ toda precipitación es poca, — entonces la jus- 
ticia debe suprimir los procedimientos inútiles y marchar 
ágil para salvar cuanto antes el mal causado por los capri^ 
chos de un hombre. 

Así entendemos nuestra dignidad y la misión del Juez. 



/ 



— 39 — 

Si !os miembros del Tribunal la han entendido de otro 
modo quédanos á nosotros la satií^faccion del deber cum- 
plido. 

Preferimos á los que por laudable celo SO esceden en el 
cumplimiento de sus deberes y no á los que permanecen 
esclavadoSj sin valor cívicOj sin que salga de sus labios una 
protesta ardiente y viril contra los avances de una autori- 
dad que marcha nuevamente al despotismo. 

El Tribunal tenia que desempeiiar una misión noble y 
patriótica en esta época de reconstrucción de los poderes 
públicos. 

El ha podido, con su actitud enérgica y severa, contener 
al Poder Ejecutivo desviándole del camino dictatorial por 
que marcha. Esa era su misión. 

La opinión pública le hubiera acompañado. 

No lo ha hecho. 

Ha preferido sacrificar á los Jueces que han sabido sal- 
var incólume la justicia. 

Bien ! el mal no es al hombre^ ee al pais, y éste ya ha 
dado su fallo. 

Creyó que ese Tribunal volvería por su honor, porque 
sus últimas resoluciones en el conñicto con el Jefe Politi- 
60 de la Florida asi lo hacia presumir. 

El pais se ha equivocacfo. 

El Superior Tribunal de Justicia ha querido exigirnos el 
sacrificio de nuestra dignidad, olvi'! indo que era la suya 
propia la que estábamos sosteniendo en esa lucha cons- 
tante. 

Pero, continuemos relatando otros hechos de carácter 
\n gravedad. 



— 40 — 

CAPÍTULO IX 

FÉLIX CASEEAS 

En el incidente que vamos á relatar está no sal amen ta 
confesado ei hecho criminoso sino tjue hay algo que con- 
trista el almadtíl que desearía ver en los puestos, públicos á 
hombres de honradez política intachable y con ilustración 
suficientes para que el nombre de pueblo democrático no 
fuera en la práctica una irrisión sangrienta. 

Es que hay algo taás: \íx natura Udad con que se ha con- 
fesado la falta y bl silencio guardado por el Tribimal, sa- 
tisfaciéndose con decir que » hay verdadera convuniencia 
w pública en que el Poder Ejecutivo haga ver á su Dele- 
íi> gado LO EKRÓNEot de la doctrina que sostiene por su 
* nota de 3 de Noviembre, v agregada al Apéndice, bajo la 
letra S> 

Félix Caseras y Severino Rodríguez, fueron remitidos 
presos por el Subdelegado don Sinforiano Meló, acusados 
de abigeato por este funcionario. 

El doccor don Antonio Romea Cabrera, nuestro antece- 
sor, declaró quo no había motivo para la prisión, y decretó 
la libertad de Rodríguez y de Caseras. 

Severino Rodriguez, es ana criatura de catorce años^ y al 
prestar declaración ante el doctor Romeu, declaró que el 
Sub-Delegado Meló, con el objeto de arrancarle la con le- 
sión de un hecho que no había visto ni cometido, le había 
colocado un fusii en la nuca y otro en las piernas, tratando 
de junlarloSj habiéndole tenido en esta posi^cion un ra- 
iiío ! 



^ 



J 



i 



— 41 — 

La criatura no conocía el nombre de este stipHcio, nnas 
sabia dar una rdF^aíia exacta de cóm-) era. 

Como S9 vé habia sido colocado en el cepo coíombíano ! 

El doctor Romea mandó averiguar el hecho, y el Sub- 
Delegado Meló .se negó á declarar, por cuyo motivo se 
produjo b1 incidente de r4ue dan cuenta los documentos que 
corren en el Apéndice, bajo la letra T. 

La lectura do esos documentos demuestran que nos- 
otros con nuestra actitud decidida ierminamos este pequeño 
incidente, como lo comunicamosal Superior Tribunal de 
Justicia y al señor Ministro de Gobierno. 

Terminó, y no volvimos á hacer mención de élj á no ser 
para recordar que la justicia habia quedado satisfecha en 
éste como en oti-os varios incidentes. 

Por este motivo nos hemos interiogado ¿quó fin se ha 
propuesto et Tribunal al traer á tela de juiíúo un asun- 
to concluido, de cuya terminación tenia conocimiento, 
sin que antes de ahora hubiera observado nada al res- 
pecto> 

Por mas que rms lo hemos preguntado, solo hemos 
conseguido llegará líste resultado: el Tribunal ha queri- 
do hacernos alguna observación sobre el procedí míe n¿o^ 
aunque fuera inútil ya, y sin objeto, desde que su silencio 
desde Setiembre hasta Diciembre les colocaba en el caso 
de la ley de Partidas de quien calla es cierto que no niega 
lo que se le pregunta, aunque no se considere como que 
otorga. 

En efecto: al tratar este asunto i^íejo, ya resuelto por 
nosotros sin la cooperación del Tribunal, y con su conoci- 
miento se nos dice u que para obtener la reparación de la 
j* falta cometida por el Sub- Delegado Meló bastaba haber- 
• se dirigido á su superior inmediato^ el señor Jete Políü- 



X 



— 42 — 

» codelaColoniaj y soloal Tribunal en el caso deque 
»» dicho funcionario no íe hubiera prestado el auxilio nece- 
» eario ». (Considerando 1*. en el espediente número 46,) 

Hé aquí la única observación jurídica del Tribunal: que 
no debimos poner en su conocimiento este incidente que 
afectaba la pronta y recta administración de Justicial 

Se creeriaj leyendo esa resolucionj que nos hemos diri- 
gido al Tribuna! para quo él resolviera por nosotros, coma 
si nos hubiéramos declarado incapaces para hacer valer 
los derechos de lajusticla. 

Esto es lu que se deduce, y ¡cuan grave error se padece- 
ría sí nos guiáramos por esas palabras! 

El Tribunal incurre en un error, consciente 6 incoos- 
cienteraente. 

Es inexacto que nosotros nos hayamos dirijído á él para 
pedirle una resolución en este caso. 

Lo que hicimos, como él miímo lo confieza en el Resul^ 
tando V,j fué poner en su conocimiento lo que sucodiaj at 
mismo tiempo que lo comunicábamos al Gobierno y al se- 
ñor Jefe Político, pidiendo á e^íiíe último pusiera la fuerza 
publica á las órdenes del Juzgada. 

Lo quf^. quii riamos era nue el Superior Tribunal de Justi- 
cia tuvíi ra conocimiento de todas las resoluciones que 
adoptabumos en los conflictos con el Jefe Política, por si en 
algo faltábamos, nos lo observara- 
Prueba de que procedimos bien^ cuando entonces nada 
nos observó v hasta nos contestó satisfecho por el resulta- 
do obtenido, ^<3gun consta de la nota que se encuentra on el 
Apéndice letra T. 

Como un argumento más decisivo de que nunca, en este 
incidente, solicitamos una resolución del Tribunal, el mis- 
mo se encarga de trascribir en el resultando 7." esta parte 
de nuestra resolución. 



É 



— 43 -- 

* Por esto y en vista de la invasión de facultades 

* á que Ee refiereesta notaj como ser la de castigar vagos, 
» imponer penas por dos meses^ sin previo juicio; destinar 

* un ciudadano al ejército de línea, etc., etc., remítase 

* al Superior Tribunal de Justicia para que resuelva lo que 
3* creaconvenientej sin perjaicío de conéesíarse por este 
» Juagado al neñor Jefe Político ¿o qae corresponde , de 

W CUYA NOl A DEBERÁ MANCARSE COPIA E>í OTORTUNIDAD AL 

» SUPERIOR», (se remitió y es lo que se señala con la le- 
tra U.) 

Como se vé, este espediente fué el Tribunal con motivo 
del úitirao incidente promovido^ y m> por la resistencia á 
declarar por parte del Sub-Delegado Meló. 

¿Qoü fin se ha propuesto el Tribunal al traer á tela do 
juicio un incidente honrosamente terminadc^ por nosotros^ 
no im^ugn^do en el procedimtenío antes de ahora, y del 
cual no hemos hecho mención en nuestra renuncia? 

Solo encontramos la e^^pUcacion que hornos dado. 

ContinuemoSj pueSj constatando los hechos: — Del suma- 
rio instruido re^íultó probado que el Sub-Delegado don Sin- 
foriano Melo habia ejercido actos de violencia en la perso- 
na de la criatura Severino Rodríguez, y con este motivo 
resolvimos lo que consta bajo la letra V, y en la contesta^ 
cion de la Jefatura Política, sí bien se ofreció castigar a* 
empleado, no consta que asi se haya hecho, sobre lo cual 
guarda silencio el Tribunal Superior de Justicia, no obs- 
tante fijarse en faltas de procedimiento y en el hecho de 
que no debiamos distraer su atención con notas hasta tan- 
> no hubiera llegado el conflicto á sus últimos límites. 

Es necesario no olvidar que Félix Caseras procesado por 
bigeatOj declarado inocente, mandado poner en libertad 






— 44 — 



1 



por el Juez doctor Romeu, en el mes de Agosto, ^e eoapapti 
de la Cárcel sin que apareciera en au casa. 

Apareniemf^nie se había cumplico con la orden de liber- 
tad dictada por el Dr. Harneu, y para convencerse de ello 
léase el capítulo siguiente: 




— 4h ~ 



CAPITULO X 

EL VAGO FÉLIX CASERAS 

Vá á verse como Félix Caseras se conviértele ladrón 
de vacas en vago. 

Hemos visto como la» cuadras sirvieron para ocuHar á 
Martin Pereyra. 

Ya sahornos, pues, cuando qniéramos descubrir el para- 
je donde se ene i [entra un ciudadano desaparecido^ que es 
allí á donde debemos acudir. 

Una prueba de ello es la historia del desgraciado paisa- 
no Félix Caseras^ una de las tantas víctimas de nuestros 
Jefes Políticos en campana, el que ha sido condenado sin 
previo juiciOj y luego objeto de invectivas por el mismo 
encargado de ejecutar ¡as disposiciones dül JuzgadOj como 
puede verse en la nota qué señaladí» baja la letra S- se en- 
cuentra en el Apéndice, 

Cuando llegamog á la Colonia nos impusimos la obliga- 
ción de visitar la Cárcel todos los días fertivos. 

Notamos una vez que convendría de cuando en cuando^ 
alterar el orden establecido, para sorprender á les guardia- 
nes. 

Asi lo hJcímoSj y descubrimos lo siguiente: 

Félix Caseras, el autor del delito de abigeato, mandado 
poner en libertad por el doctor Romeu, en el mes de Agos- 
tOj se encontraba entre rejas el 10 de Octubrell 

Nos sorprendió este hecho, é inmediatamente ordenamos 
que fuera puesto en libertad por el Alcaide y que la Jefatu- 



J 



— 46 — 

rainformáro sobre la causa ó causas que habían motivado 
la no escarcelacion del supuesto reo. 

El Alcaide se negó á dar cumplimiento ala orden de li- 
bertad y la Jefatura Política contestó con la edificante nota 
que corre agregada al Apéndice bajo la letra S. 

Se dice en ella que Caseras fué puesto en libertad; pero 
constituido nuevamente en prisión por la moral de la so- 
ciedad: declarado vago: condenado como tal: destinado á 
cocinero: declarado y condenado como insubordinado:© i na- 
puéstole la pena de dos meses de prisión, los que vencían 
el ^5 de NoviembreÜI 

Nada más ni nada menos se dice en esa nota, la que fué 
contestada por nosotros en los términos que se leen en el 
Apéndice letra U, remitiendo recien, y con este motivo, el 
espedientej al Tribunal Superior de Jusücia. 

¿Que resuelve el Tribunal? 

* Dice que no debimos decretar la libertad de Caseras 
» sin antes pedir informes al Jefe Político, á fin de no in- 
» currir en la responsabilidad que impone el artículo 1323 
* del Código de Procedimiento Civil, y no faltar á las con- 
» sideraciones que deben guardarse las autoridades eje- 
» cutiva y judicial entre si, y no invadir las atribuciones 
» del P. E. que tiene también por nuestras leyes la de 
» reducir y mantener en prisión en los casos y por el tiem- 
» po determinado en las mismas leyes, declarando que, 
» debido á la actitud asumida por elJae^ Letrado Depar- 
jt tamental había sido puesto en libertad el desgraciado 
» Caseras. 

Vamos á rebatir las observaciones del Tribunal, fundán- 
donos para ello en hechos elocuentes, dejando para más 
adelante los argumentos legales. 

Está en la conciencia de todos que tanto en campana co- 



— 47 — 

mo en la ciudad son impotentes los esfuerzos de los seño- 
res Jueces para impedir que el P, E, atat^ue ia libertad d© 
los ciudadanos. 

No há mucho tiempo la prensa denunciaba el hecho de 
que el Dr. don Juau Gil, Juez en Paysandúj había decreta^ 
do la libertad de los hermanos Villanueva; que se les no- 
tificó estaban en libertad por orden dííl Juez y por el delito 
qeese les procesaba, pero que volvíaa á li cárcel para ser 
remitidos á un cuerpo de línea. 

Los Villanuevafueron remitidos, y la acción de la justicia 
burlada. 

Nosotros tuvimos ocasión de conocerla mala fó de ia au- 
toridad ejecutiva en el incidente de Martin Pereyra, ya re- 
latado. 

Hemos tenido ocasión de conocerla en el de Tolosa^ y 
nos hemos convencido que la vioe^sa de los señores Jefes 
Políticos es necesario combatirla con opor íunidad ^ovquB 
nada vale una falta de informen préoios ante la libertad de 
un hombre y'la reputación del majistrado, cuando este tiene 
la conciencia de que se ataca á ^a libertad del ciudadano. 

Esos informes préüios producen su efecto cuando se so- 
h'citan de autoridades que saben guardar las consideracio- 
nes debidas al Poder Judicial y que anhelan el ñel cumpli- 
miento de la ley, mas no de aquellas que buscan en la as- 
tucia, en las muecas j un medio para/u/nar al magistrado 
poniéndole en ridiculo. 

No se solicitan cuando se tiene la conciencia de que to- 
do conflicto lo convierten en un pleito, en el que recurren 
~, todos los procederes del litigante de niala fé. 

Esta es la situación en nuestro país : los Jueces tienen 
> ue andar como pesquisidores y pescar á los ciudadanos 
ue 90 n arrebatados de sus hogares para ignominia y 
frenta de las instituciones liberales que nos rigen. 



1 



— 48 — 



Vivimos divorciados de la autoridad ejecutiva, y de aht 
esa lucha latente que ya ha surgido á la superficie, j de 
cuyas consecuencias deplorables solo el Tribunal es cul- 
pable. 

Cuando los Jueces hacen ana presa de buena ley, como 
la de Félix Caseras, Martín Pereyra, Nicafíio Tolosa etc. 
en esta época, deben recordar que se trata de la dignida-f 
del ciudadano, vilipendiada, y para conseguir lo cual \o< 
delegados del Poder EjeciitivOjSalvo honrosas escepcioneSn 
se valen de todos los medios. 

Destruyase este cargo vergonzoso, y pruébese lo con- 
trarío. 

Ojalá no fuera cierto I 

Aviado íbamos si solicitábamos el informe del señor Jo- 
fe Político antes de ordenar la libertad ! 

Caseras hubiera desaparecido de la Cárcel, sin que hár- 
tala fecha se supiera de él, corao sucedió con Tolosa, de 
cuya existencia nadie tiene conocimiento I 

Aquí es el ca^io de decir que el fin ju-tifica los medios. 

Bien valia la falta del informe previo la libertad de Ca- 
seras! 

Sí esta es la gran falta que hemos cometido^ no hay -i 
cuidado el Tribunal que ní nosotros ni ninguno de los Jue- 
ces Letrados que como nosotros proceda incurrirá en res- 
ponsabilidad judicial, porquehasta ahora no hay ejemplo 
de que se castigue al Juez que lucha por los respetos de la 
ley, ni ningún Jefe Poli lico se preocu paria da volver por 
unahonra que les coloca en el caso de esclamar lodo lo 
contrario de lo que dicen escribió Francisco I después e 
la batalla de Pavia. - 

Estamos satisfechos, porque debido á nue^^tros e^fner* s 
*^1 ciudadano Félix Caseras se erciieníra en libertad, h 



1 



— 49 — 

trabajando de esquífador en la Estancia del sefior Wilson, 
iegun nos lo coraunicó el Juez de Paz y lo hace presente 
el periódico «El Progreso» en el artículo que transcribi- 
mos en el Apéndice bajo el niinero 1, 

Quede al T^ribunal la satisfu íon de justificar el delito 
connettdo por el Jefe Politice , declarando sencillamente 
que es errónea la doctrina sostenida por este funcionario, 
en vez de dftclarar con voz bien alta: 

Es un delito 1 Juzgúesele ! y comuniqúese al Poder Eje- 
cutivo que es necesaria la separación inmediata de ese 
Delegado, que desacredita las instituciones del pais! 



-^0- 



CAPITULO XI 

, ' I 

VÍCTIMA DE OPINIONES POLÍTICAS ^ 

Nicasio Tolosa, uno de los tantos deahe redados de \ú 
fortuna, ©s un paisano de cincuenta á sesenta años, her- 
mano de uno en los caudillejos de esie Departamento— el 
Comandante, á quien^ con motivo de la lucha electoral que 
se aproxima, se Ee ha dado los despachos de Teniente 
Coronel. 

Tenia la fatalidad de haber renegado dé la familia^ como 
dice el Teniente Coronel. 

Pertenece al partido blanco^ mientras este último perte 
nece al partido colorado. 

Latorre le condono al taller de adoquines, donde esta^ 
tres aiioSj sin que ningún Juez conociera de la causade so 
prisión. 

Como ea natural, debi a ser también una de las tanti^- 
^ictimas de la administración liberal Ab\ señor don Bt^- 
nígno P. Carámbula. 

Sin que cometiera^ no diremos delito, falta alguna, fuL> 
reducido á prisión. 

Su delito consistía en sus opiniones políticas, porque el 
señor Carámbula ha declarado la guerra á todo hambre 
que no participe de ^us doctrinas 6 á quien no pueda do- 
minar ciegamente. 

Kn unade las visitas de Cárcel encontramos á este ciu- 
dadano, medio idiota á causa de los tormentos de que ha 
sido víctima. 






P 



— 51 — 

Le interrogamos por la causa de su prisión, y dijo igno- 
rarla j observándonos que no había sido sometido aún á la 
jurisdicción del Juez competente. 

Le rogamos esperara algunos dias máSj hasta cerciorar* 
nos si el Jefe Político Ío sonietiaá nuestra jurisdicción des- 
pués de vencido el término señalado para la imposición de 
las penas policiales (art, 19 del Código de Instrucción Oi- 
minaL) 

Venció con exceso dícho^términOj y Tolosa permanecta 
entre rejas ignorando la causa de su prisión. 

Recien eniónces creímos de nuestro deber iniciar la ac- 
ción correspondiente, privadamente primero, y judicial* 
mente después^ si las gestiones exLra-judíciales no daban 
resultado. 

El último domingo que visitamos la Cárcel hablamos 
con Tolosaj y en í=;eguida vimos al señor Jefe Político, 

Le hablamos en una pieza situada ala entrada de la Jefa- 
tura Politicaj llamada Depóniio. 

Nos dijo que Tolosa era uno de nuestros malos paisanos; 
que hahiasído el que durante la Administración de Batlle 
encabezó una revolución, viéndose obligado el Gobierno á 
mandar emisarios que le hicieran desistir de su empresa 
mediante la suma de tretnia mil paíacones^ que se le ha- 
l^ían entregado. 

El hecho era inexacto, pues quien encabezó dicha re- 
uetta fué el actual Teniente Coronel, caudillo del Partido 
íolorado. 

Convencidos de que nada íbamos á conseguir da eae- 
Fnncionario, doblamos la hoja, y nos retiramos. 

Al dia siguiente nos dirigimos al señor Juez de Paz para 
ue DOS informaras! Tolosa estaba sometido á su jurisdic- 
ción^ pues queríamos evitar lo acaecido en el asunto de 
Marlin Pereira. 



►Mal 



^ 



" 52 - 



La esperiencia nos aleccionaba. 

Senoscontetóque no, y con este dato, con los antece- 
dentes quG el mismo Jefe Político nos había comunicad o en 
la conversación ya referida, justificado todo en los autos 
respectivos, que ha tenido el Tribunal á la vista (declara- 
ciones de José Maria Ramón y Nemesio Paredes, Comisaria 
este y ayudante del Jefe aquel y preguntas dirigidas por 
nosotros al Alcaide Legui zamo) y el hecho elocuente de 
nosQíroíi haberlo üisio á Tolosa durante un mes // días 
en íacárcGÍj sin que hubiera sido sometido á nuestra jurís- 
dicion niá ladel Juez de Pm?:, según el informe á que nos 
referimos, — en vista de lodos estos datos— decretamos la 
libertad del Nicasio Tolosa. 

Ahora bien: vamos á ocuparnos de las observaciones 
que el Tribunal hace respecto de esta parte del procedi- 
miento observado por nosotros. 

El Tribunal observa «que no debimos decretar la 1Í- 
» bertad de Tolosa sin antes pedir informes á la Poli- 
■ cía, y muñirnos de los demás datos que creyéramos ne- 
» cesarios, á fin de no incurrir en la responsabilidad del 
» articulo 1323 del Código de Procedimiento Civil, agre- 
» gando que estos hechos revelan pr&cipíiacion é irregu- 
» lar ¿dad en el procedimiento. » 

Como hemos dicho ya, la precipitación é irregularidad 
no existen, perOj come es en el caso presente donde es|:sre- 
sámente emplea el Tribunal las palabras que subrayamos, 
vamos á detenernos un momento para demostrar el error 
que se ha padecido, al estudiar estos hechos, y que, con 
arreglo ala resolución del Tribunal hemos satisfecho sus 
exigencias. 

Con efecto j el ¿njorme previo ^ que tan indispensable ha 
considerado el Tribunal, se ha dado üerbalmeníe por el ^e- 



Á 



f 



— 53 — 

ñor Jefe Político, según consta de las declaraciones de don 
Armando Leguízamo, José María Ramón y don Nemesio 
Paredes. 

Poco importa que ese informe sea üeri^aíj desde que 36 
ha constatado su existencia. 

No se trata aquí de un pleito en el que se Bx.iya. prueba 
determinada. 

Aquí las observaciones de buen sentido común bastan 
porque se va á fallar con arreglo á la iey natural^ a los 
dictados déla conciencia huraana* '- ^ 

Por otra parte, para poder declarar que ha existido esa 
faltado procedimiento era necesario que el Tribunal de- 
signara la ley que lo tístablece y que supone violada. 

Esto es obvio: es un principio elemental clederef^ho. 

No hay falta de procedimiento donde no hay ley que es- 
tablezca el requisito á seguirse en la sustaaciucion del jui^ 
cío. 

Pero, continuemos. 

Aun cuando no hubiera existido el informe verbal — aun 
cuando no se hubiera constatado esa circunstancia por las 
declaraciones de las personas que presenciaron esa confe- 
rencia — el Tribunal no ha podido hacer esa declaración 
tratándose de un suceso, cuyos antecedentes, hasta los 
mas triviales^ habian sido constatados en los autos. 

Y decimos esto , porque la palabra del Juez vale tanto en 
este caso, como la de la ley misma. 

El Juez conoce en un asumo criminal á petición de par- 
te ó de oficio, 

Puede proceder de oficio por el conocimiento que tenga 
dt hedí ) criminal a causa de la denuncia de los agentes 
úi i Poder Ejecutivo ó por conocimiento personal que tenga 
de la comisión del delito. 



— 54 — 

Un Jue'Zj por ejemplo, sale á paseo y en la calle presen- 
-cia una riña^ déla que resulta la muerte de tino de loa 
combatientes- 

El Juez no necesita de informe^ previos, de actuario, de 
testigos para constatar lo que ha oisíOj lo que ha presen- 
ciado: labra el acta, cabeza del proceso y en ella consigna 
todo lo queba sucedido* 

No necesita mas informes, y el que llegara á dudar de lo 
constatado en esa acta tendría que demostrar que el Juez 
era un prevaricador. 

Todo esto sin perjuicio de las declaraciones posterio- 
res, necesarias para la resolución del juicio^ es decir, pa- 
ra la sentencia en contra del reo. 

Lo mismo ' sucede cuando se trata de defender á los 
ciudadanos de los avances de la autoridad. 

El Juez que pálpalos hechos, los constata,— y conven- 
cido de la existencia del atentado^ ordena la libertad de la 
victima, sin preocuparse de otra cosa, porque la respon- 
sabilidad Judicial á que se refiere el Tribunal no puede 
existir, salvo que en esta tierra la justicia castigue al ino^ 
cente y absuelva al criminal, y sino invitamos al Tribunal 
á que nos inicie el sumario correspondiente para demos- 
trar entonces con la ley quién es el que ha cometido aten- 
tados. 

Pues bien: nuestra declaración, constatada en el auto oa* 
beza de proceso, dice testualmente que hemos visto en la 

CÁRCEL DE POLICÍA DESDE HA UN MES Y MEDIO AL INDIVIDUO 
NICASIO TOLOSAj SÍN QUE HUBIERA SIDO PUESTO A DISPOSI- 

ciON DEL JUZGADO LETRADO, como tampoco á la del '"éz 
de PaZj según cosntatamos inmediatamente. 

Esta declaración no ha sido negada por la Jefatura rí- 
litica, quien por el contrario^ acatando la orden de lí r* 



^ 55 — 

tad reiterada por tercera ce^, nos contestó qne Tolosa ha- 
bía Bido puesto en libertad antes que nosotros lo ordenára- 
mos. Jo que era y es falso, pues como pronto^ vamos á verlo 
Tolosa ha desaparecido, Sin qae el Tribunal haya dicho 
una sola palabra al respecto, ^ 

Es indudable, pues, que sin el informe prévioj solicita^ 
do por escrito j de la Jefatura Política, como lo quiere el 
Tribunal de Justicia, pudimos ordenar la libertad de Tolo- 
sa, porque ese informe estaba sustituido por nuestra ins- 
pección en la Cárcel y la conferencia verbal^ ante varias 
personas que buer: cuidado hemos tenido de dejar consta- 
tada en autos. 

De todos modos, la falta de ese informe previo no perju- 
dicaba desde que la autoridad ejecutiva estaba en tiempo 
para manifestar las razones que existían para no darse 
cumplimiento á lo ordenado. 

De cualquier manera, Tolosa estaba injustamente en ta 
Cárceij porque la Constitución y el Código de Instrucción 
Criminal confeecionadoeste por algunos miembros del Supe- 
rior Tribunal de Justicia, establecen qu e dentro de veinti- 
cuatro horas debe ser sometido todo preso á su Juez natu- 
ral y llamado a prestar declaración. 

Sin embargOj Tolosa había permanecido en la Cárcel 
durante mes y medio/ 

De todos modos era ilegal la prisión, porque el artículo 
19 del Código de Instrucción CrimiiE:\l dispone que las Je- 
faturas Políticas no pueden imponer penas por mas tiem- 
po que el de cuatro dia^. 

Tolosa sin embargo, habla permanecido en la Cárcel 
durante un mes y medio ! 

De todos modos era ilegal y atentatoria la retención des^ 
de que nuestros Códigos no condenan á prisión á un ciuda- 
danOj porque tenga tal ó cual opinión política. 



i 



-^ 56 - 

Hé aquí el gran delito de Tolosa: haber renegado de la 
familia, como dice su hermano el Teniente CoroneL 

Y ¿es posible que dados estos hechos, constatados en 
el suinarioj del que se desprende que la causa de la prisión 
deTolosa e ^ ucalídad de blanco^ el Tribunal se fije en 
incidentes como la precipitación é irregularidad con que 
hemos procedido, olvidándose del atentado que se coinetiaí 
del ludibrio que se arrojaba sobre el nombre Oriental y de 
la mancha sobre el lustre de la Administración de Jus- 
ticia ¥ 

Ah! ojalá que la responsabilidad judicial á que se refie- 
re el Tribunal se hiciera efectiva! (1) 



(1) Farii itnpoueiñtí bien de los hctíhos re Ifi lados eu este 
capítulo ; conviene que el lector \y'd^e vis La por los documen- 
tos que eoiTOn ügi'egados al Apéudiee bajo el número 9. 

líebemos hueer constar que el señor Jefe Político no alegó 
la necesidad de yemejaute informe previo, sino que á la orden 
de libertad reiterada por tercera veK contestó, lo que vamos 
á ver en el Capitulo siguiente. — Al Tribu üal ha eorrcspOEcli^ 
do la argumentación del informíi previo^ eo defensa de la Jefa- 
tura Poli tica. 



CAPITULO XII 

i V 

¿DÓNDE ESTÁ NICASIO TOLOSA ? 

Cuando á consecuejicia de nuestra orden de libertad, 
reiterada por tercera vez, nos contestó eL señor Jefe Polí- 
tico don Benigno P- Carámbula, díciéndonos que había 
puesto en libertad al supuesto criminal aníes que noaotros 
lo ordenáramos^ segan consta de la nota que se encuentra 
en el Apéndice, seíialadacon la letra W, se faltaba á la 
verdad ¿Tujénaameníe. 

Esto está constatado en el sumario y asi lo reconoce el 
Tribunal eii su resolución. 

Abora bien: es doloroso decirlOj pero es necesario, por- 
que asi lo exige la verdad: el Tribunal nada observa res- 
pecto á este proceder del señor Jefe Político, 

Reconoce que Tofosa ha estado injustamente en la Cár- 
cel, y sin embargo no pide ni un apercibimiento para el 
Delegado del Poder Ejecutivo por el hecho principal, ni 
por el accesorio de encubrir la verdad. 

Además, prescinde de consignar en su resolución esas 
dema^ particular idade^ que se encuentran en el Libro de 
Entradas de la Cárcel, 

Porqué esta actitud cuando de esas particularidadca 
resulta probada otra falsedad^ 

No nos ío esplicamos. 

En el Libro de Entradas se encuentra esta anotación: 

icasio Tolosa, 60 años, Blanco, Agricultorj Por vago, 



\ 



— 60 — 



1 



CAPITULO XIII 

EL ALCAIDE ARMANDO LFX.UIZAMO 

Conviene levantar un cargo y demostrar que el Tribunal 
practica la doctrina de ser enérgico con los débiles* 

Armando Leguizamo, es un joven de diez y nueve auoiSj 
hijo de una familia honrada de esta localidad. 

Esejóven ha tenido la desgracia de servir en una Admi- 
nistración como la presente. 

Es el Alcaide de las CEircelsíí. (1) 

ElJefe PoliticOj que no quiere tener empleados sino ins- 
trumentos para ?us atentados y violaciones, le ha conduci-' 
do por el mal camino y echóle abdicar de su dignidad. 

Le obligój empleando lértninos enérgicos, delante de 
nosotros, á que desobedeciera nuestras órdenes- 

Le obligó á que nos faltara el respeto, faltándonoslo él 
también. 

Le ofe/ií/d á que no firmara la declaración prestada ante 
nosotros haeta que él no se lo ordenara, como asi sucedió. 

Le obligó áque nonos exhibiera los libros de la cárcel 
en momentos en que él cumplia con lo ordenado por nos- 
otros. , 

Le autorizó para que llevara mas allá sus faltas de res- 
peto, inoculando en ese corazón joven sentimientos despro- 
vistos de virtud cívica. 

Todo eso hizo el Alcaide, con anuencia y por orden del 
leñor Jefe Político, según consta de los autos, y lo reco- 

(1) Reciente mentí! le haa dado el grí\do de Teniente. 



61 



noce el Tribunal en su resolución que publicamos ai final 
de este folleto, bajóla letra E, 

Pues bien : apesar de reconocer todos estos hechos 
¿qué dice el Tribunal? 

Dice: que si bien por esto's hechos el Jefe Político ha 
cometido nnñ./ai¿a digna de la ma& seria cerneara (Consi- 
derando: 3'. al final de la resolución) el Juez no ha debido 
linaitarse á decretar el arre^íto d^l Alcaide por seis días 
cómo lo kuOy sino que debió procesarlo criminalmente con 
las Jormalidüdes de ley para imponerle el cas t ir/o á que 
se hubiera hecho acreedor. 

Hcaqui la energía del Tribunal! 

El autor principal del delito— el Jefe Político — solo me- 
rece una seria censara^ y para el empleado que ha procedi- 
do violentado, que ese mismo Tribunal declara está bajo 
la dependencia del Jefe^ que ha ejecutado las órdenes da- 
das por éste, no bastan seis dias de arresto, en necesaria 
ana pena mayor!/ 

¿Cuál iüeria esa penaV 

Según nos la comunicaba nuestro actuario don Mariano 
Requena^ el doctor Gallinal, agitando la muleta, decía, 
enérgicamente: «Áhl si yo hubiera sido Juez, ese empleado 
1» va á la cárcel y habria sido condenado á seis meses de 
» prisión y trabajos públicos I w 

No ! nosotros sabemos proceder con precipitación é ir- 
'regularidud c^iwnáo se trata de arrancar una victima á la 
autoridad ejecutiva, mas cuando se trata de coartar la li- 
bertad, marchamos con pies de plomo, porque debemos 
-^ar pruebas de que la justicia no e& la venganza^ no es e 
ilio, no es el despecho* 

Para nosotros, que no participamos de aquello que el h¡- 
> debe cortarse por lo más delgado, no era el Alcaide el 

minal. 



rpw- 



. — 62 — 

El criminal era el superior: era el Jefe Político, 

Ahí estaba el mal: ahí era necesario recurrir con el cor- 
rectivo! 

El auto de arresto contra el Alcaide venia a demostrar 
al Jefe Político que no impunemenie se vilipendiaba la jus- 
ticiaj y que teníamos la facultad de obligarle á que pusiera 
á dicho empleado a nuestra disposición^ facultad que nos 
negaba. 

Conseguido estOj y habiéndose producido ei efecto moral 
de que se supiera que podía y debía castigarse al que fal- 
lara á los respetos al Juez, aún cuando fuera un emplea- 
do dependiente del Jefe Políticü, la justicia estaba satisfe- 
cha, y por eso levantamos con toda raagn-ptnimidad y gene- 
rosidad la orden de arresto, baciendo presente que el pro- 
cesado porf/ct acusarnos ííi creía que tenia alguna acción 
contra nosoíros, letra Z— yendo á buscar nosotros mis- 
mos esa responsabilidad judicial á que tanto se ha referi- 
do el Tribunal, 

El Tribunal ha querido enseñarnos á ser fuertes con el 
débil, y nosotros le hemos ensenado con este auto que sa- 
bíamos que podíamos cebarnos en el infeliz empleado, 
pero que eso no era digno, y que la justicia que reposa en 
la dignidad del pueblo debe ser grande como el sentimien- 
to que alienta á éste. 

Aquello sería la venganza^ y nosotros no podíamos en 
una soi:iedad desconocida y pequeña dejar la mas leve du- ' 
da respecto al móvil que guiaba nuestros actos como Juez. 

El Tribunal debió ocuparse del Jefe Político. 

Ahí estaba y está el mal. 

El era el autor del delito: él era, cuando menos, «oauf 
y no cómplice- 

Por esta razón, bI sumario y la pena que se pedían pa^ 
el Alcaide debieron ser también para el Jefe Político. 



Es tanto mas cens arable cuanto que el subalterno habia 
sufrido alguna pena ya^ mientras que el Jefe Político no 
había ni ha recibido ninguna. ^ 

Esta resolución del Superior Tribunal de Justicia nos 
hace recordar aquel epigrama de nuestro vate Figueroa en 
el que se encuentran estas palabras: 

Igualdad ! Igualdad! . > . 
Para con los que están arribal 
Asi: 

Energía! Energía!..,)* 
¡¡Para con los débileaü 

Antes de terminar este Capítulo, y por no ser necesario 
ocupamos por separado de un incidente insigniñcante/ 
vamos á incluirlo aquíj aunque rompamos la unidad de la 
materia. 

En el capítulo lí hemos hecho presente que las Cárceles 
de Policia y del Crimen están separadas, y s^in embargo 
el Tribunal, sin datos al respecto, declara que no existe 
esa separación, cuando para asegurar semejante hecho de- 
bió solicitar injorme previo á la Jefatura Política ó al Juz- 
gado Letrado, siguiendo el procedimiento observado por 
él y que nos ha aconsBJado. 

Nosotros no reprocharíamos ni censuraríamos este 
accesorio al Tribunalj si no fuera un hecho inexacto, en 
el que no ha debido incurrir desde que le era necesario el 
informe préoio. 

Maldito informa préGÍo i 

Vosotros, siquiera, al prescindir de él nonos espusimos 

alsear los hechos y dictar una resolución errónea que 



~ 64 - 



nos colocara en el caso de la responsabilidad judicial 
mientras que aquí es el caso de recordar al Tribunal que 
el que cita hechos fabos ^e considera en derechOj como 
falsario. (1) 



i 



(1) Véase respecto de este Capitulo uno de los documentos 
número 9n sefialado con la letra A. I 



— 65 — 



CAPÍTULO XIV 

UNA PATEADURA JEFE 

Hftmos dicho que el sefior Jefe Político se resistía á po- 
ner arrestado, y á nuestra disposición, al Alcaide Arman- 
do LeguizamOj cuyo arresto al fin aparece en los autos co- 
mo verificado en el mismo día en rjue fué ordenado. 

Con naotivo del dicho arresto, la Alcaidía permaneció 
cerrada durante dosdias sin que el señor Jefe Político pro- 
veyera la vacante, haciendo uso de !a facuitad privativa 
que reivindicaba para nombrar dicho empleado, según 
consta del contexto déla resolución que señalada con el 
numero 33 (letra a) se encuentra en el Apéndice. 

En vista de este hecho, resolvimos nombrar ¿Jiterinn- 
menienu Alcaide, fundados para ello en las consideracio- 
nes que se leen en el documento número 2, 

Ahora vá á conocerse la actitud declsiüa que observo el 
señor Jefe Político cuando tuvo conocimiento de ese decre- 
tOj publicado en el periódico que en esa tarde vio la luz 
pufcUica en la Colonia. 

Se trasladó al Casino, Café piVblico conocido con este 
nombre, y entre varias ohsert^acioneíi emitidas con este 
motivOj declaró que iba á/jaítírtr al Alcaide nombrado por 
nosotros cuando fuera á ponerse en posesión del puesto. 

En esta emergencia comunicamos el hecho telegráfica- 
mente al Superior Tribunal do Justiciaj al Gobierno ya 
otros dos señores respetables de esta ciudad, según consta 
del documento número 4. 



i 



— 66 — 

Y á fin de evitar el incidente desagradable que iba á 
producirse, resolvimos nosoiro^ mismos poner en pose- 
cion al Alcaide, aunque resueltos ¿rechazar la faerza con 
las razones legales y á no permitir que la justicia fuera 
atropellada torpemente. 

Al efecto, dirigiólos al seíior Jefe Político la nota seña- 
lada con el número 5 adjuntándole el Decreto y pidiéndo- 
te se sirviera señalar la hora de ese dia para poner en po- 
sesión al Alcaide nombrado. 

Este procedimiento evitó las consecuencias desagrada- 
bles que todos esperábamos, pues convencido el funciona- 
rio de que no podía legfcthnente haber Cárcel sin Alcaide 
habia abierto la Alcaidía y colocado á su frente á uno de 
sus empleados coa el título de Alcaide. 

Asi nos lo comunicó inmediatamente en contestación i 
nue&tra nota, según consta en el Apéndice, bajo el número 
3, (letra a). 

En vista de lo espuesto por el Jefe Político dejamos si a' 
efecto nuestro Decreto y dimos por terminado este inci-. 
dente invitándola^ para una conferencia, en el Juzgado, a 
fin de adoptarlas medidas necesarias para que no se repi-i 
tieran estas escenas, — véase en el Apéndict* número 3/ 
(letra a.) 

j^Qué contestó el señor Jeíe Políticof 

Negóse á tener esa conferencia. 

No habia medio para -atraer á ese funcionario al ca- 
mino legaK 

Quería vivir divorciado de la opinión pública, y de ell .' 
nos vamos á convencer leyendo el Capitulo que va en se- 
guida. 

Con esta resolución, y la otra que se encuentra bajo e&e 
mismo número 3, letra bj las que vinieron á daniostr 
una vez más que no nos dominaba pasión alguna en el d .- - 



V 



— 67 — 

empeño de nuestras funcioneSj corno se lo hicimos presen- 
te al señor Ministro de Gobierno en la nota que vá agre- 
gada bajo el número 6, creímos terminados todos estos 
conñictoBj desde que el señor Jefe Político había cumplido 
aunque obligado j con todo lo ordenado por e! Juzgado, y 
tranquilos esclamamos : 

¡ Sur sum corda! ¡quidura oincíl 

Estábamos satisfechos^ y alegres nos retiramos á nues- 
tra casa; "pero^ e&íaba escrito que la satisfacción y la ale- 
gría serian pasajeras. 

Vamos averio. 

Debemos hacer constar quBjá pesar de haber comunica- 
do al Tribunal el hecho que se relata^ nada dice al tíjs- 
pecto. 

En cuanto al hecho en si mismo^ es el caso de exclamar: 

Hé aqui una paieadura Jefe I * 



68 



1 



\ CAPÍTULO XV 

PRJSIÍUN DE UN TENIENTE ALCALDE 

Ka&ta ahora nos hetíi^QS limitado á relatar los atentados 
cometidos con violación deS^as l&yes en las personas de 
aquellos ciudadanos q^ie no re\'CTtóian funciones públicas, 

Pero^ ahora vanios á L.cuparnoscto las arbitrariedades 
ejercidas en contra de los empleados deSlp- Administración 
de Justicia, para que se forme un juicio a\abado de cómo 
está montada ia máquina del Poder EjecutivH£ en el Depar- 
tamento de la Colonia, 

Ya no era saficiente el avance dirigido contrA los des- 
graciados paisanos. 

Iba á darse un paso mas en el camino del vicio! 

Era, podria decirse, eí segundo grado del críme^ 

Debía demostrarse con hechos elocuentes que el 
do del Poder Ejecutivo era la Suprema auioridao 
Departamento, y que las autoridades judiciales e^ 
bajo su dependencia y espuestas á ser reducidas á p\ 
y hasta deprimidas cuando los subalternos^ ese Dele^adc 
asi lo dispusieran. 

Vá á verse cómo el ejemplo dado por el señ\r Jefe Pd||i-^ 
tico era á su vez imitado por los Sub-Delegad^s de 
íicía. 

Don José Klappembachj Teniente Alcalde en la Secciork 
'leí Rosario, fué llamado por el Sub-Delegado don ¡Sinfo-^ 
í'iano Meló, ^ le impuso ceínte y cuatro hora»^de arresto y^ 
^ título de que ese funcionario se había hecho cómpíWg^ 



H 



— m — 

Ne ün delito de abigeato^ por haber expedido un certificado 
de vBnias de ganados^ sin la constancia de ser el vendedor 
dueño verdadero de estos. 

El Alcalde, como eralógícOj se quejó al Juzgado Letra- 
do, haciendo presente el abuso cometido y agregando, si 
mal no recordamosj que el dicho Sub-Delegado dijo poner- 
Je ün libtíPtadj pOT' un SürrtcLO especial ! 

Conviene recordar que este Sub-Delegado Meló es aquel 
enipleado que se resistió á declararj y que fué denunciado 
por la criatura Severino Rodriguez como autor de hechos 
crírainosos. 

Solicitamos informe de la Jefatura j quien a su veü io 
solicitó del mismo Sub-Delegado. 

^ La prueba del hecho está en el mismo informe del 
« Snb-DelegadOj corriente de fojas 8 en adelante, preten- 
dí diendo justificar su proceder con lo dispuesto en los arti- 

• culos 644 ^ 647, del Código Rural ^ y partiendo de la ba- 

• se que el caballo es en efecto ajeno j /ó que no consta de 
^* autos. B 

Estoesloque dice el Tribunal en el Resultando 2'. del 
espediente número 03^ que se encuentra en el Apéndice, 
bajo la letra E. 

Ahora bien: ¿cuál es la solución de derecho que el Tri- 
bunal adopta en este caso? 

Dice « que comprobada Ea falta cometida por el Subdele- 
f> gado del Rosario, el aeuor Juez Departamental debió 
\\» ponerla en con oci miento del Jefe Político á fin deque 

• como Superior inmediato de aquel funcionario repnmie- 
" j esa falta, w 
' jon iderando L "^ de! espediente mencionadOj letra E.) 

esto se limítaj á pesar de reconocer que el subalterno 
e Poder Ejecutivo ha cometido una falta, desoyendo com- 
^'■^U ^amenté la opinión del señor Agente Fiscal Dr, D. Al* 



k 



— 70 — 

fredo Vázquez Acevedo que aconsejaba se pusiera el hecho ^ 
en conocimienÍQ del P. E- para que se sirviera imponer ni 
Subdelegado el castigo que merecía por su proceder ilegal 
y arbitrario (véase en el Apéndice, documento núme- 
ro 7). 

La falta cometida quedaba impune^ porque el Tribunal 
creía que no era él quien debía solicitar el castigo j sino el 
Juez Letrado Departamental, 

El procedimiento aconsejado por el Tribunal podrá ser 
muy legalj pero también deprimente de la dicrnidad de la 
justicia. 

Se reconocía la falta, y no se solicitaba su castigo. 

Pues bien; vamos á ver en el capítulo siguiente cómo la 
impunidad de este hecho alentaba a la autoridad ejecu- 
tiva* 

Por esto, por lo que ya hemos relatado y por lo que va- 
mos á relataPj hemos dicho y volvemos á decir que el Tri- 
bunal 65 tan culpable como las autoridades que han come- 
tido los atentados que hemos denunciado. 

Continuemos probándolo. 



n 



71 — 



i CAPÍTULO XVI 



[.A PRISIÓN ríE UN JUEZ DE PAZ 

Continúa como vá á verse, la ©«cala ascendente del 
crimen. 

Parece increíble el sin número de atentados cometi- 
dos. 

Recien hoy que nos ocupamos de su recopilación com- 
prendemos mejor nuesLra actitud y nos asombramos de 
tanto escándalo. 

Ya hemos ^isto que la autoridad ejecutiva aprehen- 
de ciudadanos: los declara vagos: los titula bandidos y, que 
en su marcha tortuosa encuentra hasta un cómplice en la 
propia autoridad judicial. 

Pues bien: el camino de ios atentados es un abismo (]u$ 
seduce y atrae. 

Lo que cuesta es: dar el primer paso* 

Yaj según lo vimos en el Acuerdo del Superior Tribunal 
de Justicia, la autoridad e]ecuCiva prendió sin formalidad 
legal á un Alcalde, reteniéndole en ]^TÍBÍon durante veinti- 
cuatro horas, y poniéndole en libertad por servicio es- 
pecial* ^ 

Ahora vamos á ver cómo el atentado toma alas. 

Ya no es el pobre paisano- — ya no es el Alcalde — ahora 
es el Juez de Paz y, seguros estamos que si hubiéramos 
continuado en el desempeño de nuestras funciones, nos- 
otros mismos hubiéramos sido reducidos á prisión j porque 



— 72 — 

en esta tierra nada sé resjieta — salvo la bayoneta y el Ba- 
ble, que se temen. 

Don Julián L, Ayzaguer, Juez de Paz, persona conipe- 
tente y honrada j tuvo un altercado personal con unos indi- 
viduos. 

Con este motivo, el señor Juez de Paz creyó de su deber 
iniciar un sumario para constatar cómo habian lenido lu- 
gar los siiceíios. 

Entro las medidas que adoptó se encontraba^ como ei 
natural, la de las declaraciones de las personas con quii 
nes tuvo el altercada. 

Los mandó citar por intermedio de la. Policía, y su ri 
presentante se negó diciendo que «é\ era un escándalos! 
y que lo habia de llevar á la CárceL v 

A los pocos días de este suceso^ y diez ó quince del .alter- 
cado, el Juez de Paz era reducido á prisión por el Comisa- 
riOj como se lo habia ofrecido, * y conducido bajo segura 
custodia al Juez de Paz del Carmelo^ á quiea fué entregado 
para que se le sumariara. 

Debemos bacer constar que esta prisión era aconsejada 
por el señor Jefe Político, á quien consultó el señor Comi- 
sario don Gabino Aguirre, según públicamente nos lo raa^ 
nifestó el seíiordoii Eulogio Rey Díaz. 

El Juez de Paz del Carmelo nos comunico lo sucedido v 
por consiguiente, ¡a acefalia del Juzgado á cargo del señor 
Ayzaguer. Con este motivo, y en vista del sumario re mi- 
tido por el Juez de Paz señor don Julián L. Ayzaguer, re- 
solvimos suspender al funcionario hasta tanto se averigua- 
ra la verdad de los hechos, ordenando al Juez de Paz deí 
Carmelo pusiera inmediatamente en libertad al señor j- 
zaguer, sí resultaba que su prisión no había sido moíiv da 
á petición de parte interesada y por urden de Jaez corr 
íente (apt. 184 del Código de Instrucción Cn rainal)- 



F 



~ 7a — 



Ordenamos también se notificará al Juez de Paz.y al Co- 
misario comparecieran á prestar declaración. 

En vista del sumario instruido por el Juez de Paz del 
Carmelo, nos convencimos de que los heclios habian teni- 
do lugar como nos figurábamos, y^ en su consecuencia, 
mandamos reponer en su puesto al señor Ayzaguer. 

La autoridad solo pudo aprehender al señor Ayzaguer 
en el momento del altercado, es decir, iiifraganti delito. 

Fuera de este caso, como se trataba de un hecbo que 
solo daba lugar á una acción privada, no pudo proceder 
como lo hizo, pues ahí está el ariículo 184 del Código de 
Instrucción Criminal que bien terminantejnenie dice: 

Artículo 184 « Cuando el delito dé solamente acción per- 

* sonai privada, toda pericona que se crea ofendida ó 
» perjudicada, puede entablar querella ó acusación anie 
a Jue^ competente manifestando el hecho y las círcuns^ 
n tancias, para que^ comprobada legaímente^ sufran sus 

* autores la pena de la Ley «, ^ 

Pero, qué importaba el falseamiento de la Ley^ el escar- 
nio de la justicia, la deshonra del pais, si se satisfacía una 
pasión: la de humillar la Adminííitracion de Justiciat 

Pobre patria ! Desgraciados ciudadanos aquellos que 
asi proceden ! 

Ya tenemos, pues, á la autoridad ejecutiva constituyen- 
do en la Cárcel á la Justicia, por cuya razón dijimos en el 
Capitulo II, que en la Jefatura política se tenia presa á la 
Justicia i 

Continuemos, y vamos á ver cómo se avanza en el cami- 
no del mal: de la prisión de los ciudadanos^ se pasa á la 
del Teniente Alcalde, de la de éste á la de un Juez de Paz 
y de éste á la del mismo Juez Letrado, á quien como no se 
atreven a llevar á la Cárcel, se contentan cou pasarle no- 
'S insolentes, calumnioaaíí, como vamos á verlo. 



— 74 — 

Antee de terminar este CapítnlOj bueno es dejar consla- 
tado que don Fructuoso H. Caseras^ Juez de Paz del Ro- 
eario, persona inteligente^ cootraida y querida, ha sido 
«eparad&desu pufesto por el Superior Tribuna) de Jusr 
ticía. 

Este funcionario habia cometido una grave falta: no era 
simpático á la autoridad ejecufivaj habiendo cumplido con 
BUS deberes en el incidente con el Sub-Delegado don Sin- 
ferian o Meló. 

Cayó junto con nosotros, defendiendo la buena causa — 
la del respeto á la ley. 

No importa! quédete á ese funcionario la satisfacción de 
saber que todos le aprecian y desaprueban el proceder dtl 
Tribunal, que nos conduce fatalmente por el camino de 
las transacciones indecorosas. 



r> 



— 75 — 



CAPÍTULO XVII 

UNA MOTA IMPROPIA 

Después d© haberse puesto término á todos los conflic- 
tos con las resoluciones número 3, agregadas al Apéndice, 
y creyendo ya que ningún otro inr-^n veniente se suscitaría, 
recibimos la nota de la Jefatura l'uliLicáj letra S, contes- 
tando ala atenta de nuestra partCj señalada con la letra 
Vj y de la que ya hemos hablado- 
Guando ya todo estaba terminado, recien se !e ocurre al 
señor Jefe Poíítico contestar esa nota^ dando lugar á que 
por nuestra parte pusiéramos al pié de ella la resolución 
siguiente. 

* No siendo digna de contestación la presente nota^ 

* pues viene personalizándose la discusión del asunto, 

* elévese al Superior Tribunal de Justicia conjuntamente 
« con las demás actuaciones practicadas en e( dia de ayer 
« y en la mañana de hoy, — y, conteniendo esta nota apre- 
c ciaciones i]ue probadas m.írecería un castigo el que sus- 

* cribe, /^siendo deberde todo Juez no dejar la mas leve 
« duda sobre la imparcialidad de sus actos, saqúese por 

* el Actuario testimonio de la nota y auto correspondiente 
^« para entablar la acción de calumnia contra el señor Jefe 

« Politice, ante el sefior Juez Letrado que corresponda.» 

En esa nota, como se vé, se nos dice que procedemos su- 
gesiionadout: que en el ejercicio de nuestras funciones nos 
dejamos llevar de animosidades: que declaramos ¡nocentes 



i. 



— 76 — 

á bandidos; y se agregan algunas oirae observaciones, 
tendenies unas a deprimirnos y otras á sacar partido an- 
te la gente de nuestra campaila, poco ¡lustrada para saber 
apreciar ciertas formas de derecho. 

Respecto de lo primero, oada tenemos que observar, por- 
que ^a el asunto está pendiente de la acción judicial^ ante 
et' señor Juez Letrado del Departamento de San José, se- 
gún consta dei escrito de acusacior^ que señalado coa el 
numero 4, vá agregado al Apéndice. 

El JuzgadOj pues, resol verá» y ante él se harán valer, tit 
oportunidad^ las razones jurídicas que apoyan nuestra 
causa. 

Pero, sean os permitido consignar aqui las observacio- 
nes r^ue nos sugiere dos párrafos (tie los comprensibles), 
de esa nota impropia y nada circanspeeta como la llama 
el Superior Tribunal de Justiclaj aunque prescindiendo de 
hacer constar que por esas circunstancias la acusamos se^ 
gun lo demuestra la providencia que hemos trauscrípto y 
que se encuentra al pié de ella. 

Ni uha palabra dice el Tribunal al respecto. No aprue- 
ba el proceder del JueZj al venir por su honra, que es la 
del Tribunal Superior de Justicia. 

Es un silencio que en nádale favorece* 

Se nos dice: í*Acostumbrado V, S, á una vida agitada y 
« turbulenta desde sus primeros añoSj y creyéndome quizá 
« con tendencias mezquinas, no pierde oportunidad para 
« hacer sentir los efectos que ni aún el tiempo ha podido 
<( borrar la huella que dejé en su mente» [sicü 

Es un enigoia el final de ese párrafo, producto de lodo 
un Jefe Político del Departamento de la Colonia, 

Prescindamos del final, y ocupémonos del principio, cq - 
yas palabras son inteligibles. 

Que en un paia republicano se reproche la vida agitada 



% 



I 



— 11 — 

y turbulenta desde los primeros años, he aquí algo que 
debe llamar la atención de los hombres de la ciencia cons^ 
titucional ! 

Bien se revela en ese párrafo al ciudadano que compar- 
tía las dulzuras de la época Dictatorial de Latorre^ en la 
que se privaba a los ciudadanos de la vida agitada y tur- 
bulenta del Club, del periodismo, del municipio. 

Ah! es desconocer completamente los deberesg del ciuda- 
dano en las democracias, el considerar como un delito esa 
agitación y turbulencia. 

Nada mas agitado ni turbulento que la ^rida del demó- 
crata. 

El verdadero ciudadano ©9 aquel que sñ ocupa desde la 
mañana hasta la^nocbe de los intereses de la comuna, pro- 
moviendo reuniones para discutirlos proyectos convenien- 
tes á la sociedad, reivindicando en ellas susü derechos, pro- 
testando contralos avances del poder, estimulando á los futí 
cíonarios rectos, dignificando la calidad del ciudadanOj for_ 
mando el carácter austero del que mañana t\^vé, un miemUro 
necesario dala sociedad, é inoculando en ól la semilla de 
esa actividad y agitación sin descanso ! — De esa agitación 
y turbulencia nacen el bienestarj y por eso los tiranosy 
con ellos los que participan de las ideas de la*^ Dictaduras, 
temen esas turbulencias y agitaciones, y tratan de depri- 
mir la dignidad del' cindadano que se ha acostumbrado 
á esa vida de agitación y turbulencia- 
Abo ra bien: es necesario no confundir esa agitación y 
esa turbulencia con la demagogia, ni con los hombreí> que 
todo lo resuelven por los medios violentos. 

Somos de los primeros, mas no da los segundos, hasta 
cierto limite. 

Por eso, como lo dijimos en el banquete que varios se- 
-'^ores respetables nos ofrecieron j hacemos un tirabn? 



^ 



— 78 — 

glorioso del hecho de no haber nunca empuñada una ianza 
ni un fusil en contra de nuesiroH hermanos ^ni ayudado con 
nuestra íníeii(jencia ni nuestra pobre pluma á levantar 
caudillos^ que llámense como se llamen, han sido y son loa 
grandes agotadores de nuestra nacionalidad. 

La vida agitada y turbulenta, pues, no es un mal, sino 
cuardo degenera en la demagogia, en los motines de cuar- 
teles, en las dictaduras^ que ahogan toda manifestación 
política por medios violentos, que corrompen el corazón 
de los ciudadanos^ escarnecen la justicia, deprimen el 
nombre de la nacionalidadj y convierten el gabinete del 
Gobierno, en donde deben discutirse las importantes cues- 
tiones de Estado, en un cuartel, á donde critran los seryi^ 
les y los aduladores, porque no hay puertp, bastante alta ni 
bastante ancha para que puedan pasar por ella, con sos 
frentes altivas y su continente severo, los que conocen el 
importante rol del ciudadano en esas épocas de currupcion 
y de escándalo. 

La vida agitada y turbulenta del ciudadano austero se 
opone á la vida sibarítica y sensual de las dictaduras, que 
tan de cerca conocia el señor Carámbula, y cuyas deprava- 
das escenas mas de una vez ha relatado publicamente lle- 
gando hasta declarar que algunas noches de insomnio le 
costó su amistad con el tirano. 

La una es el silencio de las tumbas, y la otra la lucha 
por la vida honrada* 

Ahí En los países en que los Gobiernos dejan hacer esa 
vida agitada y turbulenta, el ciudadano entra á su hogar á 
descansar de las tareas diarias, dejando la puerta de la i 
sa abierta de par en par, porque esa agitación y turbul^ 
LÍa es la garantía de la vida y de la propiedad. 

Pero, en los países en que ios Gobiernos no la dejan t 
cer, el habitante no sale de su hogar, no tiene trabajo ■ 



r 



79 



guidepe la familia^ los resortes de la sociedad se aflojan^ 
la corrupción invade las conciencias, el hombre se piHD^ti- 
tuye, las familias se degradan, el sensualismo se desarro- 
lla en el seno de una sociedad viril y el Gobierno de la fuer- 
za y de la plutocracia impera! 

AmemoSj pues, esa agitación y turbulencia, sin dema- 
gogia, que haciéndolo así^ habrenaos prestado un servicio 
al país. 

Créalo el Sr. Carámbula,y no olvide que el único medio 
de conseguirlo es educando al pueblo, y él, que ocupa hoy 
una posición respectable, tratede ello^ patrocinando el 
pensamiento que alguna vez le comunicamos (1). 

Qneremos terminar recordando con este nptivo algunas 
palabras del gran ciudadano de la América del Norte — 
Horacio Mann. 

Téngalas presente el sefíor Jefe Político don Benigno 
P* Carámbula, y en cambio del mal que hasta ahora ha he- 
cho ala causa de las leyes, practique una nueva doctrina, 
que solo agí se captará el aprecio de la opinión pública. 

Hágalo por si y por la patria, 

Hé aqui esas palabras: 

Horacio Mann dice en su discurso sobre Reseña de la 
educación^ demostrando su dignidad y degvadaüiún. 

M Pero pruebas más severas que ninguna de las que 
• hasta aquí he mencionado, esperan á este sagrado apos- 
» tolado- 

3v Los grandes abusos que nos han invalido no se rele- 
íi garan al olvido con cumplimientos; no desaparecerán de la 
€ sociedad con cortesia¡í\ por el contrario, desde el mo- 



•k 



(1) Educará lo» presos y soldadosj y fuadar un Instituto 
que comprendiera laa asigna tu ras del bachillerato. 



— 80 — 

« mentó en que se toquen, se erizarán de armaduras y 
* nos hostilizarán con implacable hostilidad, 

* Entonces, mientras hacemos el bien, debemosconsen- 
)* tiren sufrir injustamente. 

B La naturaleza humana es tal, que la aparición de toda 
» buena causa aüade otro Capítulo al Libro de los Már- 

» Aunque seamos astutos como las serpientes, todavía 
» habrá culebras que qo nos escucharán; y aunque sea- 
» mos ¡nocentes como las palomas, sin embargo, esa mis- 
» ma inoc ncia facilitará el acceso de los buitres. 

» No nos llevarán, por cierto^ literalmente ala hoguera 

» ni nos querimrán materialmente con fuego, pero clava- 

^ rán en nuestros corazones penas mas agudas que estas 

» y mas duraderas. 

sj Nuestros motivos serán calumniados; nuestras pala- 

i> bras desmentidas y nueslras acciones falsificadas, 

íí Una reputación por cu. a inmaculada pureza podemos 
» haber resistido durante la vida toda tentación y hecho 
» todo género de sacrificios, será ennegrecidaj y un ca- 
» rácter, tal vez nuestra única preciosa posesión, con que 
w podemos recompensar ei amor de la familia y de loa 
fl amigos, — será difamado, calumniado y envilecido; y si 
» fuera considerado suficientemente conspicuo para atraer 
> la atención pública, será puesto en letras de molde en la 
1* prensa pública, tai vez en las Cámaras Legislativas, pa- 
» ra el escarnio de ía misión común, 

!^ ¿^ Y entí3nces abandonaremos esta causa? ¿Sacrificá- 
is remos cobardemente el bien inmortal á la paz munc' - 
» na? Nó; jamás I mas bien hagamos frente ala opc - 
1 cion, inspirados en el espíritu de aquel que dijo prr - 
» ticamente: «Si ámí me han perseguido^ os perseguid o 
í> á vosotros también,!* 



'N 



— 81 — 

P. ^ ^^ 

I * Para aquellos que nos hacen nposicioTí y nos calnni- 

n niaFtf NUESTRA VENCÍANLA SERA HACICIÍ \ SrS Ul.TOF? MEJO- 

n UES^ MAS .SABIOS V MAS FELICES gTE ELLOS MISMOS- » 

o Si sentimos; algnna vez qrn^ Tuotivos terrestres lucban 

í> con los del cielo en nuestros pecbos, — el egoísmo con el 

» deber, líi pereza con eJ trabajo continuo y honorable) 

» una satisfacción perversa con la ambición de ud bien 

» mas elevado y asequíblej— no permitamos que lo terriss- 

« tre venza á lo celestial. Aunque no pueda decirse que: 

« Un enjambre de espectadores nois obseroan ciiidadosa- 

» menie^ sin embargo, la muda aprobación de la concien- 

n cía vale mas que los aplausos del mundo, y sobrevivirá 

n al aire mismo y á la luZj por la cual los elogios del gé- 

5) ñero humano ó los recuerdos de su horaenaje puedan 

tí sernos revelados ». 



1 



\ 



— 82 — 



CAPITULO XVIII 

LOS BANDIDOS CASERAS Y TOLOSA 

En la nota á que nos hemas referido en el Capitulo an- 
terior se encuentra un párrafo que dice asi : 

<í ¿Quién es Tolosa 1 ¿ Quién es Casaras ? Dos bandidoíi 
» que aterran el vecinüario donde merodean; el priineru 
9 con doce ó catorce crímenes y el segundo con cuatro o 
» cinco robos. Si Y. S, tuviera un establecimiento de cara- 
» po y esos dos como otros muchos le destruyeran sus in- 
fl tereses y atentaran á su vidajá buen seguro que no sería 
9 tan benigno como lo es, defendiendo de oficio á indivi- 
» dúos que ellos mismos ni remotamente quieren se le?^ 
» tenga por virtuosos. » (sic) ! ! 1 

Naturalmente nuestros hacendados al leer esa nota se 
habrán dicho: 

s# Qua buen Jefe Político tenemos! Cómo se preocupa 
de nuestros intereses rurales I 

Nada mas erróneo, sin embargo, 

Y nos vamos á ocupar de este argumento para demos- 
trar á los señores hacendados que quien ha conspirado 
contra sus intereses es el mismo señor Jefe Político qui^ 
aqui aparece tan amante de las garantías á la propiedad ) 
á la vida. 

Conviene que asi lo hagamos, para que no se nos iz- 
gue mal. 

Dice el í=enor Jefe Político que Félix Caseras y Níc úq 
T o I o sa so n dos b a ndido s , autor el ano de ca to rce m t/^ í€^ 
y el otro de ^eés robos. ^ 



i 



83 



I Pues bien: ¿consta que el aeiiorJefü Político tiaya so- 
metido á esos paisanos á la acciotí de la justicia,) como 
bandidüsV consta que los haya aprehendido por asesinos?? 

I No: en el capítulo XII hemos visto que en el libro de en- 
tradns de la Cárcel se encontraba estaanotacíon^e^as de- 
mas particalaridades que el Tribunal no creyó deber con- 
signar en su resolución:— Tolosaj agricultor^ preso pou 

VAGO ni 

Es indudable entonces cjue el set'íor Jefe Político nunca 
ae ocupo de Tolosa como si fuera un bandido autor de ose 
buen número de asesinatos, sino del Agricuíior caf/o^ cua- 
lidades antitéticas que se repelen^ que se rechazan. 

Tolosa es agricultorj y sin embargo es preso por vago! 
Si hubiera sabido cumplir con su deber el Jefe Politicón 
si hubiera querido prestar un servicio á los hacendados 
debió someterlo al Tolosa á nuestra jurisdicción para que 
le instruyéramos el sunnario correspondiente y lo remitié- 
ramos al Juez del Crimenj en Montevideo, para que se le 
condenara. 

Entonces, si esos crímenes se hubieran probado, Tolo- 
sa habriasido condenado á muerte^ como lo manda la ley 
y la sociedad se habría librado de ese monstruo, 

PerOj no lo hace así; lo reduce á prisionj por vago, y lo 
pone en libertad antes que nosotros lo ordenáramos, 
(letra W en tA Apéndice) como lo dice en la nota á que an- 
tes nos hemos referido,. 

LuegOj resulta probado que no hemos sido nosotros, se- 
j^un él, quienes hemos ordenado y puesto en libertad a 
Tolosa, 

Mas como él lo declara autor de catorce asesinatos, te- 
nernos que el Jefe Político conspira contra los intereses 
de los hacendados dando soltara á un monstruo, á ua 
asesino ! 

k 



1 



— 84 — 

Hé aquí la tan decantada pasión por los intereses de los 
hacendados 1 

Por otra parte, bueno es consignar aquí que el señor 
Jefe Político ha cometido una falta no sometiendo á la ac- 
ción de la justicia á ese Tolosa, á quien denuncia como 
autor de catorce asesinatos, y que la sociedad está intere- 
sada en que se castigue á ese criminal, si fueren ciertos 
los hechos, ó al Jefe Político por calumniarlo. 

Estas mismas observaciones se aplican á Félix Caseras, 
á quien dice que también lo puso en libertad antes que 
nosotros \q ordenáramos. 

Luego, el señor Jefe Político es el culpable de que no se 
castigue á Casí?ras por esos delitos de abigeato que de- 
nuncia. 

Ya saben, pues, los señores hacendados que ese interés 
que se aparenta en la dicha nota, por parte del señor Jefe 
Político, es ficticio y con el solo objeto de aparecer como 
el centinela de sus intereses y de sus vidas. 

Sepan también que el único defensor de esos intereses y 
de esas vidas ha sido, en este caso^ la ley que aplicsgfnos 
nosotros y que colocó al señor Jefe Político en el caso de 
faltar á la verdad diciendo : que antes de haber ordenado 
nosotros la libertad de Caseras y Tolosa él los había pues- 
to en libertad I 

Dejamos terminado aquí este somero estudio sabré las 
apreciaciones de la nota impropia y nada circunspecta, 
respecto de la cual nada mas dice el tribunal, á no ser la 
de darle esta calificación. 



- 8b — 



i 



CAPITULO XIX 

¡POR UNA DIANA ! 

No vamos á hablar de la Diosa Mitológica de este nom- 
brej con la cual alguna seméjíiDza tienen hoy nuestras au- 
toridades: en que ambas son amantes de la caza. 

Vaínos a hablar de la música* 

Bueno es confundir el placer con el dolor^ lo dulce con lo 
aoiargo, 3o triste con lo alegre, lo ameno con lo útil. 

El incidente ridículo y trajíco que vamos á relatar nos 
hace recordar un cuento t^ue hemos escuchado de los la- 
bios de nuestra madre. 

Noscontaba que su abuela tenia un lechon, el cual re- 
servaba para uno de esos di as señalados en las familias, lo 
qu« quiere decir que se miraba en su chancho^ como vul- 
garmente se dice. 

Saíva la comparación el seiior Jefe Politice, como va- 
raos á verlo, se miraba en su Diana. 

El lechon íaé victima de un ataque inesperado por parte 
de una de las tantas esclavas que tenia la abuela de nues- 
tra Riadre^ y con este motivo le ofrecía á la pobre esclava 
lo que entonces se daba en (7^ tte/¿íí época de ía urania de 
los Godos (cosa que ha desaparecido en esta época de /L 
bertad y garaníias indi o ¿duales), agregando en el entu- 
siasmo fa aeí^ora vieja: te voy á matar s¡ no aparece el 
chanclio. 

La negra al oiría, exclamó: 

Mi ama! mi ama! ^fe vá á matar! y ¡por un chancho i 
pi r un chancho! 



80 actual vienen á ser los instrumentos, y reaccionando, 
mandó Uamat á don Ginéa Monianer. 

EsiG se presentó en Ja Jefatura Política, y^ parece increí- 
ble lo que vamos á relatar. 

Después de algunas palabras descomedidas y dicterios 
ofensivos á toda la sociedad de la Colonia, como arrebata- 
do ese hombre por las furias del AvernOj loco, deliran te^ 
con la vi^ta iiiyfícrada en sangre, los cabellos erizados, se 
levanta^ se afirma sobre sus pies con toda ía fuerza hercú- 
lea de que está dotado, y como si se le aplicara una pila 
eléctrica, se híergue, se arroja sobre el Dírecior de ía Mu- 
sica (quien se fué con la música á otra parte) y blandien- 
do üii puilal b corre escaleras abajo hasta llegar al primer 
descanso, donde r[uedaron en esia actitad: el profesor de 
narices contra la pared presentando un magnífico blanco a 
su contendiente, y éste blandiendo una hoja de acero que 
relucía debido sin duda á los rayos liuninosos que arroja- 
ba su vista y que en aquella se reflejaban. 

El sacrificio parecia consumarse, y cualquiera que hu- 
biera contemplado ese cuadro habría esclamado/ en pre- 
sencia de la mansedumbre del músico: he aquí un hombre 
que se muere armónicamente ! 

Sera una novela cuanto estamos relatanáo? 

Ojalá que lo fuera^ ó al menos que hubiera una ley que 
prohibiera relatar estos hechos, como aquella que prohibe 
la averiguación de ciertos crímenes por estar la sociedad 
interesada en ocultarlos. 

Decimos estOj porque asi no se desacreditaria tanto 
nuestra patria. 

Y, aún hay un Gobierno que diciéndose moral, y soste- 
niendo en su puesto á funcionarios de estas condicionáis, 
se considere con derecho á que el pueblo crea en sus ofre- 
cimientos de sufragio libre f 



— sv ^ 

Irrisión humanal 

Los Gobiernos que proceden como hasta aquí, son re- 
fractarios á la ley, y lo serán rníeniras la acción enérgica y 
decidida del pueblo no les eJiseñe á. cumplir con sus de- 
beres. 

PerOj nos íbamos distrayendo. 

El sacrificio del hijo de Abrahana no se consumo, y al 
músico se viü libre de este incidente sin graoedadj limi* 
tándose á decir, cuando se le rogaba relatara el hecho. 

«Que lo cuente otro ; yo no lo cuento ! '^ 

Lá animosidad contra el Jefe Político, sin distinción de 
personas honradas y sensatas se pronunciój y en vista de 
estOj el león que había encrespado la melenaj descendió 
de la akuraj y los instrumentos fueron devueltos triunfando 
así eltítulo «del dominio» del l'ódigo CivÜj y el músico ro- 
gado para que continuara en el desempeño de sus tareas- — 
y las familias volvieron d oír esas armonías que hacen la 
delicia de las madres que tienen á sus hijos en la Banda 
de Música. 

Y todo esto: 

;Por unaDianaf ó sea como decía la esclava del cuento, 
cometido: 

] Por un chancho ! 



90 — 



CAPÍTULO XXI 

» 
LA PRENSA DEPARTAMENTAL Y EL DOCTOR DON 

ALFREDO VÁZQUEZ ACEVEDO 

Pero, en medio á tanto atentado, á tanto desengaño, una 
luz brillante ha iluminado nuestro derrotero y una voz nos 
ha alentado y estimulado. 

Esa ha sido la de la prensa local. 

El periódico «El Progreso» hábilmente dirigido por el 
joven don Elias Salorio, coadyuvando sus esfuerzos el in- 
teligente caballero don Teófilo M. Iglesias y «El Republi- 
cano» del Rosario, cuya dirección está á cargo del respe- 
table caballero don Félix V. d'Amico, han sido dos atletas 
decididos que han combatido y siguen combatiendo por el 
triunfo de la Ley y de la Constitución. 

Debido á ellos el espíritu público se ha levantado ala 
altura del patriotismo y sus efectos,los hemo^ visto en esa 
pléyade de jóvenes animosos y decididos que han llevado 
su patriotismo hasta el estremo de desafiar las iras del 
representante del Poder Ejecutivo. 

¡Honor á esos adalides de la prensa, y ojalá que, conti- 
nuando esa senda, cosechen los frutos que debe producir su 
propaganda uioral y civilizadora ! 

Séanos permitido, ya que de nosotros hablamos, agra- 
decer las pruebas de simpatía y afección que los veci ss 
nos han dado, y recordarles que ellas nos servirán, ce lo 
lo dijimos, para alentarnos en la lucha por la vida hor i- 
da del diudadano. 



— 91 — 

Pero, no solam^Jiie la prensa departamental y la déla 
Capital también, ha sabido en este caso protestar con toda 
la energía necesaria contra los avances del Delegado del 
Poder Ejecutivo. 

Un ciudadano que en el ejercicio de sus funciones judi- 
ciales estaba llamado á ilustrar la opinión del Stiperior 
Tribuna! de Justicíaj ha levantado bion en alto la bande- 
ra del derecho haciéndose acreedor al recuerdo que á 
nombre del deparlamento de la Colonia dejamos aquí con- 
signado. 

Ese ciudadano es el doctor don Alfredo Vaz<iue2 Ace- 
vedo, quien, en e! desenripefio des'i=; funciones como Agen- 
te Fiscal, ha solicitado^ como vá a leerse, medidas seve- 
ras y enérgicas, con toda independencia, represivas de los 
atentados cometidos, 

De esos documentos no hemos hablado en los incidentes 
que relatados quedan y á que ellos se refieren j porque no 
teniaraos conocimiento de su existencia — Há pacos dias 
los obtuvimos. 

El Tribuna! no solo ha prescindida de la opinión en 
ellos manifestadaj sino que ni !as ha mencionado en su re- 
solución, como puede verse en el documento letra E* 

Dejando asi cumplida esta deuda de gratitud para can el 
funciunarJo que ha sabido cumplir con su deber, termina- 
moSj con la publicación de las dichos docurnenios, que 
vienen á probar una vez mas la justicia de la crítica que 
hemos hecho á las resolucioues del Superior Tribunal de 
Justicia, en las cuales no debe verse una personalidad, 
pues como particulares apreciamos y estiraamos^'"á quienes 
c mpanen la dicha .'^rporacion, no solo par su^ relevantes 
d tes, sino por habernus proporcionado la oportunidad de 
c nvencernos queíodavia hoj domina la fuerza j y que la 



í 



1 



i 



r 




- 92 - 

independencia de los funcionarios judiciales no es todavÍM 
un hecho real y verdadero en nuestro país, ó como dice un 
ilustrado amigo nuestro: la fibra legal no existe aún. 
Héaquí esos documentos: 

EVACÚA LA VISTA 

Excmo. señor: 

Estos autos vienen elevados á V. E. por el seíiorJue/ 
Departamental de la Colonia en virtud de la nota del señor 
Jefe Político del mismo Departamento que cbrreá f. 41. 

Resulta de esa nota que el señor Jefe Político de la Colo- 
nia después de haber recibido orden del Juez Departamen- 
tal para poner eñ libertad á un encausado llamado Félix 
Caseras, á pretexto que este individuo, por sus entradas en 
la Policía, y por su estado.de vagancia era perjudicial á la 
sociedad, lo destinó á una compañia del 1°. de Línea, y 
habiendo cometido en ella un acto de insubordinación lo 
condenó á dos meses de prisión. 

El Juez Departamental de la Colonia encuentra en esos 
actos dos faltas de parte del Jefe Político; un desconoci- 
miento de sus órdenes y una invasión de facultades; y así 
es, en efecto. El desconocimiento de las órdenes del señor 
Juez Departamental consiste en no haber la Jefatura Polí- 
tica puesto en libertad al encausado Caseras, una vez dic- 
tado y comunicado el auto de escarcelacion, estando como 
estaba ese individuo bajo la esclusiva jurisdicción del Juz- 
gado Departamental. La invasión de facultades consiste en 
haber asumido la Jefatura de Policia el juzgamiento y cas- 
tigo de delitos de la esclusiva competencia de los Tribu- 
nales. 



-^ 1Í3 — 

H Ambas faltas no pueden ser mas graves, puesta que 
^ifectanála soberanía é independencia del Poder Judicial y 
á laa garantías individuales que fa Constitución y las Leyes 
consagran. 

Por consecuencia — este Ministerio solicita deV, E. que 
se pongan lo* hechos en conocimiento del Poder Ejecuti- 
vo, para que éste se sirva dictar las medidas necesarias 
á fin deque no se reproduzcan en eí porvenir. (1) 



I 



A Ifredo Va:s(] aez Acevedo. 



EVACÚA LA VISTA 

Excmo. seííor : 

Confecha20 del corriente dictaminó este Ministerio en 
una queja del señor Juez Departamental de la Colonia con- 
tra el seiior Jefe Politíco del mismo Departamenio, por 
desconocimiento de mandatos judiciales é invasión de fa- 
cultades en la causa de un individua llamado Félix Cace- 
ras^ pidiendo á V. E» que interpusiera ante el Poder Eje- 
cutivo la debida reclamación. 

Este espediente instruye de nuevos hechos arbitrarios é 
injustificados del seíjop Jefe Político de la Colonia. 

No pueden, en efecto, calificarse de otra manera los 
hechos que resultan constatados en él; es decir: el hecho 
de haber tenido preso durante largos dias al individuo Ni* 
colas ó Nolasco Tolosa sin someterlo á la jurisdicción del 
Juzgado Departamental; el de haber resistido su escarce- 
lacion en tiempo oportuno á pesar de loa mandatos judicia- 
lee; el de haber falseado la verdad con ocasión de las ave- 



(1) Véaee Capítulo X. 



^- 94 - 

ríguaciones practicadas por el Juez para constatar la pri- 
sión de aquel individuo^ negando oficialmente y bajo pre- 
textos fútilos lo que particularmente habia confesado, é in- 
íiucido á sus empleados á hacer lo mismo: el de haber 
inducido al Alcaide á desconocer la autoridad del Juez De- 
parfamentftl en actos deservicio de la Cárcelj estando como 
está expresamente establecido porvlas leyes (articulo 41 í) 
del Código de Instrucción Criminal) que los Alcaides de- 
penden únicayesclusívamente de los Jueces respectivos; 
y por últimOj ei de haberse resistido á cumplir las órdenes 
de arresto del Alcaide. 

Todos estos hechos revelan de parte del Sr, Jefe Políti- 
co de la Coioníael propósito decidido de sobreponerse a 
la jurisdicción lejítima del Juez Departamental, haciendo 
predominar su voluntad sobre los mandatos judiciales y 
las disposiciones legales. 

La Administración de Justicia enlates condiciones no 
es posible; y V, E. dehe en concepto de este Ministerio re- 
clamar inmediatamente del P. E. la represión de los pro- 
cederes del setjor Jefe Político de la Colonia, y las medi- 
das necesarias para que las autoridades judiciales del De- 
partamentosean respetadas estrictamente en el ejercicio 
de sus funciones. 

Respecto de la comportacion del Sr, Juez Departamen- 
tal de la Colonia^ mucho tiene este Ministerio que decir en 
favor de ella, pero algo tiene también que decir en contra. 

El Sr. Juez De, artamental de la Colonia ha sabido cum- 
plir con energía poco común deberes importantes de su 
cargOj ha defendido dignamente su jurisdicción y las ley ■ 
que tutelan la libertad y la seguridad individual. A a ^ 
respecto no caben dos opiniones, 

Pero en uno de tos incidentes de que instruye este &xi 



■^ 



— 95 — 

diente ha cometido un error i^ue V. E. no puede san- 
cionar. 

Se refiere este Ministerio al auto de f. 13 vuelta en que 
se manda oficiara! Jefe Politico para que en el día infor^ 
forme sobre la causa de ía prisión de Tolosa, y en el día 
tambieo proceda á la prisión del Alcaide, bajo apercibi- 
miento de ¿o que hubiere luf/ar por de^'ecko contra el fun- 
cionario q'ie no sabe ó no quiere cumplir 'on eus deberes. 

Los Jueces no pueden dirigirse á los Jefes Políticos en 
esos términos que solo son propios tratáadosei e superior 
á inferiorj ni menos hacerles reprocb.es 6 apercibimientos 
de ninguna uiase. 

El Juez Departamental inaníPiesta en una délas notas 
transcriptas en el telegrama de f. que su mente no fué 
apercibir al Sr. Jefe Político; peroj la verdad es, que los 
términos en que está concebido el auto citado^ autorizan 
para suponer lo contrario. 

No obstante lo expuesto, V. E. decidirá lo que estime 
mas arreglado. (1) ^ 

A ¿/redo Vázquez Aceoedo. 



(1) VéftBf* Capítulo XL 



-- 96 



Terminamos este libro esclamando: 

Cuando un Tribunal declara tjue los incidentes relatador 
no revisten carácter de gravedad, que ooioquen al Juez en 
el caso de renunetar indeclmableicient&, y sin que solicite 
el castigo inmetJiato del representante del Poder Ejecuti- 
vo^ es porque hemos descendido mucho en el nivel morai, 
y porque no impera la leyísinola Dictadura del Ejecutivo, 
con quien^ parece, )?e hubiera hecho una intima alianza! 



r 



APÉNDICE 



r^ 



f 



RENUNCIA 



Excmo, señor 



; Pongo en conocimiento de V. E. el nuevo conflicto acae- 
cido con la Jefatura Política de este Deparlamento. 

Los amosque remito (1) revelan elocucnteúiente la de- 
cidida resolución por parte del Delegado del Poder Ejecu- 
tivo de hacer una burla sangrienta de la adminisiracionde 
Justicia. 

■ Pero, sieso es lo que se deduce de los au(o3, con in- 
dignación se impondrá V. E. de l09 hechos que no han de- 
bido consignarse en el eapedientej por no ser stíngentesá 
la instrucción sumaria, pero que tienen su dehi,do lu- 
gar en esta nota, para que V. E. se convenza si b^ una ver- 
dad ta independencia de la Administración de Justicia en 
este Departamento. 



(1) Espediente para averí^nr la?* cauBts que motivaron la 
prisión ú^ Nicaaío Tak«a. 



— 100 — 

Esios hechos deben relatarse tal como han sucedidOj 
para mengua del paig, porque la verdad de ellos as fácil 
comprobarla. 

Cuando e) infrascrito^ acompañado del Escribano actua- 
rio y un Escribiente, se trasladó á la Alcaidía, el señor 
Jefe Político Teniente Coronel don Benigno P. Carámbula, 
sin solicitar la anuencia del Juzgado, se introdujo en la 
habitación tratando de inmiscuirse, como lo hizo^ en el 
acto que desempeñaba el que suRcriba. 

De eüo instruirá á V, E. la diligencia de foja firmada 
por el mismo Jefe Política. 

El infrascrito sorprendió en las maneras del señor Je- 
fe Politico una resolución é intención que no debo calificar 
en esta nota; pero, haciéndose superior á las pasiones hu- 
manas y recordando c|ueert ese momento desempeñaba la 
misión augusta de Juez, pero del Juez que no tenia á su 
disposición otra fuerza que la de su conciencia y del dere- 
cho conque procedía, pidió al señor Jefe Político se sirvie- 
ra retirar pues ibaá proceder á tomar declaración al Al- 
caide, y ía ley prohibía su presencia en ese acto, como la 
de cualesquiera otra persona. 

Conirariado, se conocía, supo respetar á la justicia, ea 
ese momento, y el infrascrito, dispuesto siempre á conci- 
liar y ver en los actos de este funcionario mas bien el re- 
sultado de errores que de mala voluntad, creyó que habin 
reflexionado y reconocídose internamente culpable. 

Se au*=ienta el funcionario, y el Alcaide, joven de diez y 
nueve años, se vá tras él á cunsultarle sobre si debia de- 
clarar, y cómo debia hacerlo. 

Vuelve, y V. E. encontrará la declaración que prestó 
f, en la que incurre en el delito de perjurio y contradice o~ 
nes flagranles (preguntas de f. y f. ) 

Niega todo, y un joven á la edad de diez y nueve b n^ 



— 101 — 



_ 

I tiene el valor necesario para desmentir al Juez que había 
I presenciado los hechos. 

I Prestó el juramento^ y el que suscribe, al terüoinar la 
I declaración, le llamó ia aleficion sobre el juramento pres* 
' lado, haciéndole afirmar en él, lo que hizo con una impasi- 
bilidad imperturbable. 

]Qu6 diez y nueve anos precoces I (1) 
El perjurio lo encontrará V. E. comprobado por las de- 
claraciones de los señores don José María Ramón y don 
Nicasio Paredes^ empleados ambos déla Jefatura Política. 
I Por esa razón, y por la falta de respetosa que se refiere 

^ la diligencia de f., ordené el arresto del dicho empleado, 
cuya orden no se ha cumplido hasta ahora por el E^eñor Je- 
' fe Poliiico. 

I Pero, continúo. 
Como lo demuestra la diligencia de f., el Alcaide, por %\ 
y ante s¡j se retiró del local en el que se le estaba tomando 
la declaración j diciendo que antes de firmar i&nia que con- 
^aíiar con su /e/e. 

Pobre autoridad moral lá del Juez ! 
El Juez carecía de la fuerza para hacerse respetar, por- 
que en nuestro país, por una aberración inconcebible, los 
Jueces somos todo en las leyes y nada en la práctica. 

Tuve que soportar esta nueva afrenta, pero, con la es- 
peranza todavía de que el Jefe de ese empleado, que tam- 
bién está á mis órdenes, en vez de hacerse cómplice del 
desacato, castigarla allí mismo rJ que hacia escarnio de la 
Justicia. 



(O Ui'bo hacer prestante que ü1 eabei^e la aceptación de la 
renuoi'Ai, este jóv^n fué repuesto como Alcaide, lo que quiere 
-lecir que aquí se uotan pdpablcmente los efectos de la impu- 
lidad de la falta. 



— 102 — 

Poco tftrdó en regresar el empleado, y mi ííqsíoti doré 

pocos minutos, 

Regre&a con el Sr. Jefe Político^ quien volvió á introdu- 
cirse sin la anuencia del Juzgado /proñriendo térníiinos des- 
comedidos y ordenando a>\ Actuario certificara sobre lo qu« 
V. E. encontrará en la diligencia de f, y ordenando enton- 
ces al Alcaide que firmara la declaración^ conio cobista 
por la propia firma del dicho seiior Jefe Político. 

y. E. debe comprender toda la violencia que habré ejer- 
cido sobre mi mismo, pero recordaba que una eecena per- 
sonal, la mas leve imprudencia de mi partBj trastornaría 
aquel acto y lajosticia no coaseguiria los ñnesque se pro- 
ponía. 

Las alusiones personales del señor Jefe Político no fue- 
ron contestadas. Devoré en silencio la nueva afrenta, é im- 
pasible continué redactando esa diligencia de f. en la que 
no accedía la orden que él daba al Actuario sino que yo 
mismo hice la compulsa del libro comú lo tenia ordenado 
en mi auto de f. para cuyo objeto me habla constituido aa 
la Alcaidía. 

De todos modosj aunque empleando medios reprobados, 
el señor Jefe Político reaccionó en ese momento, á estar á 
la negativa de que dá cuenta la diligencia de f< 

Las demás f. del Bumario demostrarán á V* E. el respeto 
que á este Juzgtado tieoe el úldnao empleado que esiá é sus 
érdeoies: el Aieaid^^ciMindo hasta para cumplirse ]o or- 
denado á f. (rueda de presos) por al infrascrito, no lo bÍ2o 
sin antas* obtener el beneplácito del Jefe, y este tenerel 
valor necesario para decirle que cumpliera, sin compr \- 
der que no era al Juez á quien solamente se afrentaba eí 6 
al Gobierno que representa, y que, seguro estoy^ ha de : l- 
ber reprimir este abuso. 

Entrando ahora al fondo de la cuestión, V.E. encor k- 



á 



J 



— 1Q9 — 



Irá constatado eu et sumario que el señor Jefe Político ba 

I querido hacer uso de una chicana de litigante. 

^ Ordeno la libertad de Nica^io Tolosa (1) y aquel, que 
gabia á quien me referia por la conversación que ya había- 

I mos tenido, iiegmi consta da las declaraciones corrientes á 
f y f, eontestaqua no hay ningún NolascoTolosa^ja^f^o sa- 
bia €/ue habia un Nicaaio Tolosa^ según lo espsdito que 
estuvo paramoBtrar la foja 28 del Libro de Entradas á que 
se refiere la diligencia de f, quB también aparece firmada 
por el dicho señor Jefe Político. 

Es serio, es político este proceder entre autoridades que 
deben combinar sus esfuerzos para que las garantías indi- 
viduales Simn un hecho f 

Noi ni el Juzgado podia permitir que asi se burlaran sus 
resoluciones. 

Nopodiaquedar como falsario el infrascrito desde que 
él decía en el auto cabeza de proceso que al individuo To- 
losa lo habla visto en la Cárcel ^ y desda que ai mismo Al- 
caidcj en su diligencia de f. decia que el dicho preso es- 
taba allí pero que no loponia en Uberiad por estar á las 
ordenen éal señor Jefe Político^ 
Sin embargo^ ¿qué ha sucedido ahora que el Juzgado ha 

' ptdido informes á la Jefatura respecto al Nicaeio To- 
losa ¥ 

[ Nadaba contestadojcomo tampoco ha dado cumplimien- 

'' ío á la orden de arresto contra el Alr^^ide. 

Ahora bien: durante el término d© dos meses y medio 
que ha regenteado este Juzgado^se han suscitado diez inci- 
dentes con la Jefatura Política, con motivo de prisiones 
indebidas unaa y libertad indebida de otros. 



\ Aun no se eabe dónde eatá Toloea, pues el Jue* del 
Ct "^o ha informado qtue no ha llegado i ^u eaaa. 



— lOé - 

El Juzgado ha llegado á conyencersa de lo siguiente: 
que no tiene autoridad ninguna. 

La Dicradura del Delegado del Poder Ejecutivo se impo- 
ne y V, E. comprenderá que amenazada asi la independen- 
cia de este Juzgado, la marcha de la justicia solo es posible 
abdicando de sus facultades propias y haciendo a un lado 
la dignidad de un hombre. 

PerOj todo lo que pudiera decir está sintetizado ene 
párrafo 4ae trascribo áñ\ discurso del doctor don Ped 
Gómez de la Serna^ pronunciado en la solemne ap&rtuí 
de los Tribunales, en España, el 16 de Setiembre de 18^. 

« Cuanto mas difíciles sean las circunstancias en que 
podáis encontraros^ tanto mayor será vuestra constancia 
para vencerlas con gloria y de una manera digna de vos- 
otros. Esperemos después de tantos sacrificioSj cómo peí 
espacio de dos generaciones hemos hecho para conciliar^ 
la libertad con el orden, re<;ojer el fruto de nuestros per- 
severantes esfuerzos; que los principios escritos en la lev 
fundamental del Estado, convenientemente de sarro 1 lado ? 
sean una verdad de hecho; que cierre el período de laí 
reacciones y de los movimientos que son su indeclinable 
consecuencia; que vivamos en paz la vida de los pueblos 
libres; y que la justicia quede asentada sobre bases firrae&j 
y duraderas,* 

« Mas si en los arcanos del porvenir está escrito que 
aun nos han de quedar di as de prueba, si han de repetirse 
los esfuerzos de los que quieren que el mundo retroceda^ ^ 
si estallan las pasiones políticas en medio de desórdeni 
tumultuosos^ y á la sombra de unos ú otros acontecimien- 
'tos se exigiese el sacrifício de la justicia á consideraciones^ 
que no pueden pesar en vuestras almas; si una dictad ui 
venga de donde viníeaej sobreponiéndose alas lejes, í ij 
las resoluciones severas^ necesarias y justas del Podei i 



f 



— lOú — 

dícial^ rompiese todas las barreras^ saltase sobre los prin- 
cipios, y ame oazasB con BUS iras á los que admiuistran 
justicia, entonces el magistrado rectOj armado de valor 
cívico^ ñrme en su puesto^ encerrado en sa conciencia, 
envuelto en su toga, sin provocar conflictos, sin escluir 
corapromísoSj limitándose á sostener la incoluranidad de 
Jos derechos que la ley ha puesto bajo su salvaguardia^ 
sin alardes, sin jacta ncia, sin impaciencia, con modestia, 
con prudencia^ íjjoa los oji>s en el cielo, debe esperar las 
consecuencias de Ja arbitrariedad de los que ciegos corren 
á un precipicio cierto, y su conducta noble, divina y patrió- 
tica será á la vez consuelo y esperanza de los oprimidos y 
el vaticinio de la caida de poderes arbitrarios que no pue- 
den menos de ser pasajeros en nuestros dias. Así se enal- 
tecerá la toga, asi será respetada por todos los pa^iidos, asi 
y solo asi puede alcanzar la altura que es necesaria para 
bien de todos, Y si, lo que no es de esperar, llegase el ca- 
so de que no podáis salvar vuestros deberes como jueces y 
vuestra dignidad de hombres, ni resistirla opresión, a con- 
secuencias de la libertad que es necesaria para el ejercicio 
de vuestras funciones^ debéis despojaros de la toga y dar 
una lección saludable á los que conspiren hasta tal punto 
contra el Poder Judicial, contra la encarnación del dere- 
cho, y Dios y loa hombres os harán justicia.» 

Renuncío, ruES, iNDECLiNABLEMEr^TE, el puesto que me 
fué confiado, agradeciendo á ese Tribunal la dísüncion de 
que fui objeto, creyendo que ai no he hecho tanto cuanto 
puede hacerse, he hecho al menos cuanto rae ha sido posi- 
ble hacer. 

^^ Juzgado queda al dia, y el que venga á sucederme no 
trará ningún espediente pronto para sentenciar, pues 



i 



i 



106 



el único que hay eita pendiente de una resol ucian diciada 
para mejor proveer (1). 

Quiera V, E. convencerse de que ía resolución adoptada 
efl la que correBponde al Juez que sabe estimarse, y qu« al 
que suscribe no olvidará nunca la distinción de que fué ob- 
jeto por parte da ese Tribunal. 

Dios guarde á V, E. muchos años, 

Alberio Pnlomeque. 



0) Eiípedieute de K«Hin Martiuez Caatro con Máximo 
Agiiilar, resuelto despuep, habiendo en seguida puésloge al des- 
pacho otros varioíi los cuales han sido senteneiadns, con eiícep- 
cion de do^queson los que queda o^loR cualeí? ya están ealudiado^ 
tos que no he ftenleneiado según consta de la provideucia en 
ellos inserta^ por haber tenido conocimiento de haberse acep- 
tado mi renuncia— Ksos espedientes son ^os siguientes: Ginés 
Alia mira con Zenona Fernandez y M¡Ueo Parissi con Vicente 
Bodrigneít. 



^ 






— 107 — 



Colonia, Noviembre 13 de 1880. 

Eiesultando de este sumario coartada !a acción del Juz- 
gado por Ja Jefatura Política, remítanse las actuaciones al 
Superior Tribunal de Justicia, y en la nota respectiva con- 
sígnense tos hechos que tuvieron Lugar en el acto de la 
traslación de este luzgado á laAlcaidiaj y en la misma 
hágase presente, que el ínfrascnto rentincia indeclinable- 
mente el puesto que desempeña por haberse convencido 
de que su independencia con^o Juez no existe ante los 
avances del Jefe Político, 

Comisiónase para conducir este espediente^ y la nota 
respectiva al Acluario del Juzgado, 

Pahmeque, 



\ 



— 108 — 



D 

Señor doctor don Alberto Palo meque 

Presente 

■ 

Muy señor nuestro : 

En honor de la verdad, y en contesíaciou á su carta fe- 
cha de hoy^ debemos manifestar que lo que usted relata en 
el Capítulo 1', del opúsculo «Historia de una serie de aten- 
tados» es efeciívamente ciertOj debiendo agregar que esa 
conversación fué públicaj en los corredores de la Jefatura, 
y en voz bien alta, sin que revistiera^ por lo tanto, uu ca- 
rácter privado. 

Sin otro motivo saludamos á usted atentamente 

Teófila M. Iglesia/t. 
Elias Salorio. 

ÜolonÍH, Eücrol', de 18K1. 



r 



— 109 — 



E 



Rciioliiclfpu del TrlItuB»! eon mellvo de I»» 
conflictos suscltiidos rntre el Juez Lef ri»do 
de ím Colonln y el señAr Jefe Polftleo. 



Vistos lois expedientes remitidos por el Juez L. Departa- 
mental de la Colonia^ para fundar la queja deducida contra 
el señor Jefe Político de dicho Departamento, y cuyos es- 
pedientes llevan los números 37, 46, 63 y 64, 

Resultando del primero de dichos expodientes — 

L f Que al ir á notificar al procesado Juan Medina el día 
"¿5 de Setiembre del corriente año, la sentencia que le con- 
denaba á seis meses de prisión, ó trescientos pesos de mul- 
ta» el Alcaide de la Cárcel, en que debia aquel encontrarse, 
expuso bajo su firma, f. 34 vuelta, que no podía presentarlo 
por el nr.omento por haber Balido en bu^ca de provisiones 
para la cárcel; 

2? Que con motivo de esa diligencia, el señor Juez De- 
partamental dictó su auto de f, 35, fecha 7 de Octubre, ha- 
ciendo constar que del libro del Alcaide y de la manifesta- 
ción verbal^ que le había hecho el tnismo Jefe PaltticOj re- 
sultaba que el proce^^ado estaba en libertad por orden del 
referido funcionario de^de el 13 de Setiembre, razón por- 
que le recomendaba procediese á la inmediata prisión del 



- lio - 

procesado, axhortándole á la vez á que reprimiese ai Al- 
caide que habia faltado á la verdad^ engañando al Juzga- 
do con OTcposicíones falsas; 

3 P Que habiéndose mandado liquidar el tiempo que fal- 
taba al procesado para cumplir su condena, con arreglo á 
las constancias délos libros del Alcaide, este se negó ^ 
manifestarlos^ según la diligencia de f. 47; 

4p Que habiéndose mandado comunicar á la Jefatura 
la falta del Alcaide, f. 47, exhibió este los libros, resultan- 
do de ellos que en efecto el procesado fué puesto en liber- 
tad por orden del señor Jefe el dia 13 de Setiembre, siendo 
restituido á la cárcel el 8 de Octubre, f. 48 y 49; 

5 P Que en presencia de esos antecedentes el señor Juez 
mandó con fecha 18 de Ncviembre elevar la causa al Tri- 
bunal á ñn de que resuelva lo que corresponda respecto de 
la falta del señor Jefe Político. 

6 ? Qoe el mismo dia 18 de Noviembre se le pasó al Juz- 
gado la nota de t 51, por la que^ á la vez que se le hace sa- 
ber que la Jefatura no ha recibido la nota de fecha 7 de Oc- 
tubre á que se refiere el segundo resultando, le comunica 
también que c^n motivo de la advertencia verbal que el se- 
ñor Jueab^bia hecho al señor Jefe Poliiico, de no encon- 
trarse en la Cárcel el preso Medina^ habia averiguado las 
caucas, y reconociendo que ese hecho era debido á un error 
había reducido á prisión nuevamente al procesado- 

7p Que la negativa del Alcaide á poner de manifiesto 
los libros de su oñcina al Actuario del Juzgado, cuando se 
lofl reqairíó por orden del luñ¿, obedece al Reglamento In- 
terno de la Jefatura; y que an cuanto al engaño qite el mis- 
mo Alcaide hizo al Juzgado^ \m Jefatura prometi6 darte 
correctiTo que merecía. (Ij 



(1) Nunca se castigó esta falta. 



^^ 



í 



— 111 — 



Considerando con relación á loa hechos es puestos : 
1^ Que despuee de la nota de f . 51 á que se hace refe- 
rencia en el último resultando ©I incidente no debía tener 
ulterioridad alguna sino es en el sentido de que no se repi- 
tiesen las faltas subsanadas ya^ de acuerdo con lo dispues- 
to en el auto de 7 de Octubre á que se refiere el segundo 
resultando. 

Resultando del expediente número 46 arriba citado: 
1 P Q le á causa de haberse negado á declarar el Sub- 
De legado del Rosario ante el Juez de Paz de la localidad j 
con motivo de la prisión á que fueron reducidos los her- 
manos Rodríguez y Félix Caseras, f. 10 vuelta^ y puesto 
ese hecho en conocimiento del señor Juez Letrado Depar- 
tamental, d icio este su auto de f 18 vuelta, por el que en- 
tre otras cosa^ se mandaba poner el hecho en conocí mien- 
to del ^etlar Ministro de Gobierno^ d^l señor Jefe Político 
del Departamento y del Tribunal de Justicia^ pidiéndole al 
segundo pudiera á disposición del Juez de Paz del Rosario 
la fuerza pública para que pueda cumplir con lo ordenado. 
3 f* Que la nota pasada á la Policía fué contes^tada al dia 
siguiente por la de f. 29, en la que si bien el señor Jefe Po- 
lítico no conceptúa arreglado el temperamento adoptado 
por el Juzgado, desde que este no se había diríjído antes á 
la Jefatura para que ordenara al Sub-Delegado que se 
presentara al Juzgado á prestar declaración, se concluia 
por asegurar, que aquel funcionario declararía tan luego 
como se le señal &se día y hora, como en efecto lo hizo, se- 
gún consta á f. 22, lo que vino a poner término al inci- 
dente, de una manera satisfactoria para ambas autorida- 
de«, segí J^claró por auto de f. 30 y nota de f. 33; 

4p Que terminado el sumario se dictó el auto de f* Sti, 
poniendo en conocimiento del Sr. Jef .^ Político la falta co- 
metida por su Delegado en et,Rosario,á fin de que adoptas* 



1 



— 112 — 



la^ medidas necesarias para que no se repitiera aquella 
falta, á la que la Folicia contestó por su nota de f. 37 rna- 
nifestaiido haber dado cumplimiento á lo resuelto por ei 
Juzgado. 

5 ? Que recibida con posterioridad la nota del Ministe- 
rio de f. 38 acusando recibo á otras del Juzgado y especial- 
mente de la que le comunicaba la terminación del inci- i 
dente con la Policía, el señor Juez mandó que se agregase 
á los autos y se contestase poniendo en conocimiento del 
Ministerio la resolución de f, 36 y consigtiándoge en el 
mismo oficio los incidentes acaecidos en las causas cri- < 
mínales de Juan Medina y Máximo Jarques- 

6p Que en seguida se encuentra el auto de f, 39, fecha 
2 de Noviembre, en el que manifestando el Juzgado haber 
tenido conocimiento, íson moiivo de la visita hecha en la 
Cárcel el 31 de Octubre, que el individuo Félix Caseras, 
mandado poner en libertad en 10 de Agosto, se encuentra 
actual men'e preso, ordena se notifique al Alcaide lo ponga 
en libertad y en el iia se pase oficio al señor Jefe Político 
á fin de que informe la causa ó causas que han motivado 
la no libertad de Félix Caseras; 

7p Que el señor Jefe Político por su nota de 3 de No« 
vierubre f. 1, informa: * Que la libertad de Félix Caseras 
>i juntamente con la de Gregorio y Severino Rodríguez, se 
» veriñcó el mismo día JO de Agosto en que ladecre ó eL 
>i Juzgado, y que asi lo comunicó la Jefatura en su ofício 
« 13 del mismo, n 

fl Que la Policía vistas las repetidas entradas que e) ci* 
V tado Caseras ha tenido en la 2?^ Sección y su estado de ! 
» vagancia, lo desuñó á la compañía de linea que s© en- ' 
•4 cueritra en aquel punto, en la cual presta servicio di 
1Í ranchero hasta el Í5 de Setiembre, fecha en que se in- 
« subordinó con un Superior, y que la Jefatura dispuso de- 



'^ 



Á 



— 113 — 

> teiierlo %n arreeto por espacio de dos me&es, condena 
n qua vence el 25 d^l corriente (Noviembre). » 

8p Que eíL presencia de cs^ comunicación de la PoH- 
cia, el Juzgado dictó su auto di' t\ 41 vuelta, que diceaai: 
«Noviembre 5 de 188G. * 

•(Resultando del contesto de esta nota y de la denuncia 
verbal hecha por ©1 reo Caseras al infraBeriptOj que no fup 
puesto en libertad, hecho que se comprueba por la cir- 
cunstancia de nú haber contestado ei señor Jefe Político la 
nota en que se le comunicó la libertad del preso; á pesa 
de Joañrmado enesta. h 

4 Por esto^ y en vista de la invasión de facultades á que 
se refíere esta nota, como ser la de castigar vagos^ impo- 
oer penas por dos meses, sin previo juicio, destinar un ciu- 
dadano al Ejército de Linea etc, etc., remítase al Superior 
Tribunal de Justicia para que resuelva lo que crea conve- 
niente, sin perjuicio de contestarse por este Juzgado al se- 
ñor Jefe Político lo que corresponde. » 

Consid rando en lo relativo á los hechos expiííDsros: 

1? Que si bien los hechos relatados en el 2? y 3er. 
Res ul ta n d o d e m ues tr an h ab er terminado sat i sfa cto r íamen - 
te el incidente, hay verdadera conveniencia pública en re^ 
clamar del Gobierno haga ver al seüor Jefe Político de la 
Colonia, como á cualquier otro que como él piense, el error 
©n que están al creer que euesubalternüs no deben concur- 
rir á prestar declaraciones judiciales sin su previo consen- 
timtanto, pues esa creencia no solo encontraría ala ley, 
sino también perjudicial á la regular y breve marcha de 
Ia Administración de Justicia, baeiénJose presente al seilor 
J uez Departamental que para obtener la reparación déla 
fialta cometida por el Sub-Delegado del Rosario á que se 
refere al primer Resultando, bastaba haberse dirigido ¿ 

k 



•^ 



— 114 — 

sti Síif**H if inmedÍAr~j, el sea ^ Jefe Poíítíco de la Colonia, 
y ^n\o í»" T"iSüiial en el ca^j 4e '\\'^ dicho faDcionaria no te 
habí era prestado el aiixíü~» ciecesaríij; 

2 r Qi^*í "^i* eaanco til hecho .^ *\'ie se ivSere el 5 P resul. 
taodo^ desde *|ae -^^e iracaba de ua prestí fjue no estaba so- 
metido ñl Jijzg^do, el ^^ñ^^r Juez debió e:iipezar por pedir 
informa ñ Iti Policía sobre las candas qae motivaban sü 
prisioo ys-lo en pre^eacía de e#e informe* y demás datos 
que creyer^e ni^eesario coopta tar en el prí^ceso, ordenar su 
libertad para no incarrir en la responsabilidad que le im- 
pondría el ariieiilo V^2 del Cudigo de Procedimientos— 
pues procedieniio de otra manera no solo se falta á h< 
consideraciones que deben ^jardar^e las autoridades eje- 
cutiva y judicial entre si. sino que se espine a invadir las 
atribuciones del Delegado del Poder Ejecuiivo, que liene 
también por nuestra '> le_ve^ la de reducir y mantener en 
prisión en los caso^ y por el tiempo determinado en las 
mismas leyes; 

3 r^ Que aun cuando en el üas*> concreto el preso ha si- 
do puesto en libenad a mérilo de la actitud asumida por 
el señor Juez luetrado DepanamenTal, hay sin embargo, i 
verdadera conveniencia pübJicaen que el Poder Ejecutivo ' 
haga vera ^n Delegado en la Colonia lo erróneo de la doc- 
trina que sostiene por su nota de 3 de Noviembre, áque m 
refiere el tí p Resultando, para que no incurra en lo sucesi* j 
vo en faltas análogas. 

Resultando de! expediente numero 63 arriba indicado: 
1 7 Qiieel Sub-Delegado de Policía del Ro&aric^ arres- j 
t'> y mantuvo durante 24 horas en arresto al Teniente Al^ 
caldi' de uno de los distritos de esa Sección, porsuponerli 
cómplice en el robo de un caballo^ por el hecho de habe 
expedido un certificado de venia, sin la constancia dése 
el verdadero vendedor dueño del caballo. 



— 115 — 



I 3p Que la prueba del hecho e?ítáen el mismo infonTie 
I del Sil b' Delegado corres pon diente^ de f. 8 en adelanle, pre- 
tendiendo justificar su proceder con lo dispuesto en íos ar- 
ticulóos G44y G47 del CóiHgo Rurf\Ij y partiendo de la base 
de que el caballo es en efecto ajeno, lo que no consta de 
autos, 

3p Que conocido por el setior Juez Departamental la 
verdad del hecho denunciado, mandó con fecha 5 ,de No- 
viembre remiiir Irs antecedentes al Superior Tribunal de 
Justicia á fin dt? que resuelva lo que estime "conven iente, 
foja V¿ vuelta. 

Considerando relativamente á los hechos resultantes del 
espediente número 63. 

4p Que comprobada la falla cometida por el Sub-De* 
legado del Rosario, el señor Juez Depariamciítal debió 
ponería en conocimiento del Jefe Político á fin de que co- 
mo superior inmediato de aquel funcionario reprimiese esa 
falta, como se ha establecido en el primer Cousiderando re* 
lativü al expediente numere 46, 
i Resultando del^expedíente número 64 arriba indicado: 
j 1 p Que sabedor el Juzgado de que en la Cárcel, se en- 
' contraba un preso IJamado Nolasco Tolosa hacia mas de 
un mes, sin haber sido puesto á su disposición y qne tam- 
poco lo estaba a la del Juez de Paz, f. 1 y f. S vuelta, dictó 
el auto de f. 3 fecha 10 deNovieinbre, por el que Qrt}enaba 
que el Alcaide pusiese en el día en libertad al referido To- 
losa, disponiendo ademas que el referido Alcaide i^ diese 
cuenta en lo sucesivo siempre que se encontrase, eo la Cár- 
cel un prevenido sin haber sido sometido al Juez compe- 
tente, de pues de vencido el lérmiuo de las condejia? que 
pueden imponer las Jefaturas PoüticaSj cpn ^rregja á lo 
dispuesto en el aríiculo lí> del Código de Instruepípn Cri-i 
minal, mandauíio sin perjuicio que informas^ la Jaiatura 



-116 - 



X -«^«.*« o«« han motivado la prí- 
Polítíc* «obre líi causa ó cau«M qw 

«onde •P**»*"-.^ig^^ Noviembre la Jefétuta infótiní^ 
20 Que coniecha 18 «^° existía ningún preso 

porsunotfcf. *' 'l'^^ • "J*. mientrM q«e el Alcaide ex^ 
',ue s. ll*me Nola.co Tolosa mj^a^ ^^ ^^^^^ ^^^ ^, 

poniaenladihgenc,ade^«-¿^;^^ 



la diligencia de 

^¡¡Sdo p.e«o se ^^^1^^^^,:^^^^^^^^^ di^té 

'Que'en'pi^iU^^ue después de esponer que el 

testado, delante de vand« 

Cárcel, mandó se 

Nolascoó Nicasio 

te en libertad, 

añrmaba en- 

se encon- 



man 



fuese 



su auto de f. 5 vuelta en 
mismo señor Jefe le habia 
personas, la existencia de) preso 
contestase al seiior Jefe, que ya 
Garepa ó Tolosa, lo pusiera inmediatam 
dando así la órdén al Alcaide desde que ési 
la diligencia de f. 3 vuelta que el Nolásco Told^® ^^ ^^^^ 
traba efectivamente en la Cárcel á disposición '^ lá Cap- 
tura; y que el Juez se constituyese á la Alcaidía ;^^**'^*'^ 
cel Pública á revisar los libros del Alcaide, tbmarp^*^'^^ 
cion á éste, y á los presos á fin de averiguar si el^; 
Tolosa existía aun en la Cárcel; p®' ®*^ 

4p Que habiéndose exigido al Alcaide los lib!?^ ®^ 
cumplimiento del auto arriba indicado y en momeni*®"^^' 
que los poniá á disposición del señor Juez, entró e?** '*^^ 
Jefe PólHico y ordenó al Alcaide que no podia exhir®"^ ; - 
libros sin una orden suya, en lo que fué en el acto cíl'j.. ^ 
cido, asetitándóse la diligencia dé f. 5 vuelta en que6¿^;0. 
hechos se establecen, firmadas por el señor Jefe Polític»^*^ 

6f Que procediendo én seguida el señor Jaez á toir, 1& 
declaraciones ál Alcaide, éste se concretó á decir que na< 
sabia y que el NóIasco Tolosa no existía, ni nunca hab., 
existido en la Cárcel, no obstante haber dicho lo cóntrari 
á f. 3 vueltav 

6 p Que eisa n](i^a declaración no la fifr*-* 



ia 






- 117 — 

hasta que el señor Jefe no ae lo ordenóp según caasta da 1» 
diligencia de f. 7 vuelta fecha 12 de Noviembre suscrita por 
por el mismo Jefe, en cuyo acto puso este de manifiesto al 
Juzgado la anotación que se hallaba en el Libro del Alcai- 
de de haber entrado á la Cárcel Nic^sío Toloea el 29 de 
Setiembre, con las demás particularidades que allí se in~ 
-dican, 

7 p Que constituido el seíior Jefe en la Cárcel, en la mis- 
ma fecha 12 de Noviembre, tuvo ocasión de averiguar por 
declaración de los presos, que Tolosa no estaba aili desde 
el dia anterior, 11 de Noviembre; 

8P Que en seguida el señor Juez dictó su auto de f . 8 
vuelta y f. 9, fecha 12 de Noviembre, mandando entre otras 
cosaSj constituir en arresto al Alcaide por el término de 
seis dias^ pidiendo al señor Jefe se sirviera decretar la se- 
paración de aquel empleadu: disponiendo la inmediata 
excarcelación de Nicasio Tolosa^ y mandando que el señor 
Jefe informase sobre la causa ó causas que han motivado 
su prisión; en el mismo auto se mandó librar oficio al se- 
ñor Juez de Paz del Carmelo para que averiguase sí Nica- 
sio Tolosa se encuentra en esa sección; 

9? Que en prosecución de los propósitos manifestados 
en el auto de f.4 vuelta el señor Juez tomó las declaracio' 
nes de f. 10 y f. 11 vuelta de los señores don José M. Ra- 
món y don Nicasio Paredes?, Ayudante el primero del se- 
ñor Jefe Político, y segundo Gomisano el segundo de la 
primera Sección, de cuyas declaraciones consta, en lo 
principal, la verdad da los hechos establecidos en el auto 
de 1 4 vuelta. ' 

lo O'ie con motivo de haberse limitado el eenor Jefe 

olitico en su nota de f. 13, fecha Í2 de Noviembre, á acu- 
xc recibo á las que con la misma fecha le había pasado el 

zgado, según el auto de L 8 vuelta y f. 9, se mandó por 



— 118 — 

el auto de f. ISYuelta, fecha 13 de Noviembre, reiterar el 
oficiüj para que informase en el dia sobre la causa ó cau- 
sas qne han motivado la prisión de Nicasio Tolosa y que 
en el dia proceda también á la prisión deí Alcaide^ ponién- 
dolo inmediatamente á disposición del Juzgado, bajo aper- 
cibimiento do lo que hubiere lugar por derecho contra ol 
funcionario que no sabe ó no qniere cumplir con sus de- 
beres; 

11 Que sin ponerse la respectiva constancia de habersí* 
pasado esa nota, y con la misma fecha^ 13 de noviembre 
en que se mandaba pasar, se dictó el auto de f. 14 por e\ 
que el considerando del Juzgado coartada su acción por la 
Jefatura Política^ mandóse remitiesen las actuaciones al 
TribuTial de Justicia, haciéndole saber la renuncia indecli- 
nable que hace el señor Juez, por haberse convencido que 
su independencia, como tal Juez, no existe ante los abusos 
del Jefe Político; 

Resultando de los antecedentes últimamente remitidos 
por el señor Juez Letrado de la Colonia, 

1 ? Que al comunicársele al seaor Jefe Político el nom- 
bramiento de Alcaide interino, contestó por nota de f. 15 
que el Alcaide es un escribiente de la Jefatura y que por lo 
mismo^ al comunicársele la orden de arresto contra Le- 
guizamo, ella proveyóla vacante; 

2 p Que al recibir el Juzgado aquelía nota, dejó sin efec- 
to el nombramiento que habia hecho de Alcaide, respe- 
tando el que hizo la Jefatura en uso de ¿a& facaítades que ¡a 
práctica ¿e ha acordado] msLñáñnáo en el mismo auto de 
fecha 15 de Noviembre, que con el fin de evitar la repeti- 
ción délos hechos que se han venido sucediendo con fre- 
cuenciaj se invitase al señor Jefe Político á concurrir al 
despacho del Juzgado para confeccionar un Reglamento 
de Cárcel, en el que se establezcan las responsabilidades 



?\ 



119 



■ d«l Alcaide etc., etc. á cnya invitación contestó el señor 
I Jefe Políticopornota de fecha 14 de Noviembre, escusán" 
I dose de concurrif- porque la Jefatura tenia su reglamento 
de Cárcel, en el que estaban bien determinadas las obliga- 
ciones del Alcaide y sosteniendo á la vez rjue la facultad de 
nombrar Alcaide no se la daba la práctica^ sino la ley de 
presupuesto vigente; 

3 p Que con fecha 15 de Noviembre mientras que el se- 
ñor Juez Departamental se dirigía por telegrama al Tribu- 
nal, haciéndole saber la grave situación en que se encon- 
traba por la resistencia del señor Jefe Político á prender y 
poner a disposición del Juzgado al Alcaide Leguizamo; 
aquel funcionarioj por nota de la misma fecha, además de 
la indicada en el primer resultando precedente^ le hacia 
saber al Juzgado que las causas de la prisión de Tolosa no 
eran otras que las que revelaban Jos libros do la Alcaidía, 
que había tenido en su poder j y en cuanto al Alcaide Le- 
guizamo, que habia sido reducido á prisión á su tiempo 
-y que estaba á disposición del Juzgado^ rechazando á la 
vez el apercibimiento que se le imponía; 

4? Que con la misma fechíi 15, el Juzgado dictó un auto 
disponiendo se contestase al señor Jefe, que el apercibi- 
miento á que se referia el de 13 de Noviembre^ no se refe- 
ria á aquel funcionario, por las razones que en aquel auto 
se indican; y que á la vez se le pidiese informe si habia 
puesto en libertad á los individuos Tolosa y Caseras; 

5? Que recibida la comunicación ordenada por el pre- 
cedente auto, el señor Jefe Político la contestó por sn nota 
de fecha 16, dándose por saLisfecho con las explicaciones 
del Juzgado respecto del apercibimiento; y haciéndole sa* 
tárala vez que los individuos Tolosa y Caseras, habían 
sido puestos en libertad antes que el Juzgado lo pidiera; 



1 



Gf Quede la declaración del Alcaide Leguizamon to- 
mada por et naiámo senor Juez en 16 de Navierabre, resul- 
ta que fué detenido por orden déla Jefatura desde el 12 por 
la mañana, por cuya causa el Juzgada lo mandó poner en 
libertad el mismo día 16 . 

Considerando con relación á los hachos estahiecidos con 
referencia al espediente nüm, 64 y demás antecedentes re- 
cibidos con posterioridad : 

1? Que en cuanto ni hecho principal establecido eo el 
primer Resultando, son de estricta aplicación las doctrinas 
consignadas en el segundo Considerando relativo al expe- 
diente nóni.46; 

gp Que solo el olvido de esas doctrinas ha podido con- 
ducir á las auioridadea superiores del Departamento déla 
Colonia, en el orden Judicial y administrativo, en la situa- 
ción en que respectivamente las colocan los hechos esta- 
blecidos en los resultandos relativos en el espediente de 
que se trata: á la una, procediendo con toda la precipita- 
ción é irregularidad que revelan aquel los hechos j especial- 
mente los establecidos en los resultandos 8, 10 y 11 del es- 
pediente núm. 64 y del 16 de Noviembre que ha venido 
últimamente á poder del Tribunal; y á la otra, esto es, á la 
autoridad administrativaj procediendo de la manera inupro- 
pia y poco circunspecta que revelan los hechos estableci- 
dos en los resultandos 2, 4, 5, 6 y 9 del referido espediente : 
y en la nota del 15 de Noviembre últimamente remitida al 
Tribunal: 

Considerando en cuanto á la disidencia que existe entre 
e) Juez Departamental y el señor Jefe Político de la Colo- 
nia sobre la dependencia del Alcaide de la Cárcel : 

1 f Que mientras no se provea en los Departamentos de 
Campana de los edificios necesaries para la separación dé 



■ — lái ^ 

I l£»s encausados y sea uqo mismo el Alcaide de la Cárcel 
de! Crimen y de la de PoHcia, no puede ni uno ni otro de 
aquellos funcionarios sostener razonablednente la preLen- 
sion de superioridad absoluta sobre el Alcaide, pues este 
como encargado de la Cárcel del Crimen depende exclusi- 
vamente del Juez de quien debe recibir las instrucciones y 
órdenes respectivas, como expresamente dispone el artícu- 
lo 410 del Código de Instrucción Criminal: mientras que 
como escribiente de la Jefatura y Alcaide á la vez de la 
Cárcel de Policía, debe obedecer ai señor Jefe PoliticOj en 
cuanto se rijlacione con dichas funciones; pues ni hay in- 
compatibilidad entre estas y aquellas funciones, ni es po- 
sible tampoco confundirlas ; 

h 2p Que en consecuencia el señor Juez Letrado no debió 

^ ordenar al Alcaide la soltura de presos que no estaban 
sometidos á su jurisdicción, y que solo se encontraban en 
la Cárcel Policial, sin antes haberse hecho la reclamación 
respectiva al señor Jefe Político ; 

> 3 p Que por consecuencia, si bien este funcionario pu^ 
do ordenar al Alcaide que no obedeciera la orden de liber- 
tad á presos policiales, á que él tenia por tales, no pudo ir 
hasta el estremo de impedir, como lo hizo, que el Alcaide 
prestase la declaración ordenada por el Juzgado y mucho 
menos que exhibiera ios libros de la Alcaidía, y al hacer- 
lo, ha cometido una falta digna de la mas seria censura; ya 
porque el Juez tiene la facultad de hacer declarar como 
testigos siempre que lo juzgue conveniente para la averi- 
guación de la verdad, á cualquier habitante de la HepúbU- 
ca — ya porque en lo relativo á los libros de la Alcaidía, tie- 
ne el incuestionable derecho de examinarlos cuando le pa- 
rezca, desde que en ellos se hacen las anotaciones relativas 
á los presos que le están sometidos; derecho que por otra 



h 




— 122 — 

parte no puede negarse al Jefe, dada la circunstancia es- 
tablecida en el 1er- Considerando precedente; 

4p Que en presenciade lanegativa del Alcaide á d^ícla- 
rar y exhibir los libros de la Alcaidía y ante el perj»irio 
cometido después, el señor Juez no ha debido limitarse a 
decratar su arresto por seis dias^ como lo hizo, sino que 
debió procesarlo criminalmente con las formalidades *]e 
la ley, para imponerle el castigo á que se hubiera hecbfi 
acreedor; 

5p Que las causa- invocadas por el señor Jefe Politicu 
para justificar su proceder, relativamente á la prisión y 
conservación en la Cárcel, sin someterlos ajuicio, álos in- 
^ dividuos Caseras y Tolosa^ no son atendibles, siendo de- 
ber de la autoridad competente dictar las medidas conve- 
nientes para que en lo sucesivo no se reproduzcan hechos 
semejantes : 

Háganse saber las observaciones contenidas en este ¡m- 
Eo al señor Juez Letrado de la Colonia á quien se le devol- 
verán los espedientes reraiiidoSj trascribiéndose al Poder 
Ejecutivo, á sus efectos, por lo relativo al Sr. Jefe Políti- 
co de aquel Departamento, adjuntándosele á la vez copia* 
de las nüLas de fecha 14 y 16 de Noviembre; Desglósense 
lostele^ramas agregados y archívense con esta resolu- 
ción: Y 

Considerando en cuanto a )a renuncia del señor Juez 
Letrado Departamental ^ que los hechos preestablecidos 
no revisten carácter de gravedad que con laudable celo ha 
creído deberíais atribuir el señor Jue2, no pasando en su 
mayor parle de incidentes^ sin grande importancia; queen 
manera a!guna pueden producir el efecto de coartar la 
independencia del Juzgado, la que en todo caso se halh ria 
siempre bajo la salvaguardia de las autoridades superioi is^ 
revistiendo sin embargo dicha renuncia el carácter f^^ ¡n* 



— 123 — 

declinablej acéptase, agradecicndosele los servicios pres- 
tados en el ejercicio del cargOj comunicándosele al séoor 
Juez Departamental de la Colonia. 

Castro — Beinndaague — Va^que;^ — For- 
ieza — Ga llina i — O tero . 



1 



i 



El Tribunal Superior de Justicia asi lo mandó y firmó 
l^n Montevideo á treinta de Noviembre de mil ochocientos 
ochenta — Certifico — Juan Francisco Castro ^ Secríítario. 
^ Conforme con el originaí. 

Juan Francisco Ca^tro^ 
Secretario* 



— 126 ^ 



C^ tn 



Colonia, Octubre 1 ? de 1880. 

Señor Jefe Político del Departamento d© la Colonia: 

En virtud de una arden del Juez del Crimen he ordena- 
do se ponga en libertad al preso Máximo Jarque, y el Al- 
caide de la Cárcel se ha negado á cumplirla manifestando 
que no podía poner en libertad á ningún preso BÍn la orden 
de esa Jefatura, 

Comunicado esto al infrascrito, por el actuario, se cons- 
tituyó inmediatamente en el localMe la Policía, reiterando 
verbalmcnte al Alcaide el cumplimiento de la orden dada, 
haciendo presente á ese empleado la falta cometida. 

A pesar de ello^se negó a cumplirla manifestando lo mis- 
mo que habia dicho al Escribano. 

En esta emergencia, llamé al oficial do la custodiada 
los presos, ordenándole pusiera en libertad al Jarque. 

Después de consultar con el Mayor de esa fuerza, se me 
contestó por intermedio del Teniente don Juan Roldan 
que no podia cumplir la orden sin que esa Jefatnra lo man- 
dase. 

Ahora bien: los presos que están a disposición del Jue2 
del Crimen deben ser puestos en libertad por el Alcaide 
cuando asi se lo ordene el infrascrito. 
. Esto no admite discusión, y V, S, mismo así lo ha com* 
prendido cuando ha pocos dias puso á disposición de este 



(1) Cilíida ui el Capítulo 1, pem en <^l de letra 8. 



^ 




" — 127 — 

Juzgado al Alcaide mencioTiado para todo lo relativo ala 
I Cárcel del Crimerij desde que ese Alcaide es de la Cai'i^el 
de Policía. 

Ejercía, pues, ambas funciones, y así lo ha entendido 
también el Alcaide desde que, en virtud de aquella Círden, 
ha acatado hasta ahora lo uiandado por esie Juzgado. 

El Alcaide, pues, ha faltado^ y es nícef^ario para que no 
se repitan estas escenas, que V. S-, dj.nd j el ejemplo moral 
que antes de ahora ha dado a este Juzgado, mande que el 
dicho empleado cumpl^^í en e) dia, coa lo ordenado por el 
infrascrito ahora; y en lo sucesivo se abstenga de proceder 
de esta manera, sin perjuicio de la corrección ó aperci- 
himieiito que solicito para un empleado que nt- ha debido 
desobedecer las órdenes de quien tiene el alto honor de 
saludarle con las consideraciones á que es acreedor. 

Alberlo Pafomef/ue* 



1 



^ 



— X30 — 



V 



Colonia, Octubro 14 de 1880, 
SefiorJefe Político de este Departamento. 

Este Juzgado ha decretado hoy lalíbert d inmediata del 
preso Juan Etcheverryj y al notificarse esta resolución al 
Alcaide, ha contestado este empleado qtie Of) puede poiieC| 
en libertad al preso sin una orden de U, S. 

Há pocos dias se suscitó el rnismo incidente, y esa Jefa- 
turajacatando las observaciones de este JuzgadOjOrdenó L 
libertad del preso Máximo Jarquea, manifestando que m 
daba una contestación definitiva á la nota que entonces se! 
dirigió porque ü, S. se enconlrahaausente. 

Hoy vuelve á producirse el mismo conflicto, y el qnesui 
cribe vuelve á dirigirse á U. S* á fin de que se sirva ord 
nar al Alcaide no vuelva á incurrir en semejante falta, 
solicitando al mismo tiempo la corrección ó apercibimie 
to para el dicho empleado, que entonces también soliciti 

Antes de terminar esta nota, el que suscribe» en vsita' 
del nuevo incidente surgido, que le prueba que esa Jefatura 
no está dispuesta á ordenar al Alcaide lo que antes de aho- 
ra solicitó y ahora solicita, cree de su deber a^^regar algu- 
nas consideraciones tendentes a demostrar que, si la prác- 
líca ha podido autorÍz?ir el procedimiento seguido de diri- 
girse á U, S. para que U. S, ordene el cumplimiento de las 



M 



— 131 — 

I 

Órdenes de Jibertad^ enaanadas de este Juzgado, la razón y 
la independencia de los Poderee Públicos aconsejan lo 
contrario, 

Exhorloy ruego en uso de mis Jegítimas atribuciones 
que esa Jefatura cumpla con lo ordenado por la Ley, y si 
así no se hace, el infrascrito habrá tenido el doloroso des- 
encanto de fer prácticamente contradichas las declaracio- 
nes qne antes de ahora U. S. ha hecho. 

Reiterando, pues, las observaciones qiie entonces hi^o 
en la nota á que se ha referido, agrega ahora. 

Si los presos están á disposición de este Juzgado, él es el 

único competente para ordenar su Uberiad, y admitir que 

tenga que dirigirse á U. S. para que ordene esa libertad 

es admitir que mis resoluciones no pueden ni deben cum- 

»plirse sin el beneplácito ú orden de la Jefatura. 

El orden interno de la Cárcel podria aconsejar que el Al- 
caide no ponga en libertad á ningún preso, sin orden de 
U, S., pero no pueble ordenar que yo este obligado á diri- 
girme á U. S. para que esa libertad se haga efectiva. 

El Alcaide será el obligado por ese Reglamento á comu- 
nicar á U, S. que sel© ha notificado la orden de libertad 
del preso, si asi lo manda U. S, á su subalterno, pero no 
dice ni puede decir que yo deba notificar la orden de liber- 
tad al Jefe Político, porque éste no es el Alcaide, no es el 
Guardian de los presos. 

Esto por una parte, pues por la otra ese Reglamento que 
56 invoca está en desuso y derogado desde que se estable- 
zió el Juzgado Letrado de este Departamento. 

Y, aun cuando no lo estuviera, ese Alcaide que está 

puesto á mi disposicionj por orden verbal de U. S., según 

se convino con el que suscribe, falta á sus deberes no cuir-- 

^liendücon Inordenado. 

Así, pues, las exigencias de U. S. para con sus siibal- 



— 132 — 

ternos quedan cumplidas desde que este le comunica k 
orden de libertad, y la Ley se cumple desde que el Alcaide 
pone en libertad al preso en virtud de la orden recibida de 
este J uzgado. 

Así quedan concilladas todas las exigencias^ ni veo por 
qué ha de exigir á este Juzgado que se le dirija la no- 
ta de libertad para que U. S. ordene su cumpliraienio. 
desde que no estaría facultado en ningún caso para ne- 
garse á cumplirla. 

Si U. S. tuviera esta facultad, entonces me espj icaria 
este procedí miento j porque podria llegar el caso de usur- 
par facultades privativas de esa Jefatura- 

Pop lo tantOj si U, S. que es el Superior no podria na* 
garse ádarcupliraíento á las órdenes de libertad de loi 
preigos á disposición de este Juzgado^ ¿lo podria el subal- 
ternoí" ¿lo accesorio no seguiría á lo principal? 

Creo que estas someras observaciones bastarán pan 
que U.S. ordene al señor Alcaide cumpla con la órdei 
emanada de este Juzgado, y que en adelante se abstengf 
de observar el procedimíenio de que se ha quejado antes 
y se queja^ quien tiene el honor de saludarle t:on las con 
sideraciones á que es acreedor. 

Alberto Paiomequs. 





Colonia, Octubre 16 de 1880. 

Señor: 

I Con fecha 14 del corriente tuve el honor de dirigir á 
U, S. una nota con motivo de la resistencia del Alcaide 
de la Cárcel á cumplir la orden dictada por este Juzgado 
para que se pusiese en libertad al preso don Juan Etche- 
verry. 

Como aun no he recibido contestación ni acuso recibo 
á ella^ el Infrascrito ruega á U, S, se sirva contestarle la 

i espreíiada nota ó acusarle el correspondiente recibOj dan- 
do una preferente atención á este asunto, ya que, como lo 
supone el infrascrito, el mucho recargo de trabajo de esa 
Jefatura habrá sido la causa que ha motivado el silencio 
guardado hasta ahora. 

Necesito esto, Sr. Jefe Poli tico j para resolver inmedia- 

|ianriente sobre la libertad de don Juan Etcheverryj aunque 
sea acatando las doctrinas de esa Jefatura^ porque Be 
trata de un hombre que no ha debido permanecer un mi- 
nuto míis en la Cárcel después de tener conocimiento esa 
Jefatura de la orden de libertad pronunciada por este Juz* 
^ado, y tomar en seguida la determinación personal que 



i 



134 



corresíponda al que tiene el alto honor de saludarle con Ifta | 
consideraciones debidas. ' 



Alherio Palomeque. 



Al seíjor Jefe Político de la Colonia^ Tenifjnte Coronel doij 
Benigno P.Carámbuia. 

^ Presente. 




— ÍSSÍ — 




K 



Colonia, OcLubre de 1880. 
Kxcmo. señor : 

r 

Por las notas que remito á Y. E. se impondrá de que mi 
situación en este Juzgado, es difícil i si nía, y sobre todo em* 
barazosa la marcha regular de la justicia* 

He tratado de evitar todos los conflictos que pudieran 
producirsej como se convencerá V. E- al terminar la lectu- 
ra de la siguiente nota. 

A los pocos días de haberme recibido de este JuzgadOj 
tuve denuncia de hallarse en la Cárcel, colocado en una 
Jánla^un individuo llamado Jaime Mipambel, y habit-'ridome 
constituido en ella, me cercioré de la verdad de la denun- 
cíaj con desagrado y desencantOj porque este hecho me 
convencía del ningún respeto que los Delegados del Poder 
Ejecutivo tenian por la personalidad humana. 

Sin embargo, á fin de evitar eii lo posible un cambio de 
notaSj que son consideradas con fíT'^aencia en poblaciones 
pequeñas, como prueba de un desacuerdo entre las autori- 
dades, me constituí en la casa del señor Jefe PolíticOj a 
quien hice presente mi desagrado y descontento. 

El Delegado del Poder Ejecutivo, no haciendo más que 
cumplir con su deber, sacó de la Jaula al infeliz preso, y 
lo sometió á mi jurisdicción al día siguiente. 



"i 




— 136 — 

A los pocos días pronunció sentencia en un asunto oon- 
Ira Juan Medina, que ha ido en apelncion á esa Ciudadj al 
Juezclel Crimen, condenándolo á seh meses de prisión, y, 
al presentarme en la Cárcel el Domingo, dia que he seña- 
lado para visitar ese local, por creerlo convenientej me im- 
pongo con asombro de que el preso Juan Medina estaba 6d 
libertad. 

Averiguo el hecho, y de los libros del Alcaide resulta ^ue 
el preso habia sido puesto en libertad el 13 de Setiembre 
por orden del señor iefe PolíticOj según así me lo comuni- 
có este mismOj ycoiffeta de las notas que antes de ahora be 
dirigido á V. E, 

A fin de evitar notas, enojosas siempre, me veo con el 
dicho Delegado del Poder Ejecutivo, y consigo que ordeoc 
la prisión de JuanMedína^ quien hoy se encuentra en la 
Cárcel. 

El hecho era grave, y solo por evitar un conflicto pude 
inhibirme de pasar una nota en la que hubiera calificado 
duramente el proceder del dicho funcionario. 

Para evitar que este Juzgado se viera en el caso de es- 
tarse dirigiendo á cada momento á la Jefatura Política, se 
convino con el dicho Jefe Político en que el Alcaide queda* 
ría á mis órdenes en todo lo que se refiriese á los presos i 
mi disposición, lo que empezó á cumplirse, como lo de- 
muestran losamos seguidos durante mi permanencia aquí, 
desterrando la práctica de dirigir notas al Jefe PolíticQ 
para que los presos fueran presentados á este Juzgado. 

Esta actitud fué la observada mientras no hubo necesi- 
dad de recurrir á las notas, mas cuando ello fué necesariü 
V. E. habrá comprendidOj porque ha tenido ocasión de im- 
ponerse de ello, que he guardado todas las consideracio- 
nes debidas al representante del Poder Ejecutivo. 

Ahora bien: los conflictos se sucede^ diariamente^ como 



i 



X 




— 13: — 



I se habrá impuesto V* E^ por la nota que ha dias remití, 
I adjuntando coplas de las pasadas al sefior Ministro de Go- 
W biernCj contrastando la actitud del Delegado del Poder 
I Ejecutivo con la que para con él ha observado el que sus- 
i cribe. 

I Como se impondrá V. E*j por la copia que ahora acom* 
I pafio^ otro nuevo incidente identifico al anterior ha surgido, 
! y él reviste un carácter serio y grave que es necesario re- 

(solver inmediatamente, porque se trata de la libertad de 
un hombre. 
Mi autoridad moral está deprimida, y creo que he proce- 
' dido con arreglo á la razón en los diversos incidentes que 
( se han presentadoj pero, me ha parecido ver en la nota de 
V. E, de fecha 25 de Seiiembrej^acusando recibo á dos 
k raias de fecha 13 y 18 del mismo raes^ tan una de las cuales 
manifestaba que esperaba que V. E. aprobara mis actos^ 
que V, E. no aprueba mi actitud, y por esta razón como por 
la de convencerme que son inútiles todos los esfuerzos de 
I los ciudadanos honrados para conseguir el respeto ala 
Constitución y á las leyes, me veo en el caso de renuncia^ 
í indeclinablemente el puesto que V. E. se sirvió confiar- 
[ rae, con la satisfacción tranquila de haber cumplido con 

[mi deber. 
Al terminar solo rae resta decir que dejo el Juzgado al 
dia^ habiendo pronunciado muy próximamente cien sen- 

ttencias interlocutorias y definitivas en el término de los 
cuarenta y cinco dias que he desempeñado este Juzgado, y 
que los sueldos que puedan corresponderme^ los que aun 
no he recibido, hago donación de ellos con esta fecha, á la 
I Comisión de Instrucción Primaria de este Departamento 
' paraque los destine á la educación, tan necesaria en nues- 
I tros Departamentos de Campaüa, á donde se suele mandar 




— 138 -^ 

autoridades que no saben apreciar los beneficios de la 
ilustración y desterrar los males de la ignorancia. 

Esperando que V. E. vea en la resolución adoptada por 
el infrascrito la que le correspondía á fin de no perjudicar 
larecta Administración de Justicia, me es grato saludarle 
con la estima y consideración á que es acreedor. 

Dios guarde á V. E. mtichos aíios. 

Alherio Palomegue. 




f 



— im — 



Señor don Benigno P. Crrámbtila. 
Estimado señor: 

Acabo de hablar con el señor don Eulogio Rey Diaz, é 
impuesto de lo que ól me ha comunícadoj creo de mi deber 
desvanecer todas las dudas que puedan agitar su espíritu 
respecto á mi actitud en el incidente en que nos vemos 
comprometidos. 

Lejos de mi el pensamiento de dudar de su rectitud de 
intenciones en e\ conflicto en que nos vernos^ y, por el 
contrario, creo que usted tan convencido está de la legali- 
dad con que procede como yo Jo estoy de la mia. 

Son opiniones, y crea que yo nunca atribuyo un móvil 
apasionado á los actos de los funcionarios, sino cuando 
pruebas muy inequivocae me dan derecho para ello, lo que 
no ha sucedido en este caso ni en los que se han eus- 
citado. 

Deseando, pues, desvanecer sus dudas, le anticipo estas 
lineas á fin de que sepa que tan deseoso estoy de terminar 
estos incidentes enojosos, que hoy mismo, si sus aten- 
ciones se lo permiten^ rae veré con usted en su despacho^ 
á la una de la tarde. 



4 



— 140 — 

Sin otro motivo, y creyendo usted en la sinceridad d<* 
quien tiene el gusto de saludarlej me repito su atento v 
affmo. compatriota y 

Seguro servidor 

Alberto Palomeqae. 




~ 141 -^ 



Señor doctor don Alberto Palo meque 

Señor de mi consideración: 

Accediendo á los deseos de usted, y cumpliendo un deber 
por mi parte respecto á lo que se refiere á la cuestión de 
Alcaide debo decirle: Qtie me consta por haberlo oido de 
boca del señor Jefe Político don Benigno P, Carámbula, 
que este señor manifestó al Juzgado que el Alcaide queda- 
ba á su disposición en cuanto se relacionase con la Cárcel 
del Crimen bon absoluta independencia déla de Policía. 

En mi presencia también, en ocasión que en mi carácter 
de defensor de pobres en lo criminal hablaba con dicho Jefe 
le oí ordenar lo mismo al Alcaidej repitiendo á ese tuncio- 
nario que quedaba á disposiciun del Juzgado, solo en lo 
que á los presos de la Cárcel del Crimen se refiere. 

Siendo estola verdad, autorizo a usted para que bagad» 
esta carta el uso que crea conveniente. 

Me es grato saludar á usted atentamente* 

Eulogio Rey Días. 
Su casa l\ de Diciembre 1880, 




— Itó — 



]Vl 



Colonia, Octubre 16 de 1880. 

Habiéndose resuelto satisfactoriannente para este Juzga- 
do el incidente d& que dá cuenta la precedente nota, en la 
conferencia que el infrascrito tuvo con el seuor Jefe Polí- 
tico en la que se convino poner á disposición del Juzgado, 
sin restricción de ninguna clase, al Alcaide de la Cárcel, 
y debiendo constar en autos la fecha en que fué puesto en 
libertad el preso don Juan Etcheverry— dirijase oficio al 
señor Jefe Político á fin de que se sirva indicar la fecha en 
que fué puesto en libertad el dicho preso. 

PALOMEQIÍE. 

Ante m¡, Mariano Reqnena, 



■^ 



— 143 



TV 



Cotonía^ Novienabrí^ 18 de 1880, 

Resultando de Ifs. dectaracion prestada por e) reo Juan 
Medina^ que fué puesto en libertad por el señor Jefe Poli- 
tico, y vuelto á la Cárcel después de haber sido sentencia- 
da esta causa^ lo que dá derecho á presumir que dicha pri- 
sión fué motivada por la uota que con fecha 7 de Octubre 
se I emitió á la Jefatura, segua consta á f. 35vuekaj y sien- 
do innecesariaj por \o tanto, la declaración del señor Vi- 
llar para constatar este hecho, déjase sin efecto la cita- 
ción á dicho señor, y elévense estos autos al Superior Tri- 
bunal de Justicia á fin de que resuelva lo que corresponda 
respecto a la falta cometida por el señor Jefe Polttico. 

PALOMEÓLE. 

Ante mí; Eduardo Moreno. 



(Autoá f. 48 vuelt-idel espediente criminal seguido con- 
tra Juan Medina, por heridas á Rufina Vela^íquez.) 




144 



N 



UNA ACORDADA DEL TRIBUNAL (1) 

El Superior Tribunal dft Apelaciones ha , producido re- 
soíucion en el espediente elevado por el Juez de la Coló* 
nía en queja del Jefe Poliiico, por desconociniiento déla 
jurisdicción del Poder Judicial y atentados cometidos por 
funcionarios del Poder Ejecutivo contra la Ley* 

La Acordada del Tribunal declara, que tanto Ja auiori- 
dad Judicial como la Política han procedido en este ca§o 
la primera con prectpiiac ion é irregularidad^ y la segun- 
da de una manera impropia y poco circunE>pGCta: en su 
consecuencia se devuelven los espedientes remitidos, coa 
el auto del Tribunal, al Juez Letrado de la Coloniaj y sai 
trascribe al Poder Ejecutivo á sus efectos, por loquees 
relativo al Jefe Político del dicho Departamento. 

En cuanto á la renuncia presentada por el Juez Letrado 
el Tribunal la acepta j á pesar de que declara que los hecho? 
preestablecidos no reoisien carácter d& graoedad ni coartan 
Ja independencia del Juzgado. Agradécese los servicios etc. 




Hemos leido detenidamente los considerandos y las de- 
claraciones que se hacen en la acordada del Tribunal: 
unos y otroB se basan en las piezas de los espedientes su* 
marios levantados en la Colonia, tanto por la Autoridad 
Judicial como por el Jefe Político. 

(I) Debemos hacer constar gue «La Espflña* ha sido el úni' 
co diario qu»^ se ha ocupado de la resohieion del Tribunal* 



^ _ 145 _ 

Sti simple lectura es el mas tremendo cargo que se pue- 
de bacer contra este Gobierno y sus Delegados. 

Resulta probado: 

Que se encarcela arbitrariamente por la Policía departa- 
mental por til supuesto delito de vagancia. 

Que se mandan csios presos á las compañías de línea. 

Que se dciLenen individuos en las cárceles poHcialeSj ^^lU 
auto de Juez, mas tiempo del que marea la Ley. 

Que ñB falta al cumplimiento de la Justicia ordinarifl por 
los Delegados del Ejecutivo. 

Que se prestan falsas declaraciones. 

Que se ponen en libertad individuos sometidos it la ac- 
ción de la Justicia y á las resultancias de un sumario, por 
los agentes del Gobierno. 

Que tas gestiones de la autoridad Judiciat son inefíca- 
ces,en tal estremOj que los magistrados tienen í|ue pre- 
sentar renuncia. 

Que eí Poder Ejecutivo ha tenido eoñocimienío de estos 
hechos, pop los espedientes elevadon al respecto, y sostie- 
ne á sus delegados con manifiesta infrr^ccion de las le- 
yes y manifiesto atentado contra el Poder Judicial de la 
República, 

I Que el Poder Judicial declara queesioe hecbos no revis- 
T) carácter de gravedad alguna. 

No entraremos á censurar como sse merece la actitud del 
uperior Tribunal en esté asunto. 
Hace ya tiemfio que el publico ha tenido lugar de apre- 
ar los actos de esta corporación y si* conducta: lo qtie 
by sucedí* á nadie debe sorprender. 

n 



i 



I 



V 



— 14fi — 

Perrs conviene sostener el principio de derecho y de li 
justicia vulnerados; porque sin este principio no hay socie- 
dad posible. 

Dice Ui Constitución: | 

íí Articulo 116. Todos los jueces son responsables ante 
la Ley do la maR pequeíla agresiun contra los derechos 4 
los ciudadar^os, asi como por separarse del 6rd©n de pro- 
cedeiMjue ella establezca, n 

Este es ei derecho en \n República. 

El Juez de la Colonia ha cumplido su deber como ma- 
gistrado; el Juez de la Cglonia no ha podido consegtn' 
que se cumpla la Ley y se respete á la Justicia: y el Jübz 
déla Colonia ha renunciado. 

Eiicuantoási ha habido irregularidad ó precipitación 
en los trámites del conflicto suscitado, cosa es que no 
afecta al fondo de la cuestión sino ála forma del procedi- 
miento. 

Se elude lo principal para divagar í n lo accesorio. 

De este modo se ha bu?icido un pretesto para encubrir 
una debilidad patente: de esta manera se ha proporciona- 
do un motivo para justificar ios abusos del poder que m^ 
gobierna. 

Esta censura podemos hacerla estensi va á otros Dep?*r* 
ta me otos. 

El publico juzgará este proceso. 

La sentencia que se promulgue» ha de ser mas eficfizqüi 
la de los poderes enervados y arbitrarios que oscilan ea |j 
situación; porque ella será la sentencia de la vindicta pü 
blica. - 



Cuando no se puede cnritar con la segtiridad personal 
con la déla propiedad no se debe hablar de civilización: 1 

! 




9 



— U7 — 



sociedad entonces se convierten un pueblo de^moraliza- 
\ do y esclavo de sus fftltas, en donde pueden ocupar lugar 
^ preferente los bandírlos. 

Ua campesino de Saint-Soucí resistiendo á Federico II 
en una época en que no se conocia en Alemania la ley de 
expropiación decía « tenemos jueces en Berlin» » 
I ¿Puede decirse lo mi-¡mri en e^ta Repúbiicaí 
! Desde el momento 4^|ij3 no exii^te un poder capaz de ha- 
cer cumplir y respetar la ley el poder político es absoluto y 
despótico* Gerrtfniüs entonces el código de las leyes y ex- 
claraemos:— coiiiinúa la dicíadural 
{ En las república-^ el respeto á la ley garantiza la inde- 
pendencia del i[kdividuo: en esta República nose entiende 
ia cosa de ese modo. 
' La ínamovilidad judicial se ha creado |iaraque)os fun- 
cionarios del orden judicial no tengan mas profesión ni 
mas culto, que et ser esclavos de la ley; pero la inamovilt- 
dad según vemos, sir%'e piíra otras cosas en la He[íiiblica. 
Un verdadero espíritu democrático dice: 
Creer que puede existir democracia, independiente de la 
justicia es un ermr. 

La verdadera liberti^d es el régimen del derecho. 
(Medrados estarnos si buscamcís ei^e derecho y esa li- 
bertad en la acordada del Tribunal de Apelaciones?, 

(La España,) 



1 




— 148 — 




O 



Un vecino respetable del Cíirnielo nos ha remitido, para 
que le demos publicií^ad, lo sigtjiertte : 

« Los abajo firmados^ vecinos de la 7', Sección del De- 
partamento de !a Colonia, nato fsl Teniente Alcalde de esla 
Sección y á pedimento de don M trtin Pereyra, declara- 
mois: Que el dia veinte y seí^ del ci>rriente ea la ca- 
sa de negocio de don Manuel PerfZ y á puestas del sol 
el vigilante del orden pñblico, Na nado Mieednnio Pa- 
rias, le intimó al vecino Martín Pereyra que se retírase de 
la casa de negocio, y Martín Pereyra como su estado era 
de embriaguez le ciínie^ró que é\ no se metia con nadie, y 
éste sin atenderle mas razone??, sacó la espada y empezó 
á pegarle palos con ella, consiguiendo á palos llevarlo 
preso. No habiéndole visro armas ninguna d.^ nosotros á 
Martin Pereyra; y para los fines í^ue mas convenga á Mar- 
tin Pereyra prestamos esta declaranion en !a Laguna á 
ios treinta dias de! mes de Setiembre del año de mil ocho- 
cientos ochenta. 

A ruejgo de don Felipe Z^bala por no saber firmar y co- 
mo testigo, Leopolio Perfume— P^ ru godo don Juan Ca.s- 
tro por no saber firmar y como lesti^ío de iodo lo antedicho: 
Bernardo Tesíon—A ruego de don Reirta Indarte por no 
saber firmar lo hace: Fr^xticiftco Pérez — Jaan M. Mont -m- 
fifíoca. Teniente Alcaide de la LagLiiia. 



» 



149 



Q 



I 



SENTENCIA DEL JUEZ DE PAZ 



Vista esta causa seguida contra Martin Pereyra por es- 
cándalo. 
1 Resultando; que Pereyra en su prupia declaración dice 
que estabaembríagado y t^uedispultiba con otro, por una 
carrera, y que observaba al Guardia Civil, que por qué se 
habia de retirar si él no fallaba. 

Considerando: Que si Perejra estaba embriagado y ha- 
bía perdido en la jugada de las rlTias como lo espresó des- 
pueí? de cerrada su declaración, (Ij es una suposición Legal 
de que haya estado exasperado // y que haya faltado como 
dice el parte de f. V. 

FallOj dando porcorapurgada la falta de Martin Perey- 
ba con los dias sufridos en prisión^ reconvéngasele se abs- 
tenga de originar barullos ó escándalos^ pues será seve- 
ramentecastígado por reinciderite,y se deja sus derechas á 
Ktvo^ en cuanto á los palos que dice le díó e\ Guardia Gi- 
Fil al reducirlo á prisión. 

■teorauníquese al Jefe PoNifco para que en eT día sea pues- 
to en HSierlad el citado Pereyra y cumplida archívese. Dada 
Mrmadaen la Sala de audiencia de este Juzgado con 

(1) Rücuérdesi; que los Juccea no pueden frtlkrmQO cod ar- 
' las constancia» de aotoB. 



pglO B 




- 150 -- 



1 



testigos á falta de Escribano Púbíico en la Ciudad de la 
rntnniíi, á once de Octubre de mil ochocientos ochenta 

Ciaadtno Rijan ^ Juez de Paz, 

Testigo, Miguel Repeüo (hijo). 

Testigo, .4 nionio Pula cío. 



SENTENCIA DEI. JUEZ LETRADO 
Colonia, Octubre 20 de lS8á 

Y vistos: 

Resultando de los autos traídos ad efJ'éGtum> üidenát 
que en nueve de Octubre el individuo Martin Pereyra pres 
tótl eclaracion ante el Juez de Paz (f. de los autos agrega-í 
dos.) 

3? Que el Juez de Paz sin tomar declaración á ninguniL 
otra persona, sino al reo^ condenó al preso declarándolo 
autor del hecho que se le imputaba, fundándose para ello 
en la circunstancia de estar «embriagado el Pereyra y ho,- 
« ber perdida en la jugada de las riiías, como loespresiS^ 
" después de cerrada su declaración^^ por la que ^e^ uri^i 
HHpQsicion legal \Biá^ que h&ya estado exasperado y q^tie 
haya faltado corno lo dice el parte de f. 1. » 

S? Que el Juez de Paz acatando la orden de la JefatLnra 
Política corriente á f*, en la que se le decia que inform^i-^ 
si el detenido que está bajo su jurisdicción, Martin Per^y. 



k 



151 — 



I ra,ha sido puesto á la del -eüor Juez Letrado Departamen- 
" tíil, pone la providencia a la vuelta de esa. nota con fecha 

11 de Octubre, en la que se manda conteste á ella. 
[ 4 ^ Que el Jeftí Poiilico afirmaba en su nota fecha 10 de 
I Octubre corriente á f de estos autos, que tenia co- 
"^'tioci miento oficialmente de no haber sido puesto el preso 
a dÍ!^po!^ÍCLon de este Juzgado. 

5 "^ Que en la resolución de f. el Juez do Paz no ha man- 
dado elevar los autos^ en consulta, como Jo manda ei 
Código de Insiruccion Criminal. 

- 6*^ Que el Martin Pereyra en la declaración prestada 
ame eí^te Juzgado a f. y manifestación de f. no dice que 
haya sido sometido á Juez compéleme; sino que se le tuvo 
habita el 10 de Octubre en el piquete de lo^ ínfantesj sien- 
do recien en ese díajá las tres de la tarde, pasado á la Cár- ■ 
Cftij sin que diga una palabra de la declnracion que apare- 
ce prestada en el esfrediente traído ad ejfeciam ridendij 
con fecha nueve de Octubre. 
V considerando: 

1 ^ Que no resulta probado que Martin Pereyra haya 
prestado declaración en nueve de Octubre ante el Juez do 
PaZj pues el diez del mismo al prestar la que corre a f. na- 
da dijo al respecto, sino que, como se hace presente á y. -^;/ 
3 vuelta se ratificó en el contenido de la denuncia de «El 
Progreso». , i 

2^ Que el Juez de Paz no ha poMido condenar al Mar- 
tin Pereyra porque de su declaración no se deduce que ha- , 
ya cometido escándalo ningunOj el que por el contrario J 
niega el hecho. 

3 p Que no se encuentra en nuestro Código de Instrnc- 
ci >n Criminal ni Leyes de Partidas la suposición legal dt 



— 152 — 

que ponjíie un indívíJuo hai/a perdida en una riña st; 
exsaspeie y falte a la autoridad. 

4p Que no consta de la declaración de Martin Pereyra 
el estado íie embriaguez á que se refiere el Juez de Paz para 
conde narlcj pues el mismo veo niega es.^ hecho, aunque 
dice que había tomado vino. 

5 ? Que el Juez de Paz no ha podido condenar al ManÍD 
Pereyra por su propia confesión, cuando ella no consta de 
autos, por lo que es ilegal y arbitrario aquello de haber 
perdido en la jugada de las riuas, como lo espresó déspuex 
de cerrrda su declaración, circunstancia que no consta eo 
la dícba coufeí^iou- 

6? Que es inexacto lo afirmado por la Jefatura Poli tica 
de haber tenido conociniienio oficial en lü de Octubre de 
no haber sido puesto á disposición de este Juagado el pre- 
so Martin Pereyra,por lo que resulta del 3" y 4" ResuUandos 
y por lo que, no ha debido la dicha Jefatura poner obstáculo 
á la orden de libertad del preso, emanada de este Juzgado, 
según consta de los oficios de f. y f* 

7? Que los Jueces Letrados están facultados para lla- 
mará s| á cualquier reOj encuéntrese bajóla jurisdicción 
del Juez de Paz ó de la Jefatura Política, líenaudo las for- 
malidades legales como lo hizo el Juzgado, según consta 
á f . que dirigió el oficio respectivo á la Jefatura en la 
creencia de que el dicho preso estaba á su disposición, 
salvo que se tratara de un caso muy grave, en el que hasta 
de ese procedimiento podría prescindir. ' 

8? Que elJuez de Paz ha faltado á lo dispuesto en el 
Código de Instrucción Criminal corno se hace presente en 
el Resultando 5^. 

9 ?" Que de todos los antecedentes que el Juzgado tiene 
á la vista resulta que el Martín Pereyra no estuvo en la 
Cápcelj sino entre los infantes del Piquete de linea que se 



^ 




— 15:; — 



encontraba en esta Ciudad — que no fué sonnatido á nínguo 
Juez sino después^ de tas medidas adoptadas por este Juz- 
gado; 

Por estas consideraciones eUuzgado en usó de susatri- 
bucioneSj declara que el Juez de Paz no ha cumplido con 
la Ley en la instrucción del sumario remitido ad effecítAm 
mdendiy y, en su virtud, apercíbesele seriamente, y diríjase 
nota á la Jefatura Política trascribiendo esta resolución á 
los efecto» que haya lugar, comunicándoselo que en ade- 
lante se sirva mandar los presos á la Cárcel y no al Cuer- 
po deGuardiaj póngase constancia de esta sentencia en 
los autos traidos ad effeciam videndi, y devuélvanse es- 
coa. 



Alberto Pato meque. 



— 154 — 



Ft 



Colonia Noviembre 21 de 1880, 
Exmo Señor: 

El incidente sobre encarcelación bajo ñanza de Doña 

Margarita Montiel demostrará áV. E. que el Alcaide nohn 
queiido poner en libertada la prevenida porque habían 
pasado Us cuatro y medía de la larde^j y tener cerrada la 
Alcaidía, necesitando para ello la consulta previa del ScHor 
Jefe Político, 

Efectivajnente: Doña Margarita Montiel no fué puesta 
en libertad en el dia de ayer, y recién esta niaílana, á las 
nueve^ se cumplió lo ordenado por este Juzgado, 

La ley 13 tlt, 8 líb 2 R. C. imponia en estos casos la peoa 
de suspensión del oficio por un año, por primera vez, la 
segundLL por do , la tercera, destitucionj con los daños en 
todos lüs casos á favor de la parte, disposición que está ea 
arnionia con lo tjue estatuyen los Códigos Penales de otras 
NacioneSj á cuyas fuentes he recurrido para evidenciar 
una vez mas la falta cometida por el Alcaide, por órdeü, 
dice, del seu ►/ Jefe Pul i tico. 

En electo: el Código Penal Español, reformado, estable- 
ce en ef artículo 380 que Ja pena es de inhabilitación tem- 
poral especial en su grado máximo á inhabilitación pe 
tua especíaí y mulla de 150 á 1500 pesetas; el Código Pe 
Argentino en sus artículos 395 y 396, inciso 2.\ la de tr 



e- 

í 



■ 



I 



155 — 



seis meses de prisión; el de Bavíeraen su articulo 354 la 
de desiítQCion, ademaísdela pena ordinaria agravada, por- 
que como dice el Sr. Vattel^ comentando este artículo^ la in- 
subordinación no es más que un delito, pero para que cons- 
tituya un crimen es necBsarioque el crimen común de rebe- 
Hon se le una. 

Iguálelo semejantes dÍBpr>^LctQn63 se consignan en Jos 
Códigos Brasileros (arL 129) que llega hasta considerar- 
los prevaricadores; — Código Perunno (art, 178) Francés 
(art, 234) Napolitano (242) Boliviano (397 y 398 in fine.) 

Por estas razones he ordenado la suspensión del emplea- 
do por el término de un mes^ pei^^i muy poco severa si se 
tiene presente que el actual empleado ya faltó á este Juzga- 
do como puede verse en los auios^de Juan Medina remiti- 
dosá V.E. (1). 

Comunico este nuevo incidente para que V. E. se sirva 
volverlo que corresponda. 

Dios guarde á V. E. muchos anos. 

Alberto Paloraeque. 



Hei»»liiclitn rt'calilfi ti I Pl^ de la nota del MCilor 
Jefe I*alitl430 tieg^i^iidottc li euaipllr la anle- 
h rior urden. 



F.9Sy93. 



I Agregúese á los autos^ debiendo hacer constar el in- 
I frascripio en esta resolución cómo el señor Jefe Político 



;j) 8e negó el Jefe Político é cumplii' esta resolución. 



— ase- 
se atreve á dudar de la facultad que pueda tanec e4 
Juzgado para decretar i a suspensión del empleado, cuand%i 
há muy pocos días reconoció esta facultad^ hasta ordenar 
el arresto del mismo Alcaide y desliiuirle por orden de es- 
te Juzgado, reduciéndolo á prisión y poniéndolo á dispo- 
sición delinfra*^cripto, según con sla del sumario instruido 
para la averiguación de la causa que motivó la prisión d€ 
Nicasio Tolosa, el cual se encuentra en poder del Tribu* 
nal Superior de Justicia. 

En prueba de ello consta que el actual Alcaide no es jü 
el individuo Armando Leguísauao, destituido, sino el Car* 
los Morales que ahora figura en autos, y que antes de aho- 
ra falto á los respetos debidos al Juzgado en el espediente 
de Juan Medina, que también se encuentra en et Tribuna), 
por cuya razón se quejó este Juzgado, pidiendo su casügü, 
y habiendoofrecido el señor Jefe Político así hacerlo sia 
que basta la fecha haya cumplido, agravando el caso por 
el hecho de volverlo á colocar de Alcaide. 

Palomeque 




157 ~ 



MolA Impropia j nada clrciiiispe«(a 

Núm. 5232, 



Colon i a^ Noviembre 15 de 1880, 

Recibió el infrascripto la nota de US. en la que insiste en 
. la libertad del soldado Caseras, agregando á la vez que la 
impresión causada por la lectura de mi nota fech a tres del 
I corriente no ha podido disiparse en su memoria, (sic) La- 
mento haya tomado U. S. mi nota en un sentido que ella 
no tiene; pero no es ese el juicio que yo he p ilido h ic ir de 
U. S. tanto en este como en los demás incidentes habidos 
con esta Jefatura, Acostumbrado U. S. á una vida agitada 
y turbulenta desde sus primero!^ añoSj y creyéndome 
quizá con tendencias mezquinas, no pierde oportunidad 
para haser sentir los efectos que ni aun el líempo ha 
podido borrar la huella que dejó en su menta (sic), 
Lea mí nota con la conciencia tranquila y despojado de 
^oda animosidad hacia el poder que represento y verá que 
en ella no hay una sola palabra qne pueda afectar al ma- 
gistrado que la recibiii. A los homhres de esclarecida inte- 
ligencia^ no lei^ afecta los conceptos de una nota; tienen 



(1) Eate doeumeoloe$táR€ñflIftdo non 1h íetr» G- en ^Wm- 

k ' 



pítülo J. 
\ 





— 158 — 

medios para atacar á su adversario jf aun en la hipótesis de 
lo incierto siempre dejan en la duda á los rjue lo oyen doc- 
trinar. Es el fin que se proponen 1 1 (síc.) 

Esperar U. S. que esta Jefatura reconsiderara su re- 
solución de fecha 3, no.es posible, y tan U.S. lo creyó ei; 
el primer momento que dejó pasar días y á no ser quizi 
sugestionado por otros, no hubiera dicho una sola pala- 
bra. (1) No soy Juez, como ü. S. lo dice, pero sí ten^o el 
deber de garantir la vida y la propiedad de ios habiíante^ 
del Departamento, sugetando en lo posible álos bandido^ 
que los señores Jueces creen ínocenies. 

¿Quién es Tolosa? ¿Quién es Caseras? Dos bandidos qü^ 
aterran al vecindario donde merodean; el primero con do^ 
ce ó catorce crímenes y el segundo con cuatro ó cincí 
robos I! I 

— Si U. S. tuviera un establecimiento de campo y esoí 
dos como otros muchos le destruyeran sus intereses \ 
atentaran á su vida, á buen seguro que no seria Un beniü 
no como loes, defendiendo de oficio á individuos que ello? 
mismcs ni remotamente quieren se lea tenga por vírtuo 
sos. La pena impuesta á Caseras por insubordinación en 
su calidad de. soldado, corresponde exclusivamente al Jue. 
de quien depende (art. 457 de las ordenanzas vigentes) Ir 
siste U. S. en creer que el Escribiente Alcalde ha faltad' 
á sus deberes por no dar cuenta á q. S. de lo que pasa en 
la Cárcel. Está en un gravísimo error. El dicho emplea- 
do es dependiente esclusivo de esta Jefatura y áella dá sij 
debido cumplimiento. Si para evitar U. S. notasi y demíi- 
trabajos, di orden al Escribiente Alcaide de aceptar s*i^ 
disposiciones referentes á comparendo y libertad de U'^^ 

(n Tím reoonsidpró su resolución qnp debido á nuestra a^ 
titud, como ^ice el Tribunal, no tnvrj mHfl r^rni^dio que poTí^ 
en libertad al Caseras. 



i 




— 159 — 

presos^ se ha puesto á su dlspofficionf previo aviso á' la Je~ 
fatura^ no quiere esto decir qae depende de U. S. ese em- 
pleado, ni tenga que dar cuenta á U. S. de lo que pasa eu 
la Cárcel j ní menos de otras disposiciones cuya consigna 
no sale dio. Esto fué lo convenido con U, S- en nuestra 
entrevista á consecuencia de un incidente análogo. Cómo 
sidependiade U* S. ese Alcaide, aceptaba U. S* ¿TyiposL- 
dones por parÍ2 dé esta Jefaiaral Fr.mr vmenie no me lo 
esplico. Se siente U. S. ofendido pop que el Alcaide no 
acata sus resoluciones y agrega también que estos actos 
rebajan la moral del Juzgado. Seespüca, Da inverísíiniü- 
tud y demasiada precipilacion por parte de U. S- al dictar 
sus resol ucioneSj fuera de la órbita de sus fíicullades, en 
este caso hacen que esto suceda. Noto también en varios 
otros párrafos y en la ligereza de U. S. al hacer pública la 
nrta que contesto^ que U. S. no ha podido ó no ha querido 
conocer mi carácter. Dejando así c intestada su nota es- 
preeada, saludo al señor Juez á quien Dios guarde muchos 
años. 

Fíroiado; Benigno fK Carámbula. 



— 160 — 



AUTO RECAÍDO AL PIE DE ESTA NOTA 

NICASIO TOLOSA CRIMINAL 



No siendo digna de contestación la presente nota, pués 
biene personalizándose la discusión del asunto^ elévese al 
Superior Tribunal de Juslicia, conjuntamente con las de- 
mas actuaciones príictícadas en el dia de ayer y en la ma- 
ñana de hoy, conteniendo esta nota apreciaciones que 
probadas merecería un castigo eí que suscribe, y siendo 
deber de todo Juez no dejar la mas leve duda sobre la im- 
parcialidad de sus actos, saqúese por el Actuario testimo- 
nio de la nota y auto correspondiente para entablar la ac 
ciando calumnia contra el señor Jefe Político, ante el se- 
íiop Juez Letrado que corresponda. » 



Alberto Palomeque. 




— lül — 



EDIFICANTE NOTA 

Cülonia, Noviembre 3 de 1880. (1) 

Como sn licita V. S. en í4U nota de fecha 2 deí corrieiuti 
íjne tetígo el hüíior áñ contestar, íIiOío informal- que par 
Tinta fie ese Juzgado de fecha 10 de Agosto, se miindú po-- 
ner en libertad al preso Félix Caseras conjuut^iínente con 
Gregorio y Severino Hodriguez, ónjen que ^e cnmpi¡i> el 
mismo d ¡a, como se comunícii á V. S. en oficio de fecha 13 
del mismo mes. 

El r|ue suscribe teniendo en cuenta las rGfjeíidns entra- 
das que el citado Caceras ha tenido en la Policía de la 2'. 
sección y á su estado de vagancia no trepídú por ¿a mavaí 
de la sociedad destinarlo ala compafua del 3/ de línea <|üe 
se encontraba en esta, en la cual prestó servicio de ran- 
chero hasta el 2rj de Setiembre en que se insubordinó con 
un superior, y el que suscribe, á fin de moralizar y cortar 
lo£> abusos que pueden cometer mi^ -subordinados, dispuse 
deteni^rlo en arresto por espacio dfí dos meses por la falta 
cometida, condena que vence el ^5 del corriente. 

fi, P. ("arúmbula. 



(1) Efjte documento i^bíñ guñnludu cou U letra G. ^u *•] 
rapítulo L 



— lee — 




ra"«í% 



/tóe?; L*Hrar¡o /Je pürta mental de la Colonia, I 

Cüionia, SetiembrftlSde 1S8ÍJ, 
Henoi" Jeí'e Político, l'eníente Coronel don Benigno P. Ca- 

Eíi ia cauíiaí^ue se signe en este Juzgado Letrado co!ítr;i 
Félix Caseras, Sevi^rino y Gregorio Rodriguez,pop abigea- 
tOj en auto delOde Agosto anterior, dictado por rui ante- 
cesor doctor Roíneti, se rnandú remitir dicha cau^a al se 
ñor Juez de País del Rosario para recibir varias declaracio- 
nes, entre lasque debía prestar una el señor Snb~DeIegadí> 
de Policía de aquella S ccion, don Sinforíano Melo^ y eri 
fll ilia de hoy ha sido devuelta Ta referida causa^ de la que 
resulta que el seííor Meló se ha negado ¿prestar ia de- 
claración acordada y en en virtud he dictado el auto si- 
gnienie: «Colonia, Setiembre 13 de 1880. — Librea oficio 
Ü.1 sefior Ministro de Gobierno, Jefe Político de este ^epar- 
taineato, y Superior Tribunal de Justicia, poniendo e^ co- 
nijcimienlü la falta coiiietida por don Sinforiano MelclpL- 
di-írido al Jefe PoHtico ponga u. disposición del Juez ^l^tii 
del tiosario la fuerza necesaria para que pueda cuiiílt^ 
C'in lo ordenado por este Juzgado ii f. íi vuelta,devoí viótiJ*il 
se estos autos al dicho Juez de Paz á los efectos oon 
guiantes, y para que informe á la brevedad posible, Via^cié 
do uso del telégrafo, sí fuese necesario, respecto á í=;i ^^ 






— 163 — 



I puesto á sus órdenes 1a fuerza pública, como se manda por 
este auto — transcifibiéndose esta resolución en las notas 
que se dirijan al Superior Tribunal, Ministro de Gobierno 
y señor Jefe Político del Departamento. í> 

Loque tengo el honor de participar á V. S* para su ca- 
noei miento y efectos consiguientes. 

Alberto Palofnef)tiB'. 



Jeíktura Política y de Poiicia de la Colonia. 
( ' Colonia, Setiembre 14 de 1880. 

Señor Juez Letrado Departamental doctor don Alberto Pa- 

I lomeque. 

f Señor Juez : 

La resolución dictada por V. S. que uie ha sido comuni- 
cada en esta fecha, en la causa que se le sigue á Félix Ca- 
ceras, Severino y Gregorio Rodríguez, no es a mí juicio 
,. el temperamento adoptable» 

|i Para que esto fuera asij era preciso que eí señor Juez 
1^: Letrado antecesor se hubiera dirijido por oficio á esta Je- 
^, ¿"a tura, á fin de que ella ordenara al Sub-Deíegado del Ro- 
l^^^^^rio se presentara al Juzgasio de Paz de esa Villa a pres- 
i^ivfer una declaraciün. 

aci'l ^^ sucedió asi, dando por resultado una Tesolucíon difi- 
I ^ llde darse cumplimiento por esta Jefatura. 



164 



* Ese Comisario como todos los del DepaHaTpeato, pres- 
lan el respeto debido á las autoridades judiciales, siempre 
que estas dicten sus disposiciones con arreglo á espreso 
derecho. 

Si esto hubiera sucedido, seílor Juez, á buen seguro quií 
mi autoridad iberia auñciente para castigar á ese funciona- 
rio. 

Sin embargo, el Comisario Meló se presentara al Juzga- 
do de Paz á prestarla declaración solicitada tan pronto co- 
mo V.S indique el dia y hora en que esta deba tener 
í ligar. 

Dios cuarde á V. S. uuiohosaños. 

B, P. Carámbtda. 



CONTESTACIÓN A LA PRECEDENTE NOTA 

Juzgado Letrado Departamental de la Colonia. 

Colonia, Setiembre 15 de 1880, 

Seilor Jefe Politico, Teniente Coronel don Benigno P 
t 'a tambula. 

Se ha recibido la nota de V. S. fecha de ayer, en conté 
lacion á la que este Juzgado pasó con fecha 14^ cooqui 
candóle pusiera á disposición del Juez de Paz del Rosa 
la fuerza pública por necesitarla para el cumplimiento 
una arden emanada de este Juzgado. 



I 



r 



— um — 

T^n esa nota 9:Mnaiiifiesta por V. S. que á su juicio el 
temperamento de este Juagado no es adoptable porque ul 
señor Jaez Letrado antecesor debió di rij irse con oficio a 
esa Jefatura á fin de qu§ ella ordenarse al Sub-Delegado 
del Rosario se presentara al Juez de Paz de eí^a Villa á 
prestar una declaración, que corno no sucedió así, ha dadu 
por resultado una resolución difícil de darse cumpiiniienifí 
por esa Jefatura. 

Termina V. S. diciendo que el Sub-Delegado Meloj co- 
mo todos loa del De parta mentó j prestan el respeto debido 
á las autoridades judici ai es, siempre que estas dicten sus 
disposiciones con arreglo d espreso derecho; y que a pe- 
sar de esto, el Sub-Delegado Meló se presentará al Juzga- 
do de Paz á prestar la declaración solicitada, tan pjonto 
como el infrascripk> indique el día y hora en í]ue esta debe 
tener lugar* 

He aqui el contenido de la nota de V. S. á la ^ue tengo 
el honor de acusar recibo, aprovechando esta oportunidad 
para eniitir algunas consideraciones legales que, seguro 
estoyj han de encontrar acogida en V. S., autoridad que, 
como me complazco en reconocerlo, esui animada de los 
mejores deseos en loque respecta al adelanto material, 
moral é intelectual del Departamento. 

El tetiiperamento adoptado por este Juzgado mandando 
ponerá disposición deljuez de Faz del Rosario la fuerza 
publica necesaria para hacer cumplir una orden judicial 
dictada por mi antecesor, es arreglada á espreso de- 
recho, como arreglada a es preso derecho fué la resolu- 
ción del Juez doctor Romeu al remilir el sumario al Juez 
de Pa/ del Rosario para que lomápa declaración á varios 
vecinos, y entre ellos al Sub Delegado Meló. 

El Código de Instrucción Criminal en sus artículos 22S 
f 229 y el Código de Procedimiento Civil en su articulo 382 



1 



— 166 — 

disponen que todo individuo quecitado para que compa- 
rezca a prestar una declaración, no lo hiciere^ será iraido 
por la fuerza pública. 

Pues bien: el Sub- Delegad o Meló no cumple con lo or- 
denado por la ley, y, como él es el que tiene á su dispo- 
sición la fuerza publica, el Juez de Paz del Rosario hace 
presente que carece da los medios para hacer cumplir el 
mandato de este Juzgado. 

El temperamento adoptable entonces^ está indicado por 
la ley: venga la fuerza pública para que se obligue al que 
se rebela contra ella, á que la cumpla y^ como el rebel- 
de esquíen la tienej y el Juez Letrado carece de ella^ se 
dirige, pueSj al ejecutor de las disposiciones judiciales, al 
Jefe de la Administración local ^ poniéndole en su conoci- 
miento el hecho y mandando se ponga á disposición deJ 
Juez de Paz la fuerza necesaria para cumplir con lo& man^ 
datos de este Juzgado, * 

Este Juzgado, pues, pide al Jefe Político, en su esfera de 
acción j la fuerza pública, y desde luego la Jefatura Política 
no puede entrar á apreciar la bondad detacto emanado del 
Juzgado. 

Se cumple, porque la Ley le dice que debe prestar el 
auxilio al Juez. 

El Juez sabrá lo que tieue que hacer. 

El no puede estar esplicando el motivo de sus resolucio- 
nes á ia autoridad ejecutiva. 

V. S. pues, como creo haberlo demostrado, está en e* 
caso de hacer efectiva la resolución de este Juzgado de fe- 
cha 14^ en que pedia se pusiera á disposición del Juez de 
Paz la fuerza pública que necesitare: que é! como Juez co- 
misionado sabrá proceder é indicar al Sub-Delegado Malo, 
y cualeBquiera otro, el dia y hora en qué deba presentarse 
a declarar- 




— 16? — 

Como V, S. lo SEtbe^enla F6SolucJan que motiva e«tá rtQi« 
ee míEtidaba pasar el sumario al Juez de Paz para que cum^ 
pliera con lo ordenado. 

Anle álj pueSj como comisionado, pfíode la causa, y m 
como lo creOjV. S. y el Süb-Delegado Meló, esián aiiima- 
ilos de lo- deseos qu^ caracterizan á toda atuofidad qné 
r|uiere dar al pueblo el ejem]ilo de respeto á la Ley, el 
Juez de Paz debe ser respetado — la fuerza pública díibe 
ponerse á su disposicion^-y el Sr. Süb-Delegado Meló, 
sin esperar la requisitoria del Juzgado, espontáneamente, 
presentarse á declariír, evitando estas escenas qu-e siempre 
áEn una mala idea de nuestra índole^ de nuestras cosium- - 
bres y de nuestro adelanto. 

Reconozco que eí^a Jefatura, con convicción profunda for- 
iBadaai respecto, sostiene la opinión de que á ningan Sub- 
Delegado se le puede llamar á declarar por orden de este 
Ju2gadOj sin antes comunicarlo á V. St,yque, m así se hi- 
ciese, los Sub-Delegadus no satán obligados á concurrir al 
llamado de tos Jueces. 

Pocas, y muy pocas consideraciones me bastarán para 
destruir esta opinión, que no tiene en su apoyo mas que la 
practica viciosa de nuestros malos hábitos, que es nece*=a- 
rio ir desterrando poco á poco. 

Un Su b- Delegado 68 un ciudadano que no tiene privile- 
gios en lasociedrid. 

Porel contrario, él debe ser el eji' nplo de la virtud para 
con sus gobernados. , 

IJnSub-Delegado no está esceptuado de concurrir al lla- 
mado de loe jueces, fundado en que necesita|ia orden de su 
«uperior. 

La Ley no eita semejante escepcion. 

Lo único que dice la Ley es que determinados funciona- 
rios, y entre ellos V, S,j no están obligados á prestar sus 




— Ití8 ^ 

declaraciones ante los Juece?, sino por iiiedío de infunuerü 
(Aniclo :ííK; del Código de P. Civil y ¿33 del Código de I. 
CVimíniíl;. 

En prueba de í|ue no hay Ley que apoye la opinioir 
de esa Jefatura Política, es que V. S, no cita esa disposi- 
ción que dé á los Sub-Delegadoíí ese ess preso derecho para 
sobreponeríse á ias órdenes judiciales. 

Admitir esa sistema seriaj en muchos casos, encubrir la 
impunidad de los deiittFS. 

Reconozco el objeto <[uo se propone esa Jefatura al que- 
rer tener conocimiento de todos los actos de sus subalter- 
nos, pero se puede llegar á ese resultado sin infringir la^i 
Leyes. 

Me permitiría, en mi buen deseo por eladelantoy progre- 
so de su administración, indicar el siguiente temperamento: 
que el Sub-Delegado citado compareciera a prestar sus 
declaraciones cuanéo el Juez se lo ordenara, sin perjuicio 
de que él lo comunique á &u superior. 

De esta manera quedarían conciliadas las exíjencias 
de la Ley espresa y las rolaciones del inferior para con su 
superior. 

No ha tenido la intención este Juzgado de culpar á esa 
Jefatura, como parece entenderlo, cuando dice que «no su- 
«cedió así; dando por resultado una resolución difícil áé 
«darse cumplimiento por esta Jefaturaji. 

No! no es la Jefatura la que ha faltado; es el Sub-Dele- 
gado Meló, sí es que el Sr. Jefe Polilí^o se refiere á la re- 
solución de mí antecesor. 

Ahora si se refiere á la resolución del infrascripto no veo 
lo difícil de darse cumijUraiento por e^a Jñjaíura^ pues solo 
negando al Poder Judicial la facultad para pedir el auxilio 
déla fuerza pública y á los Jefes Políticos el deber de pres- 
tarla es que podría llegarse á ese resultado. 



^ 



— Iri.r — 

Como creo que aqaet párrafo se reflere á lo que primera- 
Itnente he insinuado, porque no puedo creer que V. y. í>e 
resista á prestar el auxilio de la fuerza pública, me absteti- 
go de entrar en mayores consideraciones. 

El infrascripto podria entrar en algunas otras considera- 
ciones y esposícion de algunos otros hechos^ para dernos- 
Irar una vez más la justicia de su resol ucion^ pero, ponina 
parte hay que tener presente que se trata de un sumario 
^que se instruye con inolívo de denuncias contra laautori- 
idadj y, por otra la misma persona deí Sr. Jefe Político, cu- 
^ya rectitud é inteligencia rae autorizan para creer que hará 
cumplir las órdenes de este Juzgado^ a quien por segunda 
i^vez me dirijo exhortándole á su cumplimiento. 

Sé que el Sr. Jefe Político es amante de la Ley — que ha 
sabido reprimir á los einplea<;los que no han cumplido con 
su deber — y, por lo mismo creo que, después de las some- 
ras observaciones que he espuesto para demostrar que no 
hay ley en que esa Jefatura pueda apoyarse, sino uuaprác^ 
tica mas ¿ menos viciosaj por la cual no está obligado á 
pairar este Juzgad o j reconocerá que la justicia y la razón 
están de parte del infrascripto, apresurándose a cumplir lo 
ordenado por mi antecesor y por quien tiene el alto honor 
de saludarle con las consideraciones á que es acreedor. 

Alberto PnlomeqtÁe. 



170 



TELEGRAMA DEL ^UEZ DE PAZ 
DEL ROSARIO 



Colonia Setiembre 18 de 1880. 



Juez de Paz. 



A Juez Ldo. Departamental. 



Rosario. 



Colonia. 



Aunque v^fíifltr^íeaotro sentido Comisario Meló declaro 
hoy, 

{j*iiciuo80 jR. Caseras 



Colonia, Setiembre 18 d^líM). 

Agregúese, y comuniqúese al señor Jefe PoJíticoTStea- 
ciéndose presente el placer que esperimenta este Juzg* ado 
al \er terminado este incidente de una manera satisfacKiJí)- 
ria para la justicia. 



Alberto Paiomeque, 



\ 



171 — 



Jejaiara Poltüca y de Policía de la Colonin. 

Tolonia, Octbre22d6 1880. 

Señor Ju(3z Letrado De par La me nial doctor doa Alberto Pa- 
lomeque. 

Es en poder del que suscribe la atenta nota de V. S. de 
fecha 21 del corríenteen la que uinnifiesta la saUsfaccion 
que ha esperi mentado al ver que el Sub-delegado Meló se 
ha presentado ante el señor Jue2 de Paz de la Villa del Ro- 
sario aprestar la declaración que motiva el cambio de no- 
tas entre V, S, y el t^ue suscribe. 

Si complacido está V. S. más lo estoy yó, al ver que mis 
subalternos notan solo cumplen estrictamente, las dispo- 
siciones de esta Jefaturaj sini!^ también con los mandatos 
d© la Ley. (1) 

Este hecho viene á corroborar una vez mas los buenos 
sentimientos que me animan á fin de que la autoridad que 
invisto preste el ccatamiento de las leyes y el respeto á 
la naagistratura. 

Dios guarde á V. 8. rnnchos anos. 

B. P. Cecrámhutn, 
II) Priro^^ro yQ después la Ley* 



— 172 



T 



^Colonia, Setiembre IH de \HW. 
Exmo Señor: 

Remito á V. E. copia de la nota pasada por la Jefaiura 
Política de este Departamento con motivo de la resolu' >íi 
adoptada por este Juzgado en el incidente de que dió cu. - 
ta á ese-Tribunal. 

En la nota contestación de este Juzgado encontrará V. S 
desarrollada la única y verdadera doctrina aplicable al ca 
so, laque, felizmente, ha triunfado, pues el Sr- Jefe Pol 
tica ordenó al Comisario Meló cumpliera con la ley, reco- 
nociendo en la conferencia que con el infrascripto iúvo 
que si bien los Sub-Delegados no puedan negarse a decb 
rarsó pretestode no haber recibido orden del Superior 
también desconocia las facultades del Juzgado para orde- 
nar se pusiera á disposición del Juez de Paz ia fuerza pu 
blica. 

Entendió el señor Jefe Político que eso no estaba aui- 
rizado por ley. 

De todos modos la copia del telegrama, í[ue acümpañ- 
demostrará á V. E. que este incidente conducido con to'ln 
la altura y dignidad que corresponde á los poderes piiUli- 
cos ha sido mas bien un torneo intelectual en el que, síti 
medios violentos, se ha obtenido el triunfo de la ley. 

Esperando que V. E. se servirá aprobar la conducta dei 
infrascripto en este incidente, me es gratoF^aludar áV. Iv 
con la consideración y respeto debidos. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Alberto Palontaqae. 



N, 



— 173 — 



r 



'Secretaria del Tribunal Superior de Apelaciones. 

Montevideo, Setiembre 25 de 1880, 
Señor ÍWBZ luetrado Departamental de la Colonia. 

Tengo el honor de acusar recibo á las notas de V, S. fe- 
cha 13 y 18 del corríentej danfio cuenta al Tribunal por la 
ultima haber cortcluido satisfatoria mente el incidente sur- 
guidü entre esíi Juzgado y el seiloi- Jefe Político del Depar- 
tamento, con motivo de negarse á prestar nna declaración 
el Comisario don Sinforiano Meio. (1) 

Dios guárale H V, S, 

Ji<afi Francisco Castro. 
SecreLirío. 



(I) Estü noía del Tribunal demuestra que cuando pronnn 
triaba su reaolueion It Ira E. sabía que este íueideute había 
tt'i'miuado, ?iu que entonces observóla uuestríi conducta. 




— 174 



u 



Oolonia!, Noviembre 5 de 188(*. (1) 

Kesultando det contesto de e^ta nota y de ta denuncia 
verbal heclia por el reo Caseras al infrascrito, (\U3 no fui* 
puaeto en libertad, hecho que se enmprueb^porla círcunt- 
tancia de^no haber contestado el señor Jeft^ Político la nota 
en que se le comunicó la libertad del preso, apesar de Uí 
afirmado ahora. 

Por esto; y en vista de la invasión de facultades á que se 
refiere esta nota, como ser la de castigar vagos, imponer 
penas por dos meses^sin previo juicio, destinar un ciudada. 
no al ejército de linea etc. etc*, remitaseal Superior Tribu- 
nal de Justicia paro que resuelvíi lo que crea conveniente, 
sin perjuicio de contestarse por este Juzgado al señor Jefe 
PolíUco lo que corresponde, de cuya nota deberá reinitir!^^ 
copia en oportunidad al Superior tribunal de Justicia. 



F^ALOMEtí^iF-:. 



(1) LéasL^ le Ira ^, documeuLo al íinül.» 



' 



175 - 



Calonia, Noviembre 10 de 1880. 
Señor; 

Él infrascrito recibió la nota, informe de V. S,, fecha 

3 del corriente, y la impresión que su lectura dejó en su 
ánimo no seba dii^ipado todavía. 

Creyó que debia retardar Ja contestacioa dando tiempo 
para que V. S. reflexionara detenidamente^ y reconocien- 
do el error que iiabia padecido se apresura á ponor en li^ 
bértad al individuo Feliz Caseras^ comunicándolo inme- 
diatamente á este Juzgado, y apercibiendo seriamente al 
Alcaide que ha faltado á sus deberes. 
Pero^ nada de esto ha sucedido. 

Ei Juzgado no ha tenido el placer de recibir una comu- 
?3Ícacion en esa forma, y entonces rompiendo el silencio 
que seria censurable en uo funcionario de la Administra- 
ción de Justicia, viene á contestar la nota de V. S. --4 fin do 
exhortarle una vez más á que se dé cumpUraieato á la or- 
den emanada de este Juzgado. 

Pocas palabras bastarían para demostrar que V. S. no 
ha podido reiener en la prisión al individuo Caseras an- 
tes, ni después de la orden de libertad reiterada por este 
Juzgado. 

V. S. carece de la facultad para castigar á los vagos. 
Aun cuando tuviera esa facultad, aun cuando fuera Juez 
competente, no pudo destinarlo á la compañía del 1*. de 
línea, porque esa no es la pena impuesta al vago. 

Tampoco pudo coartar la libertad de un hombre ,sín pre- 



— 17tJ -- 

fe 

rio juicio y sentencia^ ni destinarlo á cocinero, !^in pagar- 
le su trabaj o . 

La insuboriUnacion, si la hubOj }' debo creerla, desde 
que V. S^ lo dice, no pudo autorizar á V. S. para conver- 
tirse en Juez, pues ni Caía eras era au subordinado voíuii- 
1 ariamente, ni era soldado, y aun en este casri, si se trata- 
ba de un delito, militar cometido por un roiuntario QOíwy 
Caseras debió someterse á un consejo de guerra. 

Para todo oso, aqaí esta el Juzgado de lo Civilj Cooier- 
cial y Criminal, de cuya severidad y rectitud no creo que 
desconfie esa Jefatura Política, 

La pena de arresto por dos meses escede délas que se 
llaman de Policía y Municipalidad (articulo 19 del didigo 
de Instrucción Criminal) por lo que, aun suponiendo que 
f 'aseras hubiera cometido un delito policial ó simplemente 
administrativo, no pudo V. S. imponerle esa pena. 

Kl Alcaide ha faltado á sus deberes, he dichOj y V, S, va 
íi convencerse de ello. 

Todo individuo preso, debe ser sometido d su Juez com- 
petente denlro de veinticuatro horas, y el Alcaide que lo re- 
cibe debe cuidar de tjue asi se haga, y en caso contrano 
dar cuenta a este Juzgado, si vencido el término que se 
asigna a los deíitos policiales ó delitos leves no se hubiera 
romado declaración al prevenido. 

Así tuvo ocasión este Juzgado de ordenar se cotiauníca 
ra al Alcaide en el asunto de Martin Pereyra. 

Ahora bien: ó el Alcaide está á disposición de este Juz- 
gado, y entonces debió cumplir con la orden dictadaj desde 
que se trataba de un reo que no podía estar á disposición 
déla Policía ó delJuzgado de Paz, dado el lérmino de 
prisión trascurridOj ó no lo está^ y entonces ha hecho per- 
fectamente en desobedecerla orden del infrascripto. 

Este hecho ?e viene repitiendo con frecuencia y es nece- 



i 



— in — 



sario que una vez por todas se sepa sí el que dispone de la 
libertad de los presos es el Alcaide ó elJuzgado; si ésie es 
el subalterno ó el superior; y si esa Jefatura Política de 
quien depende el Alcí\idej conocedora de estos hechos, no 
los reprime con la severidad que se debe y acostuinbra en 
otros casos, cuando as á ella á quien directamente se le 
falta. 

Estos actos están relajando la autoridad mora! de este 
Juzgado, lo que creo no puede ser adtnitido por V. S. 

En vista de lo espuesto, y esperando que V. S. sahrá en 
este caso asumir la actitud que la ley íe indica^ como lo ha 
hecho en otros, respetando lo que está más arriba quu los 
horabres^la justicia — me es grato saludarle y aguardar 
tranquilo la nota de V. S.en ta que, reconociendo el error 
padecido ordene al Alcaide cumpla con la orden emanada 
de este Juzgadoj procediendo en lo demás como V. S. lo 
estime conveniente. 

Dios guarde á V, S, muchos anos. 

Alberto Pahmequc. 



— 178 — 



\^ 



Colonia, Octubre 4 de 1880. 

Resultando det présenle sumario que ei Sub-Delegado 
don Sinforiano Meló hs* faltado á sus deberes al dar el eoi- 
pujon corao él dice á f, 32, al menor de once anos Severí- 
no Rodrigue^í ó moquete como afirma el testigo don José 
Barrio á f. 34, hecbo que debe evitarse en lo sucesivo por 
decoro de la propia autoridad del pais. 

Diríjase oficio al seíior Jefe Político, poniéndolo en bu 
conocimiento el hecbo, á fin de que adopte las medidas ne- 
cesarias para que no se repitan estos bechos que desacre- 
ditan á la República ante el extranjero—y archívese este 
sunnario, previa agregación de la copia de la nota dirigida 
por el Juzgado j al señor Jefe Político en contestación á la 
que corre á f , :?9 y de la que se dirija como se manda por 
este aulo. 

Palomeque 

Ante mi — Afaríano Reqnena. 
Escribano Público. 




— 179 — 



íNúra. 5,017 

Colonia, Octubre 4 de 1S80, 
Seílor Juez Letrado Departamental. 

Doctor don Alberto Palomeque/ 

Señor Juez : 

■ 

Se ha recibido en esta Jefatura Política la noía de V. S* 
de esta fecha isn laque se sirve trascribir el auto dictado en 
la causa que ese Juzgado sigue á los individuos Félix Ca- 
seras y otro. 

En él se vé claramente que ei Sub-Delegado Meló ha 
pegado un empujón al menor Severino Rodríguez como 
mas adelante lo afirma el testigo Barrio y el mismo Meló 
en su declaración. 

Asi es que al acusar recibo manifiesto á V. S. que me he 
limitado á trascribir su nota al Sub-Delegado, sin per- 
juicio de la resolución que creo debe tomar el seíiop Jefe 
Político á su regreso, {!) 
I Con este motivo saludo atentamente al señor Juez á 
quien deseo que Dios guarde muchos arios. 

P. A,— /. M. Villar. 
Oficial ÍK E.del Despacho. 

(O No se adoptó ninguiiiK. 

) 



160 



AV 



E8ta nota como otras á que nos referimos mas adelante 
lian desaparecido délos eiBpedienies. 

Quizad Be eBCuentren traspapeladas en la oticina ac- 
tuarla . 



1 



~ ISl -- 



Hemos tenido el espediente en nuestro poder, y nos sor- 
prendemos de que no se encuentre este auto^ el cual existe 
porque á él ee refiere el Tribunal en su resolución letra E_ 

No nos sorprende tampoco que se hayan enaporadOj 
pues las Vistas Fiscales del doctor Vázquez Acevedo áque 
nos referimos en el úUimo Capitulo han desaparecido de 
los espedientes respectivos, los cuales hemos tenido á la 
vista há muy pocos dias. 

Creemos que se han agregado al espediente que se formó 
con motivo de la renuncia. 



— 182 — 



Número 1 

UNA NOTA OFICIAL 

( Artículo de EL Republicano ) 

El Doctor Palomeque ha publicado en El Progreso la 
nota del señor Carámbula que ha acusado ante ung de los 
Juzgados del Crimen déla Capital. 

Verdaderamente es una nota oviginalisima tanto en el 
fondo como en la forma; sobresaliendo algunos trozos de 
literatura ca¿a¿i6¿íea en que al autor le sucede no decir 
nada mas que disparates y al lector no comprender na- 
da de lo que lee. 

Y como para muestra basta un botón j ahí va un párra- 
fo de ese género de literatura: « A los hombres de escla- 
» recida inteligencia no les afecta los conceptos da una 
» nota, tienen medios para atacar á su adversario y aún en 
)» la hipótesis de lo incierto, siempre dejan en la duda á 
» los que le oyen doctrinar. Es el fin que se proponen. » 

Que lo entienda el Diablo. 

Empero, prescindiendo de la forma y aún de Jos concep- 
tos que se refieren al doctor Palo*meque y que han sido so- 
metidos á la resolución de los Jueces, no se puede dejar 
pasar en silencio el párrafo en que se ocupa de los indi- 
viduos Tolosa y Caceras que motivaron el conflicto entre 
el Juzgado Letrado y la Jefatura Política. 

Dice el señor Jefe: 

« ¿Quién es Tolosa? ¿Quién Caseras? Dos bandidos que_ 
» aterran al vecindario donde merodean; el primero condo 



<jl 



— 183 — 

« ce o catorce crímenes ij el ^^eyundo con cuatro o cinco 
>j robo&. » 

Tan grave y tan tremenda afirmación contenida en un 
rlocuraentú oficial^ tíuianado de la Jefatura Política del 
Det>artamento no puede menos qae sorprender é impresio- 
nar el ánimo del lector. 

j^Si es cieno lo que afirma el señor «Teftíj se preguntarán 
todos^ en qué época vivirnos y qutí leyesj qué autoridades 
tenemos que semejantes bandidos puedan merodear im- 
punemente aterrando al vecindario con sus crimenest 
¿Porqué el señor Jefe en lugar de tener á tales individuos 
presos en la Cárcel en calidad de vagos y de insubordina- 
dos no ha denunciado sus crímenes á [ajusticia ordinaria? 

Y si ntJ es cierto? 

Solo podemos decir que el tal Félix CaseraSj que es ve- 
cino de esta sección, está actualmente trabajando en las 
estancias, de esquilador^con la mayor tranquilidad^ que no 
merodea ni aterra á nadie y que jamás ba sido condenado 
ni por robo ni por otro delito cualquiera. 

Por el honor de la República, por el prestigio de las au- 
toridades^ semejantes notas no deberían escribirsej ni per- 
mitir que las escribiesen. 




184 — 



i 



Número 2 

Colonia, Octubre 12 de 1880. 

Habiendo este Juzgado decretado la prisión del Alcaide • 
de la Cárcel, sin que hasta ahora lo haya cumplido la Jefa- 
tura Política, permaneciendo cerrada en todo el dia de 
hoy la Alcaidía sin que el Jefe Político haya comunicado 
el nuevo nombramiento de Alcaide; 

Y no siendo decoroso que los presos que están á dispo- 
sición de este Juzgado se entiendan con los centinelas ni 
soldados para los actos judiciales encausas criminales; 

El Juez, en uso de sus facultades, nombra provisoria- 
mente encargado de la Alcaidía de la Cárcel del Crimen al 
Alguacil del Juzgado don Juan C. Paunero,interín se arre- 
gle el conflito originado. 

Comuniqúese al señor Jefe Político para que ponga á 
disposición del nombrado las llaves de la Cárcel del Cri- 
men, los libros de los presos de la misma y para que la 
guardia de la Cárcel se entienda en lo relativo a los dichos 
presos con la persona mencionada. 

Comuniqúese al Superior Tribunal de Justicia á los efec- 
tos siguientes. 

Alberto Palomeque 



\ 

\ 



^ isr. — 



Número 3 

(LETRA A) 

I Resultandio de la presente nota que el señor Jefe Políti- 
co había ya llenado la vacante en la Alcaidíaj y siendo el 
fundamento á(í\ Decreto de este Juzgado de fecha treee del 
corriente la circunstancia de no haberle aun proveído la 
vacante y haber permanecido cerrada durante todo el día 
Sábado— déjase sin efecto la resolución de este Juzgado, 
comunicándose así al Superior Tribunal de Jusliciaj al se- 
seriorJefiJ Político y notificándose al Alguacil de este Juz- 

En cuanto á la facultad que pueda tener la Jefatura Po- 
li tic. i. para nombrar el en.ipleado que debe desempeñar la 
Alcaidía^ este Juzgado no bace de ello una cuestión, porque 
sobreponiéndese á toda pasión humana, créiB y debe creer, 
que el Jefe Político inspirándose en las altas convenien- 
cias de la armonía que debe reinar entre loa Poderes Pú- 
blicos, habrá nombrado una persona digna que sepa cum- 
plir con sus deberes; — y afín de evitar la repetición de los 
hechos que se han venido sucediendo con frecuencia, inví- 
tese al señor Jefe Político para que se sirva concurrir al 
despacho del infrascripto en e! día y hora que él designe, 
para confeccionar un reglamento de Cárcel en el que se es- 
tablezca la responsabilidad del Alcaide, sus obligaciones y 
demás que fuere del casOj el cual será someiido, si fuere 
n esariOj a la aprobación de quien corresponda. 

.ctúe el Escribano don Eduardo Moreno por ausencit. 
d titular, 

pALOMfiaue;. 




— IBB — 



Número 3 

(LETRA B) 

Por recibido contéstese al señor Jefe Politíco qiie este 
Juzgado no le ha apercibido como dáá en tenderlo y porque 
si lo hubiera hecho hubiera ultrapasado sus facultades,' 
faltando al respeto debido al Delegado del Poder Ejecuti- 
vOj pues lo único que ha dicho ha sido lo siguiente: — «ba- 
» jo apercibimiento de lo que hubiere lugar por derecho 
í^ contra el funcionario que no sabe ó no quiere cumplir 
» con su deber.»— En el mismo oficio hágase preseote «I 
señor Jefe Político se sirva informar ai ha puesto en liber- 
tad á Nicacio Tolosayá Félix Caseras y actúe el Escriba- 
no don Eduardo Moreno por ausencia del titular; 



Palomeque. 



1 



187 — 



Número 4 (1) 



Señor Juüz Letrado de lo Criminal. 

Alberto Palomequej coastitüyerido domicilio legai en )a 

calle núra. . , . . ante V. S. como mejor proceda me 

présenlo esponiendo: 

HECHOS 

IS En el ejercicio de mis funciones como Juez Leíra^ 
do del Departamento de la Coloniaj ordené la libertad de 
un individuo llamado FóJix Caí^.ras. 

29 Al dictar esa orden solicité del señor Jefe Político 
informe sobre la causa ó causas que motivó la prisión del 
referido individuo. 

3^ Este funcionario informó lo que consta de la copia 
que acompaño señalada con la letra Aj en la que lisa y lla- 
namente venia sosteniendo la arbitrariedad cometida y 
manifestando ademas que no pondría en libertad al preso 
hasta el (25j veinticinco del corriente por haberlo asi de- 
cretado, 

4^^ Comprendiendo que esa nota no habriasido medita- 
da con todo el resposo que exijeuna resolución de tan gra- 
ve trascendenciajremitilajunto con los antecedentes, al 
Superior Tribunal de Justicia, reservándome dar en opor- 
tunidad la contestación legah 

5^9 Transcurrieron algunos dias, y luego contesté en 
los términos que V. S. verá en copia que acompaño bajo 
la letra B, en laque, con la altura y energía necesarias, 
sin descender á la personalidad, venia proporcionándole 
al funcionario que conculcaba la ley, el camino, ó mas bien 



(1) Véase documento letra S. 



— 188 — 

dícho^ la oportunidad para volver sobre sus pasos^ pero d ' 
una manera digna parala administración de justicia. 

6^ La resolución del Juzgado fué meditada j no preci- 
pilada como lo prueba el tiempo que transcurrió^ por I* 
que ef^ de estragarse que el señor Jefe Político diga en 1'^ 
nota que debidamente acompaño, senaiada con la letra T 
lo contrario de lo que los hechos revelan. 

7^ En ésta nota encontrará V. S. párrafos subrayado^ 
como aquel en que se habla a de bandidos que los st " ^■ 
res Jueces creen inúctj/tteSy » con lo que parece dar á t. 
tender que he absuelto á algún reo, ilegaluiente. 

8^ En esta nota se dica qu3 ■ á no ser sujestionadc 
■ por otro?, no hubiera dicho una sola palabra, * j 
V, S. como Juez, sabe que esta apreeiacionj si se probara, 
merecería ser castigado. 

Ademas en e?a nota se afirma que yo procedo tsn mi> 
actos, como Juez, con animosidadj^ — afirmación, que debe 
también probarse. 

9^ Estos son loshecbos^escusátidome esponer unasolií 
consid ración sobre lo demás de ia nata, porque no es del 
caso, V fíiítaria á mi debc?r haciéndolo^ desde que 'ante el I 
Superior Tribunal de Justicia penda la resolución princi- 
pal del asunto. 

DERECHO 

10- De los hechos espuestos se deduc*.* que el señor Jefe 
Político está obligado á probar estos hechos: 

1 ^ Que el Juez Letrado Departamental de la Colonia 
ha absuelto á bandidos, por creerlos inocenies- 

2^ Que el Juez Letrado Departamental de la Colonia 
ha procedida como lo ha hecho* en el asunto Caseras, p- 
sujesdones* 



- 189 -- 

3 9 Lft animosidad y demás hechos aseverados en la 
nota adjunta, 

11. Como todo lo espuesto es faíso, y para demostrarlo 
ahí eslán todos los espedientes en que he entendido como 
JueZj vengo iniciando la acción de calumnia contra don 
Benigno P. Carámbula á fin de que en la oportunidad de- 
bida se sirva condenarlo al pago de una multa á favor 
de la losEruccion Pública. 

PEDIMENTO 

1 9 Sírvase V. S. librar el despacho al Juez de Paz de 
la Colonia para que notifique á don Benigno P* Carámbu- 
la comparezca á estar á derecho en estos autos deutro 
del término de quince dias^ bajo apercibimiento de ser de- 
clarado rebelde y entenderse las ulterioridades del juicio 
con los Estrados del Juzgado. 

2 ^ Señalar día y hora para el juicio verbal con arreglo 
al articulo 64 del Código de Instrucción Criminal, teniendo 
presente el término del emplazamiento á que me refiero en 
el anterior Pedimento. 

Es justicia que pido jurando lo necesario en derecho. 
Ss copia. 

Alberto Palomeque. 



— 190 



Número 4 (bis) 

En los telégramaSj cuyos originales deben consarvar 
los señores doctores don Mateo Magariños Cervantes > 
Manuel Herrera y Obes, deciamos que nuestra vida estaba 
amenazada por el Jefe Político: se resistía á poner preso^ 
á nuestra disposición, al señor Alcaide: y í|ue ofrecía pn- 
hhcsLmñnís pateaduras (término textual): que se consiguie- 
ra del Gobierno una orden para que el Jefe Político no pu. 
siera obstáculo á la marcha del Juzgado, pues en vista de 
decirse que el Jefe iba á proceder á las vías de hecho 
nosotros Íbamos á cumplir con nuestro deber y era de espe- 
rarse que un conflicto desagradable se suscitara. 

El Gobierno ordenó moderación al Gefe Político, y el 
Tribunal^ sin observarnos nuestra conducta nos aconseja- 
ba /jratííRr" iVí. 



V 



- 191 



Número 5 

Esta nota no la hemos podido obtener, como tampoco 
la contestación de ia Jefatura Política en laque reivindica- 
ba Ja facultad para nombrar el Alcaide, t'scordando soÍa- 
meíite que ésta constaba de dos párrafos cortos, el ultimo 
de los cuales terminaba asi: y j^es usted el que decanta 
tanto la independencia de los poderes públicopiT 

Dios guarde á V. S. muchos años. 

Benigno /'. CarámOula. 



I 



— 192 — 



Número 6 

Colonia, Octubre 10 de 188U. 
Exmo, Beñor: 

Hé recibido lañóla de V. E. acusando recibo á las dos 
que este Juzgado tuvo el honor de dirigir eu del mes pa- 
sado, 

Hé creído de mi deber aprovechar esta oportunidad pai-a 
poner en conocimiento de V S- el rebultado de la in- 
vestigación para averiguar el grado de verdad que reveííti:^ 
Ja denuncia hecha en este Juzgado coníra el Sub-Delega 
do señor don Sinforiano Meló. 

Y digo que he creido de rai deber, porque como funcio- 
nario de laadmínistracionjé hijo de estatierra, estoy inte 
resado en que el reinado de la ley sea un hincho y nuestraí 
autoridades modelos de civismo y ejemplos de virtud para 
con nuestros conciudadanos y habitantes todos que vie- 
nen á buscar en estas playas la tranquilidad y fortuna qut^ 
no encuentran en otras. 

Quiero dejar constatada esta declaración, porque nn 
quiero que en mis actos como funcionario vea V* E, una 
hostilidad sistemática hacia todo lo que emana del Poder 
Ejecutivo- 

Se quetodos los incidentes que se producen tient. su 
origen en la ignoracia de nuestras leyes, por una par^ y 
en los resabios de nuestras costumbres que recien com n- 
zan a depurarse después de una situación calamitosa 

Es difícil, pero factible^ eostituir al imperio de las r- 



' 



— \m — 




Konas ©1 reinado de las leyes, y por <í<í> sari a mas meritorio 
('se acto sí to llevara á su realización un Gobierno como 
e! actual, y sobre todo, V. E. que como Ministro de Gabier- I 

no. ha declarado, por diversos conduclu^, que anhf^la y as- 
pira íi que ia Constitución impere y las instiliicionea libres 
desplieguen toda su energía y fuerza reproductora. 

Por eso, pues, convencido estoy que a! dirijipme a V. E. 
en nada [nenosoabo la autoridad de mi Superior el Tribu- 
iml de ApelacioueSj ni ofendo la integridad y rectitud del 
seííor Jefe Polilico, á quien por otra parte ya me he dirigi- 
do, sin 4ue haya obtenido una soIucÍoti inmediata los inci- 
dentes de quedan cuenta los documentos que uornnpti no, 
por estar ausente el dicho funcionario. 

Seguro estoy ^^fue su presencia aqui hubiera evitado esia 
nolUj y los incidentes consiguientes. 

Aparte la raz:on espuesta, me guia también la de que en- 
contrándose en esa Capital el señor Jefe Político, <i\ dani. ¡i 
V. E, las esplicaciones í|ue creyere uecei^arias y las^se^r^i- 
ridades de laeí^tiinay aprecio que lo he manife>ítnilo. 

El que suscribe deseada ver suprimidos estos abusos, y 
espera t[ue V, E. valorando con el recti> criterio que le dis- 
tingue los actos de que se hace mención, que dificultan 
tanto la acción de la justicia^ coartáadola en los actos ntás 
indipensables, se sirvírá adoptar las m ludidas que fueran 
del caso á fin de que no se repitan. 

Saludo á V. E. con las consideracionea a que es acree- 
dor. 

, A Iberio Palúmñqnr. 



U 



— lyi 



Número 7 

HVAIUA LA ViSTA 



Exuiü. f^tífi ir 



Rosario don SííifuriiuiM MqIu, lüni fecha 7 d(í .Octuhrc úlli- 
nao, hizí> coitifrarncer d su preseiiciii al 'renieiits AlcaTdr 
düfi Jijsr Klappoiuhaok y \ú iaijjusd veíiiiey cuatro hora- 
de arresiD, ii tiiulu de qm^ este fiUicíaiíat io se había hech" 
cómijlice d^ íin delitíj íie abige^ito^ por liuber e>[íedidiv un 
ceríifíf.ado dtí ventas iJe ganadas, sin la couiítaiieiíi de ^fr 
el vendedor, dueño verdadí^rode lí^ior. 

El hecho uo |medfi ser niuí5 ahuí^ivo y rurifs injuf=tííic;idu, 
¡>utíista que jio hay ley rjiuguun que acuerde juri&dicciou íi 
las autf)ridadtji5 |iulicialcsi iío Io^ cayií?i do abigeato, y mu- 
cho uienog que las faculie |iai";i a[>rt'ciar y juzgar los ac- 
tos de los runcionarios judiciales, y pura ínipuuerá ésuis^ 
penas de ninguna ciaste. 

Cree [lOr cousecuencia este Ministerio qufc! V. E-debe 
poner el hecho en cunociiuienlo del Poder Ejecuiívo, para 
que se s^irva ini^aner al Sub-Dclegudo del Rosario el r.né- 
tigo que merece "por su proceder ilegal y arbitrario. 

V. E\ no obstante, decidirá lo íjue juírgue más acerlado. 

Moniavídeo, Noviembre 22 de 188Ü. 

Al/rt'do Vaxqucí Aiuúedo, 



— 195 — 



NÚ2:ero 9 

Colonia, No%'itíml>rtí 1:^ de 1880. 

Acuito recibo á su nota de e^u fecha, referente :l N inri- 
cío Tolosiay ArmanJo Legiiizamo. 
nio^ gimrde á V. S. 

Benigno /^ Carnrnhnla. 

Hcsolvieliiii al pi«^ a^ e,i^t« iiotu 

Colonia, Noviembre Kl de 18H0. 

Reití-.pcise el oficio a] señor Jefa Poiítici. raantfeí5láiid»le 
que iiifoi-me en ei tiia sobre la causa ó causas que han mn- 
uvado la prisión del Nicacío Nolosíi y que en el día proceda 
á la prisión del Alcaide, poniéndolo inmedJaUíiienleádispoí 
sicion de este Juzgado, bajo apercibí miento de loque hu- 
biere lugar por derecho contra el funcionario que no sabe 
rt fjo quiere cumplir oen sus deberes; (1) 

[i) Deba tenBrstuTt euenlu que ya »,. !« I„b¡« «rdcoa- 
Jo p'.r'hiwces la PN3Í011 dd ilf;aid« y solieilad.i lo» informes 
• f<» que C'ontfHtftbation untieusermbo V. 



— 196 — 



• Número 9 

Habiendo perjurado el Alcaide D. Armando Leguizaraíj 
^ faltado á los respetos debidos al Juzgado, retirándose 
en el acto de la declaración, — librese oficio al señor Jefe 
Político para que proceda á constituir en arresto al dícb'^ 
empleado, por e! termino ue sei=ídias, haciéndole preseni^^ 
al mismo tiempo ^e sirva decretar su separíicíon del pues- 
to que desempeña por no merecer confianza un empleaílr 
que procedede la manera como \q ha hecho el Alcaide (li3 
sin perjuicio diríjase nota al sefior Jefe Pol.ítíco para que 
ponga en libertad inmediatamente al que él llama Nicasio 
Tolosa, desde que consta de autos que este individuos^ 
encontraba preso hasta ayer, informando al mismo tiempo 
sobre ía causa ó cansas que han motivado su prisión— li- 
brase oficio al Juez de Paz del Carmelo para que averigua 
si Nicasio Tolosa se encuentra en esa sección. 

Palomeque, 



(1) Eííte Altjaidt: ó uomuíliu del Grcfo Polftíco acaba den- 
nombmdo Tt^nieute de una Ihimada Compañía UrbanOj ó m< 
jor dií'ho <*ompílfíírt EhctoraL ^ 






— 107 — 



Coloniaj Noviembre 11 de 1880. 

Ks en poder del que suscribe la nota de V. S. de fecha 
de ayer en la que solicita saber la causa á eausas que mo- 
tivaron la prisión del individuo Nolasco Tolosa. 

En contestación debo decir á V. S* que desde que me 
encuentro al frente de esta Jeftilura Política no ka entrado 
ningún preso del nombre que V. S. indica. 

pios guarde á V. S. 



Benigno P. Carámbida^ 



I 



ReKíolOeftaii reenldii al pié ele c«tt« »otii 

Colonia, Noviembre 12 de 1880. 

Apesar de ser inexacto lo afirmado por el señor Jefe Polí- 
tico en esta nota^ pues delante del Alcaide don Armando 
Leguizamo, del ayudante del mismo Jefe, don José M. Ra- 
món^ el Señor Jefe Político confesó al infrascripto el día do- 
mingo pasado, después de haber hecho la visita de Cárcel, 
que retenia preso al tal Noiasco Tolosa, el coa! como es 
püblicoynotorioj se llama también Nicacio íiarefa, cir- 
cunstancia que, por otra parte, no desvirtúa loshechos^ des- 
de que es efectivamente cierto que el preso aludido está en 
la Cárcel de^de há mas de un raes, sin haber sido some- 
tido á pu Juez competente; 

Por iodo lo espuesto contéstese al señor Jefe Político 
que ya sea Noiasco Tolosa ó Nicacio Garefa ó Nicacio To- 
losa, lo ponga inmediatamente en libertad^ dando asi la ór- 



— 1Ü8 -- 

den al Alcaide, desde que oste añrroa en la diligencia de 
f, íi vuelta que el Nolasco Tolosa se encuentra efecliva- 
nienle en la Cárcel >i d i ü posición de ía Jefatura Poli tica, lo 
que viene u düín j-trur cuan iíiOKai^Lü e^ lo espuesto en 
ía precedente nota. Y constituyase el Juzgado, en el dra, a 
la Alcaldía, a fin do revisar los libros y lornur decíaracií>ii 
al Alcaide, tronío asi mismo á la Cárcel publica para exu- 
minar á los presos respecto á la existencia del Nolasco T»:'- 
losa y cerciorarse el Juzgado si existe en la Cárcel el in- 
dividuo preso. 

Notifique se n don José María Hnraon "comparezca en ^.\ 
iVm.H \a^ dos de la tarde, a prestar íeclaracion. 

Pcflomeg ue 



199 



Número 10 

iifulíira soh.i fiigiiMilu üoíiftíiirmp- Hl me servir-nie eKT.iniu- 
lo en íns íai't^nfí e^c-lnips íjel [iiáxirno jiño; el me hace 
coTi]prend(ír t.ninbiiín (\ur f^i hnv 5^e premian lo^ críría^^ ade- 
latitijí^ij que tan di rícela ni <íii te rae ¡iitL-rcBaii, ]»rotniiulníi 9^e~ 
mu tíiañana mi?! biiGnaí^ íiccinnes; cuando por mi edad ['iie- 
ilacoadyiivará la fclieicínd de la patria. 

].n cíniinnte ^jus ho pnHfiendn por el digno educacionísí- 
^ ÍA don JmS(- F'edro Varoh^ í^jue eu gloria esti'O se vierte en 
niiB^ilro corazones j Im, dt^ producir rnaft larde benéfico fm- 
ín liíiciendo de nf>^vf^[ro=í loboriopiíjs y honradoR ciudndatios. 
Víinda! digno ajuístol de la educación, tu marGriii rindid 
tributo á la inoxomíjle ley de la naturaleza, pero f^'i tu espí- 
Htn vaga en la«í regionc=í celestes, y agí cotno lasfuíibra del 
divino maestro, ^e aparec¡i>.i lo=i ap(>=ítoles, asi aparece lu 
eíípíntii ñ nuestra vista dcpcorriendo el tonebposo veto de 
la ignorancia. 

Voy á concluir» [lero antéi^, en n i ubre de lui^ condiscl- 
puloftj debo [nanife-^tar el rnas proí .ndo a^radecíinientn al 
Dr. D. Alberto Pal o meque, por ¡^n gen erOi^u donativo u be- 
neficio di- la íufíirucciou pública ^iel Departainenio. - 
Doctor Palonieque: 
Nos habéis dado pruebas de laboriosidad, inteligencia y 
honradez, virtudes que desgraciadamente rara vez se en" 
cuentran rnndidas en un hombre» pero también haboi*! que- 



— 200 — 

rido deniostrarnoSj qtje poseéis en alio grado la virtud deí 
desiíitertí^ y el amor á la educación. 

Que pruebas püdeiuüS daros de nuestro agradecí rnientn! 
la seguridad que el recuerdo de vuestra permaaencia entre 
nosotros vivirá eternamente an nuestro corazón. 

Doctor Palomeque: vuestro generoso desprcndiniiento 
encierra una elocuente lección taoral, que yo comprendo, 
y que delie de servir h nuestro digno Preceptor para que 
con su aplicacLou tnnne ni bien el corazón desús discípulo^^ 

He dicho. 



fldemaro Riverón. 



r^ 



— m\ — 



Número 11 

Seíioras, y seuoreSj niñas y niiíos : 

Una corriente simpática nos atra« y nos seduce. 

Somos antiguos amigos, aun cuando recien nos veamos. 

Recordad cómo leyendo iiu libróos trasportáis á regio- 
nes desconocidas y entabláis intima amistad con personas 
que han terminado su peregrinación en esta tierra; cómo 
os alegráis con sus trasportes de dicha y sufris con los do- 
lores que acibararon su ex.íí;tencia, y entonces compronde- 
reis como ese goce inefable y esa pasión doíorosa pueden 
trasmitirse á través del tiempo y la distancia. 

tlsa simpatía universal qui* une a las almrts bien nací- 
dasdurará mientras la idea del bien existía en la lierm, y 
<;omoella es eterna^ tendremos que siempre veremos á los 
hombres reunidos en sociedad, dispuestos d ayudarse raú- 
tuameiite contra las asechanzas de sus enemigos, 

Pero, ¿quiénes pueden ser nuestros enemigosíf diréis, 
quizá, vosotras, tiernas ninas que recien nacéis á la vida. 

Coma. es posible concebir que á nuestra edad haya un 
sóp que nos quiera mal y trate de perjudicarnos^ 

Noaotrasj que todavía nos arrullamos al calor de los bra- 
zos maternales; que no hemos desplegado los labios sino 
pariL elevar nuestra plegaria á Dios, honrar á nuestros 
padres y maestros, ¿á quiénes hemos podido ofender, pa- 
ra que se nos ataque, y se nos quiera inclinar hacia el ca- 
mino del vicio? 

¿Quien es ese enemigo que hace el mal por placi^r, que 
me venga de la ofensa que i^o coinetim-js! quién es ese ene- 
migo invÍBÍbleT 



-2De 



Lo hftb0Íí5 dichíK — ^ Cfte ñiiomigo invi^ihle pr: la ig^nn- 
raiicia. 

Sil es necesarin qur comprendáis que esta e?^ vtie^lrn 
enemigo tenaz, la que o- perfíigiie desde la cyna, y que 
nunca serán basL^nte Iob í^gfucrzof^ hechos por voííotm^ 
mismas para tíñsterrarJo de vuestro espiritn. 

¿Porqué e!?e afán, esc- deseo voIuMnente de vuestroa pa- 
dres en mandaros a la escuelíi.y porqnti la ostentación su" 
lenine que liacíí la Oomisíion de c=;e acl^i de la distribnciuTi 
de premiosí 

¿Porque ambos reconücen que os nec^safio estiinuiaríjs 
á fin de que cump):\is, ma^ larde, cnm vueslro-? deberes, tn 
la í^ocíedad. 

Paradeinostmr alj^uno de los boneficiosque pr^Jiluce h 
©K(^uela en la ni Ha que, presiirrjjsa concorre al ^iUon con el 
amoral estudio en su corazón, basta recordaros nlgu- 
no de los actos de vuestra vjda infantil. 

En este locnlj vo^oli-as, iiin?is, os confundís sin distin- 
ción de clase ni de nobleza. 

La nina deí jornalero se sienta al lado de la del ríco co- 
merciante; k del pobre industrial junto á la del iaieligente 
hacGnd:i lr¡; la del íunrionai ío conversa en iuLísna relación 
con ía i! i la pobre viuda, víctima de nuestras inl^slinas 
lucbar; la familia rica y la pobre, la orguUosa y la humil- 
de, todns se corfunden al pisar el umbral de la escuela, 
por que sobre torios se cierne el espíritu de la tlemocracia, 
único jusio^ úoíco verdadero. 

En ese tr/ i Iníiaio, en íjsa fajiiiliaridad esquisiia de la 
escuela, y;i aprendéis á ditr lecciones de humildad y 
mansedumbrcj sosteniendo con todo orgullo lo único que 
nunca debéis ajar vuestra dignidad. 

Es así corno vosotras empezáis por respetaros A vosoirAs 



— 203 -- 

mi'íinRfSj regla de conducta invariable para sabe> respetar 

¡á loedemas. 
Establecéis voí^otras mismas, pero solo purn vosotras^ 
ctjmo prueba de prudencia, respeto y circunspeceiort^ la 
difeiniicia que os sopara de la^ demás en mp ¡ule* tus de tfi^ 
rea por la hondíid de carácter, líi bí^lloza de vuestros si^iiti- 
I mientos, ia grandeza de vdestra ulraa. 

SiTi ípie oscuncerteisj sin que os reunáis^ ya sabéis qtiien 
merece el |>reniio de hoiior por su apücacíon, conducía r^* 
ititeligeiicia. 

E so 1 .V otras muchas cosas, os ensaíja esa viÜa íntima 
íJe la escuela, y mañana, cuando '^^^niiías os convirtáis en 
señoritas, al colocaros el vestida i^ií cola, adornaros con 
las joyas que se van trasmiliendo de vnadre ii hija, ttm (pue- 
ricias y tan honradas, modificadas, quizaren la forma, por 
el guio de la moda, usa reina caprichosa tila que ranlo 
tj^ibulo pagáis; ataviada vuestra cabellera con flores puras 
como vuestras almas, para presentaros en sociedad, por 
priuicra vez, [jara llevaros al primer baile, únies de entrar 
;il cual vuestro seno as palpitará con esa veliemencia que 
el temor infunde cuando se traiade lo desconocido, y vüeí=- 
tra madre dé el últioio ósculo a la niña y el primero á la 
niujcrj en el cual encierra todas sus bcndicione^j todaí^ 
sus aspiraciones^ todos sus temores jjor un futuro desco- 
nocido,— cuando llegue ese inomentOj ya lleváis el apren- 
dizaje de la escuelaj ese mundo pequeño en el que aju^en- h 
disttiis á conocer los sentñnientos de los dernas. 

Allí vais ii ti*opezar con escollos^ pero vuestros conoci- 
mientos lüs salvará. 

Allí donde una niiia ignorante, sin enseñanza moral, per- 
dería todo su valor y caeria postrada ante los halagos de 
\eL sociedad, se hiergue altiva y noble la que en la escue- 
ta supo aprovechar las lecciones prácticas de la ciencia 



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204 — 



Allí, con su mirada candorosa y sur contestaciones sen- 
satas impondrá respeto, y los que quiza fueron dispuesto- 
á encontrar un momento de distracción pasagera, con su 
conversación, quedarán cautivados y resueltos á n<i incur- 
rir en el en-or padecido. 

Esc es el momento en que vais á desplegar vuestro ta- 
lento ayudado de vuestras gracias. 

Recién entonces vais á llenar de alegría al corazón de 
vuestros padres y vuestras amigas, y deesa lucharen la 
diariamente, con vuestradiscrecion, iréis conociendo en mu- 
yor escala los males de la pe [|ueij a sociedad de la escuela, 
si salis victoriosas, lo deberéis a la instrucción y educación 
que recibisteis en la escueUj y por daros la cual vucsiroi 
padres y maestros 8e afanaron tanto. , 

Pero, hay un acto mas serio en vuestrsr vida- 
Llegara un momento en que los sentimienlos d&\ amofi 
se despierten en vuestros corazones. 

Momento difícil en la vida ! * 

.Asi como os separasteis de los brazos de la madre, pai 
¡rala Escuelíij y de esta para entrar en la sociedad, de* 
jando siempre pedazos de vuestros corazones en esos cana^ 
bios bruscos de vuestras costumbres, tenéis ahora qw 
abandonar vuestro hogar, vuestros padres^ vuestras B.tnh. 
gas y hasta vuestros goces inocentes.. 

Eli esta época de la vida ¡cuan necesario os es todo ld| 

' que habréis aprendido en la escuela y fuera de ella, conU 

lectura de librosútíles y moralesl 

Vais íi decidir de vuestro destino y quizá, algunas ve' 
hasta del de vuestra familia. 

En ese momento la niña sensata, circunspecta, ;j 
amante del honor de sus padres, tiene un deber pa, cd 
una amiga íntima, cariñosa, qtie tiune derecho a r tjci 



i 



V'- 



— 205 — 

_ ^ . 

par de €us alegrías y de sus penas, de sus inefables goces 
y de sus punzantes dolores — la madre ! 

A ella acudid, y en su seno castísituOj en las purezas de 
su amür, en la fruición de su carino, en la heroicidad del 
sacrificio maternal, vais á encontrar el consuelo queanhe 
lais, fortalecido por vuestra ilustración y la satisfacción 
del deber cumplido. 

Solo las nifia!^ de carácter frivolo^ amantes de los place- 
res r|ue no dejan nada útil al espíritu , se alejnrán de las 
madres porf|ue solo callas s'ferán las que en la Escaeia tu- 
vieron siempre su cabeza y su corazón cerrados a todas laí^ 
manifestaciones de lacitmcia y de los sentimientos nobles 
y generosos. 

Después vais á continuar vuestra peregrinación* 

ah ! cuando con los cabellos cubiertos de ca 

ñas, sin venir acijm panadas de vn estros padres, que ya ha- 
brán fallecido, pero fuertes en vuestra virtud, porque la 
habréis sometido á prueba en la lucha de la vida^ vengüis 
á la Escuela á sentaros en el lugar que hoy ocupan vues- 
tpas,ma3res, con el seno palpitante, á presenciar lo mis- 
mo que ellas presencian hoy, á miraros en vuestro espe- 
jOj — en vuestros hijos, —y a vuestra imaginación se repre- 
sente el mundo pequeño de la Escuela^ el recuerdo de los 
que os dieron el ser, este acto, vueslro primer premio, el 
ósculo de vuestra madre, cuando bella y pudoroso le entre- 
gasteisel laurel déla victoria, erj el hogar; vuestra primer 
baile,— cuando todo esto os suceda, entonces sabréis apre- 
ciar lo que es la educación y loque cuesta vencer á ese nie- 
dor gusano de la ignorancia, porque entonces recien ten- 
dréis adquirido el derecho para decir: 

Somos dignas del amor de nuestros [/adres, de nuestros 
hijos, y de los que nos dieron educación ! 



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— 206 — 

Y voROtros, niños ! ¿ qup mistión es la que debéis rle^^om- 
lnMlareri vtio.Rtra patria? 

Viiesira misión es tan sagrada como la He las niñas i 

El císpírjuí HemocráticD que ^e refieja en la escuela ílel»e 
¡iresidir vuestros actos. 

ííuiñruloiíH porél, mañaiifXj cuando abandoneÍB las ban- 
ca^ sabréis elegirá los ciudadanos que deben regir los 
destinos del pais. 

A laucbas pruebas se sanieter:i vuestra dígnidarí de 
ciudadanos. 

Contíim piareis, muchas veces, el cuadro dolorosu i^uti bi 
nnarrjuia y o) desr^rden producen, y entonces si analizáis la^ 
causas, os convenciereis que todocs proiluriode la ignoran- 
cia y de la falta de elevación de ideas. 

FA caracreres esencial al ciu^iadann. No lo nlvídeis» 

Fürjnadlo desde la Escuela, imponiéndoos un inodelí>. 
ya sea Washingíon, Franklin^ Mann^ Adolfo Alsina. 

Os citaría alguuos nombres de loa que han figurado en 
nuestra patria, pero, para na recordapos mas que uno 
ahi (íAVí el del doctor don Saturnino Alv:irez que, pobre* 
prefirió vivir en la oscuridad del bogar á aceptar el 
puesto de mieinbro del Superíar Tt-ibunnl de Justicia, 
ofrecido en una época en que el capricho de un bombre s.3 
sobreponía á la Constitución j á las leyes. 

Asi como la níua ha adquirido el derecho á decir: soy 
digna del apr^ciode mis padres, cuando ha sabido formar 
hijas á semejanza de los que ledieron fd ser, vosotras ha- 
bréis adquirido el verdadero título de ciudadanos cuando 
en el ejercicio de los deberes que os impone la calidad de 
tales hayáis sabido arrostrar con dignidad, y sin hacer alar- 
des, la palabra airada de los tiranos que se os hayan que- 
rido imponer con la fuerza. 



1, 

- ^¡07 — 



I Cuiííida asi lo hayáis bocho, no iinaj^ sino cuantas veces 
I fuei^e necesario^ [j.rr|Uü ia taroa debe ser constante, recién 
f entonees habréis adr|uíriiio el Utirecho al respeto ds vues- 
tros cunciudadanosí, y á exclamar, en inümeiit<>s eií rjue, 
vuesím e-^píritu se sepmre de vae^tm cuerpo, y reposéis 
viiestivi cí>büZíi eti la almohada, caiisadríí* de las fatigaií dt* 
V la vida. 

i Muero satisfecho, pr^r |uc dojo uit no .ibre íntachablt^ it 

* Dlis híjüíí. 

« La virtud no es una [íalabra vana, porque traa eila sí^ 
*« diatiiígucM ios rayo< <]et sol dp la innifirtaÜdad. ^* " 

A¿ bar U i Pn lf\ nieq [ir? . ^ 






— 212 



Los bandidos Caseras y Tolopía ,,«... 82 

¡Poruña dianal . . . . . 85 

La prensa Departamental y el doctor don Alfre- 
do Vazqiiez.y Acevado . 90 

Apéndice. * ftT 



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